"Algo debió de suceder, el tiempo que pasó no apago el sentimiento, y cuando volviste a aparecer sentía que latía el lado izquierdo de mi pecho...yo te amo, yo te quiero, como una estrella que nunca se apagó en mí..."- Mi estrella - Restart
El cielo de Ezeiza comenzaba a amanecer lentamente brindando diferentes gamas de colores. Martina se desperezó ruidosamente, lista para comenzar una nueva jornada en la rutina.
-¡Martina! Dice mamá que te apures o llegarás tarde a la escuela- La chillona vocecilla de su hermana menor habló, haciéndole soltar un pesado suspiro. Se colocó su gorro gris, unos pantalones negros y un sweater azul claro.
-¡Martina, que te despiertes!- Habló nuevamente.
Martina abrió bruscamente la puerta pasando de su hermana, para dirigirse al cuarto de baño a hacer sus necesidades. Quería mucho a la pequeña Rebecca, por supuesto que sí, pero incontables veces ella llegaba a ser tan fastidiosa que a Martina le daban ganas de abandonarla en el medio del campo. Al ser la menor, era la consentida de la casa, su cuarto se componía en múltiples cajas con barbies de diferentes profesiones. El color rosa reinaba en aquella habitación, y aunque muchos pensaran que probablemente Martina estaría celosa de la atención que la pequeña recibía, no era así. La rubia sentía algo de pena por la pequeña Rebecca, a pesar de tener diez años era completamente dependiente de sus padres, actuaba como toda una bebé, y estaba muy segura de que sufriría muchísimo ni bien comience con sus estudios secundarios.
Martina salió de la casa sin despedirse como era costumbre, y al instante de hacerlo el frasco aire chocó contra su rostro, otoño estaba en su máxima plenitud, regalándoles sus más melancólicos paisajes.
Pasó por la casa de su peliazul amiga, quién la esperaba bajo un viejo roble y la saludó con un movimiento de manos en cuanto la vio.
Charlaron de cosas banales y "de lo muy perfecta que era Brisa" por parte de Angie y luego de unas cuantas bufadas de la rubia, llegaron al colegio.
No es que Martina estuviera ansiosa por ver a la castaña, pero estaba ansiosa y moría por verla.
Para desilusión suya, su asiento estaba vacío. El semblante de Martina cambio rotundamente al notarlo y su rostro no puedo esbozar una sonrisa durante todo el día, aunque Angie intentara levantar su ánimo con comentarios y chistes ridículos, sus intentos fracasaban.
Escuchar el nombre de la castaña provenir de la voz de Ariana, le hizo prestar atención. La ojinegra y la pelinegra se encontraban a unas tres mesas de distancia de la suya, por lo que Martina tuvo que afinar su sentido auditivo para oír bien.
-Me dijo su madre que no se encuentra muy bien, está decaída, la iré a visitar luego de clases ¿Quieres venir conmigo Brisa?- Cuestionó la pelinegra y la ojinegra asintió con una gran sonrisa en su rostro.
Lourdes estaba enferma. Ya era algo de costumbre para la clase ver el asiento de la ojiverde la mayoría del tiempo vació, sus enfermedades no le daban respiro.
El timbre del receso sonó y Martina decidió acompañar a Angie hasta la cafetería por un par de jugos, necesitaba sacar a la castaña de sus pensamientos aunque sea por unos minutos.
~
Lourdes rodaba por la cama aburrida y desganada con "Raviol" entre sus brazos. Esto de estar enferma la mayor parte del tiempo era enserio algo detestable, no solo por el hecho de que debía tomar pastillas cada siete horas, si no porque debía mantener reposo absoluto y eso era jodidamente aburrida si no tenías televisión en tu cuarto. El mazo de cartas que su madre le había traído hace unas horas reposaba en soledad sobre la pequeña mesa de luz. Las cartas no eran divertidas si no tenías alguien con quién hacer una buena partida, el juego del Solitario no era para Lourdes, se sentía una completa idiota jugando a ese juego.
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Our star | martuli G¡P (adaptación) | [Terminada]
Fanfiction"6 billones de almas en la tierra, y coincidir..."
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