Todos tienen un secreto. El del detective Antonio Dawson tiene nombre y apellido: Natasha Solovióv, también conocida como la Viuda Negra.
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cover by: @cattleya_oh
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—¿Dónde está la chica?
El ruso soltó una risa, mientras que Mouse le hizo una seña a Dawson para que alargue la conversación mientras él comenzaba a rastrear la señal.
—Tienes algo que yo quiero y yo tengo a alguien que tú quieres —comentó—. Me suena como a un trato.
El acento del hombre se notaba más que el de Natasha, y Antonio lo consideraba mucho más molesto. Dawson miró a Jay, quien lo miraba inseguro.
—Si la tocaste...
—Hice mucho más que eso, pero te ahorraré los detalles —lo interrumpió—. No juegues conmigo. Creo que el vídeo anterior fue una prueba suficiente de lo que soy capaz de hacer.
—Te daré lo que quieres. Pero necesito una prueba de vida —dijo.
Miró al amigo de Jay, quien seguía tecleando con rapidez. No sabía cuánto tardaría en rastrear la señal, por lo que debía alargar la llamada todo lo que podía.
El hombre se tomó su tiempo para responder, pero finalmente se oyeron unos forcejeos y finalmente la voz de Natasha.
—Jay...
Antonio soltó un suspiro al oírla. Estaba viva. Golpeada, adolorida y probablemente muy asustada, pero estaba viva y eso significaba que aún tenían una oportunidad.
—Nat, no soy Jay, soy Dawson...
—No, no. Jay lo tiene —lo interrumpió la muchacha, hablando en español. Antonio frunció el ceño.
—En inglés —le ordenaron.
—¡Lo dejé en su bolsillo, destrúyelo! ¡No dejes que lo consigan!
El impacto de una mano contra la piel de Natasha se oyó en todo el auto, haciendo que Antonio gritara el nombre de la muchacha.
Escuchó su jadeo de dolor, para que luego el hombre volviera a hablar.
—Tienes tres horas para conseguir el vídeo que busco. Te mandaré un mensaje con una dirección. Si te atrasas, le arrancaré un dedo a tu novia cada un minuto.
La llamada se terminó, dejando a los dos detectives mirando el teléfono como idiotas. Jay no había entendido ni una palabra de lo que la chica dijo a parte de su nombre, pero el rostro de Antonio era suficiente para saber que nada bueno había salido de esa conversación.
Miró a Mouse, quien miraba la computadora con el ceño fruncido.
—¿Tienes algo?
—Tengo su ubicación —respondió, mostrándoles la computadora. Jay sacó su libreta y lapicera para garabatear algo.