Valoramos la vida cuando estamos a punto de perderla. Cuando ya somos ancianos o vemos a nuestros abuelos pensamos en el poco tiempo que nos queda en la tierra y es entonces cuando queremos hacer algo al respecto, sin embargo, casi nunca cumplimos ese algo.
Mirar por la ventanilla en el transporte público siempre era algo que me fascinaba, era mi tiempo de reflexión, de entender muchas cosas, de conversar conmigo misma, pero, luego de un tiempo para acá el único pensamiento que ocupaba mi mente era el mismo: Estoy muerta.
Morí.
Reencarné en otro cuerpo, en otra dimensión, en otro mar de posibilidades recordando absolutamente todas mis vidas pasadas antes de ser Mila Crain. Tuve tantos nombres, tantos aspectos, tantos problemas y tantos amores que ahora por muy estúpido y contradictorio que fuese, le creía a Malec.
Todo de lo que él hablaba y no entendía era cierto, no sabía como pero todo estaba en mi mente ahora, todo tenía sentido, había una historia, habían miles y miles de respuestas a preguntas que ni sabía cómo hacer. Los cuerpos que robé, las luces de los hospitales, cada una de mis muertes, siempre reencarnaba en el cuerpo de alguna mujer que no me correspondía. Al yo tomar esos cuerpos esas almas desaparecían, se extinguían, yo las consumía.
En los días que llevaba en este plano, en esta tierra, solía escuchar voces en mi cabeza y no eran mías, pertenecían a esas almas que había consumido al igual que las figuras en la oscuridad. No era difícil de entender, se trataba de una especie de masa Play-Doh, un pedacito era completamente capaz de ser cualquier cosa, pero ese pedacito casi siempre buscaba más y más masa para hacerse más grande, más moldeable, más difícil de desprender. Podías tener masas de varios colores pero si las únicas, nunca más podías volver a separarlas, quizás esperabas una especie de arcoíris al unirlas pero yo vendría siendo más el color marrón del resultado real, exactamente así.
Yo era lo que Malec describió como una bola de fuego, que al tomar lo que estuviese en medio del camino solo se volvía más y más poderosa, grande y mortal... pero la descripción de la masita Play-Doh es un poco más humana.
No entendía por qué mi alma principal parecía ser independiente de mi cuerpo, como si mi esencia y mi cuerpo fuesen dos personas diferentes peleándose entre un mismo cascarón.
Los estigmas se habían trasladado a este cuerpo. Tenía lunares en la frente, cuyo propósito era recordarme que en mi vida pasada una corona de espinas había adornado mi cabeza, también tenía lunares en el centro de las palmas de mis manos, en mi vida anterior a esa desarrollé el poder sobre el fuego, por lo menos en ese extraño sueño, esas marcas en mis manos eran los agujeros de clavos que condenaban. Todo encajaba perfectamente, y eso ya no me aterraba, de hecho, morir, ser condenada o un monstruo ya no me preocupaba.
—¡Dios! Estos transportes públicos de mierda, una termina manoseada no importa cómo se acomode. —Exclamó una mujer mayor entre la aglomeración de personas dentro de un metropolitano. —Si quieres agarrarme el trasero, por lo menos ten la decencia de agarrármelo bien, no así ¡duro! agárramelo bien cabrón, sé un hombre. —Le dijo a un señor parado detrás de ella, el cual, intentaba alejársele con evidente terror en su semblante.
Sonreí desde mi asiento al ver a la mujer caminar entre las personas recostándole las nalgas a los hombres entre el pasillo para finalmente quedar a dos personas lejos de mí. La mujer sacó su celular del bolso y empezó a teclear muerta de la risa.
La pequeña pantalla frente a mi avisó la siguiente parada y el metropolitano lentamente se fue deteniendo. Un mar de personas empezó a bajar del vehículo, entre esos la mujer con ínfulas de reina, los dos chicos y yo.
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Neophyte
ParanormalCreer en la delgada línea que separa el mundo humano del incorpóreo resultaba algo imposible para Mila Crain, y aún más llegar a pensar que ese nombre y ese cuerpo pudieran en algún momento no pertenecerle. Luego de una serie de sucesos fuera de cu...
