Todos tienen un secreto. El del detective Antonio Dawson tiene nombre y apellido: Natasha Solovióv, también conocida como la Viuda Negra.
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Los nudillos de sus manos estaban blancos por la fuerza que implementaba para apretar el volante y su mandíbula se notaba tensa, mientras sus ojos no se despegaban del semáforo.
El detective a su lado no hablaba, pero miraba a su compañero cada tanto, intrigado. Natasha mantenía su vista en Antonio, intentando adivinar lo que pasaba por su cabeza.
Cuando la luz cambió a verde, Antonio dobló y aceleró. Jay lo miró con el ceño fruncido, sin saber si era buena idea hablar.
-Lo que debí hacer cuando te encontré en el bar aquella noche -respondió-. Te llevaré a la comisaría.
Natasha se asomó entre los asientos para mirarlo, pero él la ignoró. Estaba enojado, y Natasha no comprendía por qué. Le había dicho la verdad, ¿no era eso lo que él quería?
-No puedes llevarme a la comisaría, detective -dijo asustada.
Antonio pareció a punto de decir algo, pero se interrumpió. Jay miró a la pelirroja cuando aceptó que Antonio no iba a darle ninguna explicación.
-¿Cómo te llamas?
-Natasha Romanoff, alias, la Viuda Negra -se presentó.
Jay sonrió y le tendió su mano.
-Clint Barton, alias, Ojo de Halcón.
Natasha sonrió burlona, pero antes de que pudiera responder, Antonio aparcó el auto bruscamente a un lado de la carretera. Salió del auto sin decir una palabra, lo rodeó hasta llegar a la acera y abrió la puerta de los asientos traseros. Le hizo una seña para que salga.
-¿Te involucraste con los rusos?
-No fue así -respondió ella-. Detective, puedo explicarle todo, tengo pruebas para mostrarle. Pero no aquí. Debemos ir a otro lugar. Un lugar seguro.
-La comisaría es un lugar seguro -espetó, abriendo otra vez la puerta.
Natasha la cerró de un manotazo.
-No, no lo es. No sé a cuántos policías tienen en su bolsillo. Pueden ser pocos, o puede ser toda la maldita policía de Chicago...
-O puede ser que todo sea tu imaginación -la interrumpió.
-¡¿Por qué no me crees?! -chilló-. Solo piénsalo. Tiene sentido. Aquella noche cuando la Unidad Antidrogas me arrinconó fue la última vez que la policía tuvo una pista sólida sobre mí hasta la llegada de Voight.