22. Nacer, crecer, morir

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Tras siete días encerrada entre paredes de madera podrida y mohosa, el aprendizaje que había obtenido respecto a mi posición —Y aún me cuesta mucho decirlo— mi posición demoniaca había sido en su totalidad certero y justo.

A decir verdad, muchas de las incógnitas que en meses pasados se hicieron presentes habían sido resueltas por Samedi, quien gracias a su apadrinamiento conseguí mejorar los poderes que ahora poseo y no gracias al callado y poco expresivo de Malec, quien en los últimos días había estado ausente.

La historia de cómo nací es una de las mejores que alguna vez he escuchado pero que sea el mismo Samedi quien me las cuente, me emociona e intriga al mismo tiempo, o sea ¿Cómo es eso que nací al mismo tiempo que Malec e indirectamente del mismo padre? ¿Y por qué eso no nos hacía hermanos en su mundo pero en la tierra si?

Y en otro contexto, debo decir que al principio tenía conocimiento ajeno sobre quien era Samedi, ese hombre de piel oscura con una sonrisa contagiosa era para mí un ser a quien Malec ayudaba por compasión... Hasta que me di cuenta de que Malec no tiene compasión ni misericordia por nadie ¿Entonces quién era realmente? Estuve agradecida con tener respuestas esta vez, adquirí y mermé mucha información que me hizo encajar varias piezas de un rompecabezas alusivo en mi cabeza.

Samedi en realidad es un Loa, específicamente de los muertos por eso Malec vio prudente traerme con él. Su representación en si es un esqueleto, y entonces entendí por qué la primera vez que lo vi tenía la cara pintada de blanco, no era pintura, era arena de hueso.

Este hombre tan peculiar se destaca mucho por la obscenidad y sin duda alguna también con el libertinaje, sin mencionar que también su afición por ron de penca y el tabaco es algo muy característico de él y eso lo pude observar en estos pocos días, sin embargo, de sus peculiaridades más importantes debo resaltar que es una criatura buena.

Constantemente Samedi va y viene, lo único que no he podido descifrar es si su visibilidad es solo conmigo o con el mundo en general, porque si es solo conmigo eso explica porque la gente me ha mirado con el ceño fruncido cada que entro y salgo de este lugar.

Según escuché a un guía turístico que pasaba con una fila de extranjeros por el frente de la vieja casa, Samedi es un alma de resurrección, por eso su proximidad a la muerte es tan profunda y también es llamado para sanar aquellos que se le es permitido, incluso a los que más cerca están de la muerte ya que solo el barón del cementerio —Que es como se le conoce popularmente entre nativos— tiene la posibilidad de apadrinar un alma hacia la ciudad de los huesos o mejor conocida como, si, Nueva Orleans.

Creo que lo más impactante hasta ahora ha sido el hecho de que pude jurar que las criaturas como Malec y Samedi no tenían la posibilidad de amar o tener de alguna forma sentimientos o afecto hacia otros, pero descubrí qué Samedi está casado con una mujer cuya aura se siente en esa vieja casa con mucha fuerza, específicamente una bruja, cuyo retrato me observa cada vez que camino entre pasillo y pasillo.

Es muy devoto a su mujer, no la menciona seguido pero es muy obvio el tipo de rendición que tiene hacia ella y es algo que hasta el sol de hoy me mantiene perpleja. Está muerta o está oculta, pero su presencia se siente demasiado y aunque al igual que él, sea un poco atemorizante, no pienso negar la omnipotencia que he sentido desde que supe quién era esa mujer.

—¿Que estás haciendo, mi niña? —La voz de Samedi me toma desprevenida en medio de un intento por aprender sobre herbolaria. —¿Arrancaste flores de mi jardín? —Comenta con ironía, puesto que todo lo que intenta crecer en esta tierra se seca al instante.

—He conseguido los libros de herbolaria de su mujer. —Admito con un poco de pena al tomar lo que no me pertenece. —Intento saciar... ya sabe. —Agacho la cabeza.

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