29. Déjame estar contigo

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Zoe:
Lía intenta sujetarme del brazo, pero mi cuerpo se mueve más rápido y evado su agarre. Alcanza a tomar una de las asas de mi bolso y de pronto todo vuela por los aires. En ese momento, fue como si todo hubiese ocurrido en cámara lenta; mis ojos estaban fijos en el pequeño aparato que se elevaba, para luego caer y deslizarse por el piso hasta topar con unos zapatos. Era él quien se agachaba a recogerlo, era él: Noah Duncan. Desesperadamente le grité para impedir que lo viera; sea cual sea el resultado, no quiero que se dé cuenta de lo que está ocurriendo

Mientras camino en su dirección me percato de que ya es demasiado tarde. Cuando veo la palidez que se ha instalado su rostro puedo intuir el resultado y mi corazón se agita con más fuerza; quito la prueba de embarazo de sus manos y observo lo que ya temía: embarazada de más de tres semanas. Me volteo para intentar hacer como que nada ha pasado; recoger mis cosas e irme dignamente, pero a quién quiero engañar, solo quiero desaparecer y salir corriendo de ese lugar y, para ser más precisa, del mundo. Y lo hago, me voy de allí sin nada claro, nada en mente, solo huir

Escucho que Milo grita mi nombre, pero lo ignoro y sigo corriendo hasta que dejo de escucharlo. Salgo del edificio sin detener mi trote y cuando estoy en la entrada de la universidad, me afirmo de la reja para tomar un poco de aire; me siento sin oxígeno. Respiro mientras experimento una pesadez en el pecho y comienzan a brotar las lágrimas de mis ojos

- Ey, estás bien? Te sientes mal? Te puedo ayudar en algo?

Me pregunta una chica cuya voz jamás he escuchado.  Estoy segura que no es alguien que conozco, pero no quiero levantar mi cara para cerciorarme, así que ante sus palabras, aún cabizbaja, solo niego con la cabeza

- Estudio aquí, necesitas que te lleve a la enfermería? También eres parte del alumnado?

De pronto alguien me toma de los hombros

- Está bien, ella viene conmigo -le responde Milo-

- La conoces? Estas seguro? No se ve bien. Quizás deberías llevarla a la enfermería -le replica la chica-

- Estudiamos aquí, por supuesto que la conozco. Todo está bien; yo me haré cargo y gracias por la preocupación

Milo rodea mis hombros con uno de sus brazos y comenzamos a caminar. Yo lo sigo como por inercia. Llegamos y me abre la puerta de un coche, pone su mano sobre mi cabeza y hace que mi cuerpo descienda hasta quedar sentada en el asiento del copiloto. Saca de mi regazo los papeles que alcancé a recoger, quedándome únicamente con el plástico que tenía fuertemente agarrado entre mis manos. Cierra la puerta y en unos segundos él está también dentro del auto, sentado al mi lado. Arroja mi bolso y un montón de papeles en los asientos traseros. Pasa su brazo sobre mí, me pone el cinturón, luego enciende el motor y comenzamos a avanzar. Milo solo conducía y se mantenía en silencio. Yo no pregunté nada, no hablé nada, solo lloré y lo único que se podía escuchar era el ruido de mis sollozos

Fue un trayecto largo en el que él solo se dedicó a conducir. Mis lagrimas poco a poco fueron cesando y para cuando detuvo el automóvil, todo estaba en silencio. Se bajó y rodeó el auto para abrir mi puerta; quité mi cinturón y tomé la mano que estaba extendida a mi costado. Comenzamos a caminar por la orilla de la playa y en un momento se detuvo mirando el mar. Él se quedó de pie y yo me senté, perdiendo también mi mirada en el horizonte

- No me preguntarás nada? -dije por fin después de largos minutos en silencio-

- Quieres que te haga preguntas? -respondió mientras bajaba su cuerpo para sentarse a mi lado-

Negué con la cabeza y bajé la vista hacia el aparato que aún traía entre mis manos. Milo suspiró y puso sus manos sobre las mías, tapando el objeto

Fruto del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora