Capítulo 8: Llorarás, sufrirás, pero los astros seguirán su curso.

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"...Puedes llorar, puedes gritar, puedes arrodillarte pidiendo por piedad, sin embargo el resto del mundo no te oirá, todo seguirá igual. Depende de ti cambiar las cosas. Solo de ti..."

viernes 4:00 a.m.

Lourdes despertó bruscamente con un fuerte dolor en su cabeza. Su garganta estaba inflamada y rasposa, y su pijama verde bañado en sudor. Supuso que otra de las fastidiosas enfermedades había entrado en su cuerpo. Se sentía débil como para pararse e ir a buscar sus medicamentos al pequeño baño por lo que decidió llamar a su madre.

-¡Mamá!- Vociferó a todo pulmón, su voz sonaba áspera y rasposa, más de lo común y un dolor punzante vino luego del grito. Lourdes trató de tragar un poco de saliva para alivianar su dolor, pero no se fue. Seguía punzante allí.

Gabriela apareció a los segundos en el cuarto, vistiendo una bata violeta claro cubriendo su cuerpo del frío y su rostro oculto en crema anti-arrugas. Al ver el estado en que se encontraban las prendas de su hija, colocó una mano en su lechosa frente para tomar su temperatura.

-Dios santo Lourdes, estás volando en fiebre- Espetó mientras se dirigía ágilmente al pequeño baño situado en el cuarto de la ojiverde y regresaba con los medicamentos de los cuales le hizo tomar cuatro dosis.

-Llenaré la bañera con agua fría para bajar tu temperatura-

Lourdes solo se limitó a asentir. Observó detenidamente cada movimiento que daba su madre. El rostro de Gabriela estaba sumido en una notable preocupación y la culpa se coló en el cuerpo de la castaña a medida que observaba a la cansada mujer que la había traído al mundo.

Durante esos dieciséis años, Gabriela se había dedicado fielmente a cuidar a su enferma hija. Siempre parecía agotada y la castaña poco a poco la empezaba a comprender. Tener que trabajar duro todos los días para poder cuidar de una hija  que estaba casi siempre enferma era algo muy duro, y ella lo comprendió. De pronto ya no sintió tanto rencor hacia ella, se puso en su lugar y la entendía, todos esos años los había dedicado exclusivamente a ella sin darse algún momento o respiro para ella misma. Comprendía el porqué de sus acciones cuando ella era más pequeña.

Lourdes bajó su vista lentamente y mordió con fuerza su labio inferior, que sin darse cuenta comenzó a sangrar a los instantes.

-Lourdes, no hagas eso cariño, te estás lastimando. La bañera está llena, puedes entrar-

Gabriela habló con cariño mezclado con el cansancio en su voz.

Lourdes asintió suavemente y se movió a paso lento hacía el cuarto de baño. Gabriela se quedó en el cuarto cambiando las sábanas empapadas en sudor y le habló desde allí.

-Creo que es mejor que hoy tampoco vayas a clases cariño, cuando amanezca llamaré a tu rectora avisándole de tu estado-

Lourdes no contestó, no tenía fuerza, ni voz para hacerlo. Quería decirle que iba a ir de todos modos, tenía que disculparse con Ariana por lo de la noche anterior, se había comportado muy mal con ella. Pero sabía que su madre se negaría de todos modos, así que decidió que era en vano contrariarla.

Luego de un rápido baño, se colocó una cómoda camisa blanca de algodón, y otro par de pantalones pijamas color lila. Salió lentamente del baño y su madre ya no estaba en el cuarto, pero una pequeña bandeja con una taza de té reposaba sobre la cama.

Lourdes tomó a "Raviol" y se escabulló nuevamente en el blando colchón soltando un pesado suspiro. Eran apenas las 4:30 y aún no amanecía en la pequeña Ezeiza. La ciudad estaba a oscuras, iluminada solamente por unas cuantas estrellas y la luz lunar. Lourdes sonrió ligeramente al notar que no había señales de tormentosas nubes por ninguna parte, hoy sería un estupendo día soleado.

Our star | martuli G¡P (adaptación) | [Terminada]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora