39. Regalo de Graduación

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Pero, a cambio sólo le frote su sexo, quería enloquecerla un poco más, ella abrió las piernas y entonces me introduje con rudeza, ella enterró sus manos en mi espalda y comencé a moverme rápidamente mientras me comía sus pechos alternadamente, ella bajó hasta mis nalgas y me las apretó, pidiendo que me introdujera más profundo, se escuchaba el sonido de nuestros cuerpos al chocar, los intensos gemidos de ambas y seguí moviéndome sin parar, de pronto un grito de ella inundó la habitación cuando llegó al orgasmo, a mí me faltaba aún, así que me apoyé con las manos sobre la cama para hacer los últimos movimientos casi salvajes y terminé.

Me acosté a su lado sin decir nada, tratando de recobrar el ritmo normal de mi pulso y mi respiración, aún estaba jadeando y cuando estuve controlada me levanté para quitarme el condón y tirarlo a la basura.

– ¿Quién te dio mi número? – pregunté intrigada, una belleza así no hubiera pasado desapercibida por mí, si estuviera en la universidad.
– Otro integrante del club.
– ¿Del club?
– exclamé más intrigada, pertenecía a un par en la universidad, pero no encontraba quien pudiera conocerla.
– Demasiadas preguntas, bien sabes que eso quebranta las reglas – respondió y me abrazó por atrás, acariciando mi abdomen.
– ¿Reglas? – dije extrañada.
– Espero que traigas otro condón y que aún tengas energías – fue su respuesta y se puso frente a mí para volver a besarme.

Ahora ella tomó el control y me tiró sobre la cama, después fue y tomó mi pantalón, buscó en los bolsillos y encontró con rapidez lo que estaba buscando y sonrió. Se acercó a mí y se tumbó sobre mi cuerpo, me besó y mordió mis labios mientras su mano subía y bajaba por mi pene que respondió a sus caricias. Se sentó a horcajadas sobre mí y sacó el contenido de la envoltura, me lo puso deslizando sus dedos y una vez que terminó, lo tomó con su mano y lo llevó hasta su centro para introducírselo. Comenzó a subir y bajar y mis manos se aferraron a su cintura para ayudarla en sus movimientos, se acariciaba sus pechos y tiraba de sus pezones, aumentó la velocidad y yo también buscando desesperadamente el objetivo hasta que lo logramos, nuevamente ella primero e instantes después yo. Se bajó luego de unos segundos, cogió su ropa y se vistió sin decir palabra alguna.

– ¿Volveré a verte?, no me has dicho tu nombre – dije desde la cama.
– Creo que eres nueva en esto, quizá vuelva a llamarte, gracias por el momento – respondió y salió de la habitación dejándome con mil preguntas en mi cabeza.

A la mañana siguiente estaba cerrando la última caja cuando sonó mi teléfono, era David, así que de inmediato le contesté.
– Hola, ¿cómo estás? – saludé mientras me sentaba en la cama.
– Muy bien, ¿y tú?
– Bien, aquí ya preparando todo para mandarlo a casa.
– Al fin terminamos la carrera, por cierto, ¿te gustó tu regalo de graduación?
– preguntó con su característica sonrisa.
– ¿Qué regalo? – exclamé mirando a todos lados a ver si había algo que no fuera mío.
– El de anoche... la chica – respondió volviendo a reírse.
– Ah, ¿con que tú fuiste el que le dio mi teléfono?, claro, no podría haber sido alguien más, por supuesto que me gustó amigo, la chica era un bombón.
– Bienvenida al club.
– ¿Club?, ¿de qué narices estás hablando?
– dije desconcertada y su respuesta fue una carcajada que no supe cómo interpretar.
– Resulta amiga mía que hace cinco meses fui invitado a pertenecer a un exclusivo y secreto club de sexo, de gente de nuestro nivel social y uf, es la gloria, así que conociendo tu historial de la universidad, eres la candidata perfecta para pertenecer a él – explicó David.
– Pero, ¿cómo te atreves a meterme sin consultarme primero?
– Vamos Nati, no te vas a hacer la santurrona conmigo que te conozco bien, ¿me vas a decir acaso que no disfrutaste la experiencia de anoche?, tú misma dijiste que la chica era un bombón, así que no te hagas la ofendida.
– Es que tan siquiera me hubieras avisado, ahora comprendo varias cosas, ¿qué es eso de las reglas?
– Ah, es que el club se rige por tres rigurosas reglas que no hay que romper, tú sabes se trata de mantener esto en secreto, no tienes idea de quienes pertenecen a él, por eso te digo que es la gloria, a muchos no les conviene que salga a la luz pública. Las reglas son simples: uno: no nombres, dos: no preguntas personales, tres: no lazos afectivos, así que, como verás, se trata única y exclusivamente de gozar de un buen sexo sin ningún tipo de compromisos, así como nos gusta a ti y a mí.
– Sexo entre desconocidos, ¿ah?
– Así es mi amigo, de lo más excitante, aunque puede que te encuentres con alguna chica famosa, pero tú pretende que no la conoces, ese es el juego, yo tengo mi regla personal, no más de tres revolcones con la misma, eso crea lazos y sería romper una de las reglas, te vas a divertir, ya lo verás.
– ¿Y a ti quien te invitó?
– Un amigo, por cierto, casi lo olvido, existe una cuarta regla: no repartir los teléfonos indiscriminadamente y menos a desconocidos, te digo que es exclusivo, puedes pedir más teléfonos o proporcionar otros, como yo lo hice en tu caso, pero siempre y cuando sea gente de nuestro nivel social y que sea sumamente discreta.
– ¿Y si no quiero pertenecer?
– Venga ya Nati, en primer lugar, ya estás dentro, en segundo, sé muy bien que no podrás resistirte, así que recuerda muy bien las reglas y si por algún motivo te encuentras en la calle con alguna de las chicas, recuerda, tú no la conoces y olvida volver a citarla, la cosa es que no se sepa nada de la vida personal.
– Pues hoy vuelvo a Seattle.
– Por eso no hay problema, en un momento te mando el teléfono de una preciosa chica que vive allá, el club es nacional, así que donde quiera que te encuentres podrás conseguir a alguien, así que tú diviértete, Nati, como lo hemos hecho.

– Bueno, pues te dejo, ya vinieron a recoger mis cosas.
– Vale, seguimos en contacto, nos vemos.

Desconocidas - Albalia (G!p +18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora