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Natasha se aferró a la remera de Halstead, oyendo las balas atravesar la pared y caer al suelo.

—¿Estás bien? —preguntó el detective. La muchacha cerró sus párpados y asintió—. Saldremos de aquí.

—Recuerda tu promesa —murmuró en su oído, asegurándose de que Antonio no la oyera.

Halstead no respondió.

Natasha no iba a mentir, estaba asustada. Parte de ella aún no era consciente del peligro en el que estaba hasta ese día, cuando la puerta de su departamento fue derribada.

Antonio se asomó para disparar, pero fue en vano. Los rusos estaban muy bien preparados, mientras que ellos apenas estaban armados. Disparó las balas que le quedaban en el cargador y se levantó para esconderse con Jay y Natasha. El rubio se levantó de encima de la muchacha, quedando los tres ocultos por la misma cama.

—¿Están heridos? —preguntó. Jay negó y ambos miraron a Natasha.

La muchacha se abrió la campera que el detective Halstead le había dado para mostrar su herida. Parecía que se había abierto al caer de la cama.

—Si alguno tiene una idea que la comparta ahora con el grupo —dijo la muchacha.

Jay y Antonio se miraron, sin decir nada. Natasha soltó un gemido lastimero y miró la habitación, buscando una salida. Cuando sus ojos chocaron con la mochila que estaba en la mesa de luz, una idea le cruzó por la mente. Era arriesgada, y muy probablemente no iba a funcionar, pero era mejor morir intentando defenderse que morir sin hacer nada.

Se inclinó por encima del rubio y agarró la mochila. Dos balas pasaron por encima de su cabeza, aturdiéndola, pero volvió a su lugar a salvo.

Sacó un cuchillo y la botella de alcohol etílico. Utilizó el cuchillo para hacerle un agujero en la tapa de plástico y se la dio a Antonio para que la sostenga. Cortó un pedazo de la sábana que cubría el colchón y lo metió por el agujero. Agitó la botella para mojar la tela.

—¡No funcionará, es plástico!

—¡Estoy abierta a sugerencias! —espetó. El rubio no respondió.

Natasha sacó de su mochila tres botellitas pequeñas de whisky que tenía, ganándose una mirada de Antonio.

—Soy rusa —se excusó.

Cortó tres pedazos más de tela y los puso en las botellas. No era mucho, pero era suficiente para crear una distracción.

—¿Quién tiene mejor puntería?

—¿Tu idea es prenderlos fuego? —inquirió Halstead.

—¡Si tienes una idea mejor, dila ahora! ¡De lo contrario, no me cuestiones!

BLACK WIDOW (Chicago P.D)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora