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Jay frenó enfrente de un hotel de mala muerte, prácticamente vacío y terriblemente sucio, como si hubieran pasado años desde la última vez que alguien pisó ese lugar. Antonio se quedó en el auto con Natasha mientras el rubio pedía una habitación.

La pelirroja soltó un quejido. Ya no podía mantener sus ojos abiertos, ni mucho menos hablar, aunque Antonio no sabía muy bien qué decirle luego de aquella confesión.

Cuando el rubio salió de la recepción, volvió al auto y abrió la puerta del asiento de Antonio. Agarró el cuerpo inmóvil de la pelirroja y esperó a que Antonio tomara la mochila de la chica y saliera del auto. Caminaron en silencio hacia la habitación que le habían dado, en la planta baja y al fondo del pasillo. Antonio abrió la puerta y prendió la luz, dejando ver un pequeño cuarto con dos camas individuales, un armario, una puerta que parecía dar al baño, un televisor pequeño, un sillón para una persona y dos mesas de luz. Los pocos muebles que había estaban cubiertos por una fina capa de tierra, y el papel tapiz de las paredes se notaba desgastado.

Antonio ignoró la horrible decoración y sacudió la cama más cercana para que Jay colocara a Natasha. Agarró la mochila de la chica y la vació sobre el piso, dejando ver dinero, un arma de fuego, dos cuchillos y un botiquín.

—En su mochila para huir guarda armas y no ropa. ¿Por qué no me sorprende?

Antonio lo miró mal. No era el momento.

—Nat, despierta —le habló, pero la muchacha no abrió los ojos.

La sacudió, e incluso le gritó, pero no recibió un cambio en el estado de la menor, por lo que Jay decidió ir al baño y llenar un sucio vaso que encontró en el lavamanos con agua. Cuando volvió, se lo vació en la cara.

Natasha se despertó sobresaltada y tosió el agua que entró en su garganta, para enseguida soltar un gemido de dolor.

—¿Dónde...?

—No hay tiempo. Si no quieres ir a un hospital, vas a tener que guiarme —la interrumpió el detective mayor.

Ella asintió y señaló el botiquín. Lo había conseguido poco después de que Antonio le pidiera por primera vez que dejara su trabajo porque era peligroso. Puedes salir herida, le dijo, por lo que Natasha se consiguió un botiquín de primeros auxilios en caso de que acabara lastimada.

—Sácame la remera y fíjate si la bala salió —ordenó la chica, temblorosa. Antonio tomó uno de los cuchillos que tenía la pelirroja y le cortó la remera, para luego voltearla levemente con la intención de buscar un orificio de salida, pero no había ninguno. La volvió a acomodar y negó—. Van a tener que abrirme, sacar la bala y coserme.

BLACK WIDOW (Chicago P.D)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora