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Lo primero que sintió apenas se despertó fue el aire fresco de la mañana directo en su cara, por lo que enseguida supo que algo no estaba bien. Ella nunca dejaba la ventana abierta, asegurarse de que la ventana y la puerta estuviesen trabadas era prácticamente la rutina antes de irse a dormir y recordaba muy bien haberlo hecho la noche anterior.

Metió la mano debajo de su almohada donde guardaba una navaja, pues nunca se era demasiado precavida, y abrió los ojos sin moverse.

Sin embargo, al ver quién estaba sentada en la mesa de lo más tranquila, soltó un suspiro.

—Mi casa es tu casa —murmuró, malhumorada.

—Dijiste que podía venir cuando quisiera —refutó su amiga.

Natasha rodó los ojos, desperezándose. Se enderezó y refregó sus ojos para despabilarse.

—Sí, pero la próxima vez intenta llamar a la puerta. No puedes simplemente irrumpir a la casa de alguien que está siendo amenazada de muerte, ¿sabes?

—Eres una exagerada —replicó la adolescente.

—Y tú eres una perra.

—De verdad tienes un humor horrible cuando recién te levantas —se quejó, sonriendo divertida—. Vete a bañar, te prepararé café.

Natasha se vio un poco menos molesta ante eso, así que se levantó y caminó hacia el pequeño baño de su departamento para ducharse.

Podría decir que la ducha era igual de horrible que el resto del departamento, pero aquello sería una mentira. Era lo único decente de aquel lugar, y el agua salía muy caliente, tal y como le gustaba.

Al salir del baño, bañada y vestida, observó que su amiga no había preparado el café. En su lugar, estaba aún sentada sobre la mesa, con la cabeza media recostada sobre esta. Al enderezarse, Natasha pudo ver un resto de polvo blanco sobre la madera.

—No quiero esa mierda en mi casa, Nadia —espetó.

La chica se sobresaltó y se levantó de la silla rápidamente. Natasha soltó una risa al ver a su amiga caer al suelo, pero enseguida se sintió culpable y se acercó para ayudarla.

La castaña intentó resistirse, pero Natasha logró manejarla para volver a sentarla en la silla. La apoyó contra la pared para que no se caiga y se dirigió hacia el área de la cocina.

Su departamento no era muy grande. Casi la mitad de él estaba ocupado por su cama y un mueble destartalado donde guardaba su ropa, a unos dos metros de distancia tenía una mesa y dos sillas, pegadas a la ventana, luego estaba la cocina, con una mesada pequeña, una heladera también pequeña y unas alacenas donde guardaba sus pocos platos y vasos, aunque nunca comía en su casa. Por último, estaba el baño, muy pequeño pero suficiente para ella. Lo único que agradecía era tener agua caliente y una cama. Ya pensaría en conseguir un lugar mejor cuando no tuviera gente intentando matarla.

BLACK WIDOW (Chicago P.D)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora