Justicia
La mente humana no es capaz de asimilar o entender todo lo que no sea terrenal, es decir que, si como humanos descubriéramos o adquiriéramos el conocimiento de la reencarnación y las vidas pasadas, probablemente entender los planos y el cómo se desarrolla nuestra existencia sería un poco más fácil.
Sin embargo, todo tiene su contradicción y quizás nuestro cerebro no logre entender de golpe esas conductas con las que debemos lidiar cada vez que reencarnamos. En una vida podemos ser las personas más humildes y honestas que puedan existir en el mundo, pero, en el siguiente plano bien podemos ser unos malditos asesinos en serie y eso, definitivamente no es algo que podamos controlar.
En otro punto estoy yo, porque siempre hay alguien que debe meter la pata o alterar el orden de los factores y no, en esta historia no hay producto.
Específicamente a donde quiero llegar, es ese en que nos sentamos a analizar como fue que intentando evitar que mi cuerpo fuese usado sin mi consentimiento terrenal, terminé consumiendo el alma de la chica que recibiría mi corazón.
Le quité la vida a alguien, la posibilidad de disfrutar más cumpleaños, de poder dar un abrazo, de disfrutar a sus eres queridos y no fue intencional, o por lo menos mi juicio no fue quien decidió tomar esa alma. Siendo sincera solo recuerdo haberme llenado de rabia, pero tanta, al punto de llegar a perder totalmente el control de mis actos y raciocinio.
No recuerdo mucho de cómo sucedió, simplemente pasó y ese momento puedo describirlo como un corrientazo, pero no uno suave como el que podemos recibir de un aparato o un cable, estoy hablando de un rayo. Algo que te penetra abruptamente desde la cabeza hasta los pies, y es irónico sentir tanto cuando mi cuerpo y mi alma estaban separadas, por lo cual, supuse que mi alma aún no se había desprendido de mi cuerpo totalmente y por eso deambulaba sin rumbo por el hospital.
En esta oportunidad lo cuanto de esta manera porque no se si hice lo correcto, al salir del quirófano me topé con una mujer de unos, cálculo yo, cuarenta años. La contextura y su rostro no son tan importantes de mencionar, porque al encontrarla llorando desconsoladamente detrás de la puerta del quirófano, supe que era la madre de la chica cuya alma robé.
La madre lloraba tan desconsoladamente que podría incluso jurar que me arrepentí de lo que había hecho. No podía lidiar con los gritos de la señora porque, aunque le gritara al cielo tantas veces preguntándole a Dios el por qué le arrebató a su niña, la asesina estaba a su lado y ni siquiera era visible ante sus ojos.
Por alguna extraña razón me apiadé de esa pobre mujer, porque simplemente no pude dejar de pensar en que mi madre hubiera reaccionado de la misma manera si en aquella explosión hubiese muerto yo.
Luego de lo que fueron siete interminables horas, le entregaron las cenizas del cuerpo de su hija, y me encontraba tan sensible y enfocada en la señora que no supe que hicieron con mi cuerpo.
Estuve detrás de esa mujer, escuchándola llorar y todo lo que balbuceaba entre llanto y gritos, lo admitiré, llegó al punto de preocuparme puesto que no paraba de decir: "Ya no tengo quien me cuide, moriré ahora que no estás. Él me matará".
Miré determinadamente cómo se bajaba del taxi, arrastrando los pies y con la cabeza gacha. Por un instante se detuvo frente al portica de la casa, como dudando si entrar fuese una mala idea, sin embargo, respiró profundo y se adentró; No pasó mucho tiempo cuando yo también me encontraba dentro.
Tiró las llaves en el suelo y se dejó caer con la pequeña caja de madera. Rompió nuevamente en llanto, pero esta vez golpeándose el pecho y agarrándose el cabello con fuerza.
—Así que murió. —Escuché una voz masculina desde la sala de estar. Podía visualizar la silueta de un hombre corpulento sentado con las piernas estiradas en un sofá individual justo en frente de mí, pero la oscuridad en el lugar no me permitía detallarle el rostro.
La mujer levantó la cabeza llena de pánico y se arrastró de espaldas aferrándose a la puerta. El hombre se puso de pie y caminó hacia ella precavido y con una risita contenida.
—¡Aléjate! —Gritó eufórica. —¡Vete!
El hombre se inclinó en frente de ella tomándole el mentón y levantando nuevamente su cara, me encontraba observando todo y podría decir que esas dos miradas fijas se apuñalaron en ese momento.
—No tienes ningún tipo de derecho a sentirte mal por la muerte de tu hija. —Susurró el hombre con su rostro muy cerca del de ella.
¿Cómo dijo este hijo de puta?
Por mucho que intentara no podía hacer nada, mucho menos interponerme entre ellos, pero tampoco podía dejar de pensar en mi madre al verla y eso me carcomía.
—¡Era mi hija! ¡Yo la di a luz! ¡La traje a este mundo! —Le gritaba la mujer con la voz hecha un hilo. —Era mi tesoro. —Sollozó.
Se me quebró el corazón.
—¿Y dónde está? ¿Muerta? —Cuestionó el hombre son soberbia. —Eso no sirve de nada.
—Hicimos un trato, te entregaría a mi hija si me dejabas en paz. —Respondió ella aferrándose más a la puerta.
Me petrifiqué repitiendo en mi mente lo que la mujer había articulado, una y otra vez lo repetí en mi mente hasta entender. Di un paso hacia atrás sin dejar de mirarlos, literalmente estaba en shock.
—Y la mataste. — Le respondió este. —¿Qué clase de madre es capaz de entregarle su hija a un desconocido?
—¡Solo la tocarías y me dejarías en paz! —Gritó nuevamente con fuerza. —¡Ahora vete de aquí!
—La violé tanto como pude ¿pero tú? —Juzgó. —Tú la mataste sabiendo que estaba enferma y entregándomela como forma de pago. —Soltó haciendo un sonidito irritante con la boca. —No tienes derecho a llorar como lo haces.
El hombre amplió su sonrisa y la tomó de ambas muñecas poniéndola de pie, ella utilizó toda su fuerza para aferrarse al suelo, pero él de igual forma la arrastraba por la sala ahogando sus gritos.
Yo seguía petrificada, no podía creerlo.
Él se la llevó al sofá y empezó a desvestirla mientras ella pataleaba y lo rasguñaba con fuerza. ¿Qué podía hacer yo? ¿Como podía juzgar en base a una madre que perdió a su hija y a la vez una mujer que la vendió y permitió que la violaran? El tipo incluso siendo un violador parece tener un poco más de empatía que esa loca.
Escuché más gritos de desesperación y los gruñidos del hombre, la estaba violando ¿y yo? Solo miraba, ya no entendía que hacia ahí. Estaba iracunda, rabiosa, tenía muchísimas ganas de matarlos a ambos, pero no podía.
Sin embargo, como hace unas horas atrás esa rabia crecía en mi más de lo que pudiese controlar, tanto, al punto de dar unos cuantos pasos hacia ellos hasta estar al frente. La miré con determinación y detenimiento, quizás era una madre, pero también era una desgraciada que debía pagar por lo que había hecho. Así que solo hice lo que mi intuición rogó, y puse mi mano sobre la espalda del hombre sintiendo nuevamente aquel rayo del quirófano donde se encontraba su hija.
El cuerpo del hombre cayó por inercia sobre el de ella, inconsciente, sin aliento y sin vida. Su alma ahora me pertenecía y ella tendría que pagar en vida toda la mierda que hizo.
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Neophyte
ParanormalCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
