Mimzy con una mueca de molestia, pestañeo completamente incrédula observando el alto arácnido, sentado como si nada en medio de la sala. Este mantenía una expresión triste y la cabeza agachada ¿Qué era aquello que le repudiaba tanto de aquel ser? Quizás era la forma en que los había visto llegar. El albino portaba la chaqueta de Alastor, acurrucado en ella y el ciervo con una sonrisa de oreja a oreja. Frío por lo bajo mientras se sentaba en uno de los sillones. Sentía una extraña química entre ellos y eso le desgarraba el corazón. Apretó sus manos en señal de frustración pero se quedó callada y quieta en el lugar. Jamás le haría un berrinche a Alastor. Aquello solo empeoraría la situación. Solo le quedaba vigilar. Alastor entrelazo sus dedos en frente de su rostro con un deje pensativo, mirándolo fijamente.
-Bien, puedes contarme ahora—tomo una taza con te que la rubia había dejado en la mesa. Sonrió al sentir el aroma del exquisito brebaje. El albino entrecerró los ojos y alzo un poco la vista. Pero su atención se centro en aquella mujer bajita de piel pálida y robusta, incluso habiendo sirvientes y seres sombríos en las paredes, quería que justamente ella desapareciera. Su interior alertaba peligro. O quizás eran celos desmedidos. Los dos se miraron fijamente retándose con la mirada. Estaba claro que la mujer era la concubina del pelirrojo o algo parecido.
-Mi nombre es…—volvió a pensarlo antes de hablar. De nada servía ponerse tan en desventaja. Decidió ocupar su nuevo apodo—Angel—termino la frase. Alastor lo miro incrédulo, rompió a reír por lo irónico de aquel nombre.
-Tú nombre real, querido— comento el ciervo. Si iba a hacer algo por el arácnido (si es que lo iba a hacer) tenía que saber todo de él.Sin embargo, el de cuatro brazos, frunció las cejas, volteando la cara, para luego verlo con una expresión decidida.
-Te lo diré. Te diré todo lo que quieras, pero solo a ti, quiero que estemos solos—los celos y aquellos nuevos sentimientos brotaron por sus poros, no pudo detener aquellas palabras, aún sabiendo, que eran estúpidas e incoherentes. El pelirrojo inclino la cabeza, mientras elevaba una de sus cejas, podría interpretar eso como una indirecta, pero no le quedaba de otra, debía ceder o si no, no obtendría la información que tanto quería. Quiso pensar que solo era el temor de sentirse invadido o inseguro. Le hizo un ademán a sus sirvientes quienes fielmente desaparecieron fugazmente. Pero la regordeta se rehusaba a moverse y se acerco a su amante para sujetarse de su brazo. Con eso, el blanco demonio endureció su rostro y volvió a retirar la mirada.
-No conozco a nadie de aquí, no quiero hablar hasta no sentirme seguro—remarcó su frase, mientras fulminaba, con la mirada, a la rubia.
-Yo nunca me separo de Alastor. Lo que tengas que decir, nos lo dices a ambos—
-Entonces no diré nada de Valentino—sabia como chantajear.
-Mimzy...—suspiro cansado el ciervo—Cariño, ve a la habitación y espérame ahí—su voz era suave pero denotaba autoridad. No quería perder está jugosa oportunidad. Quería, no, necesitaba la información sobre Valentino. Quizás hasta cambiaba el curso de la historia y podría darles la victoria.
-Pero—lo miro con tristeza. Jamás la había apartado de sus cosas. Ella conocía hasta el lado más oscuro del demonio radio. Había estado en los momentos más macabros e infelices ¿Por qué ahora la alejaba? Miro desesperada al albino que tenía una sonrisa de autosuficiencia en el rostro. Lo maldijo en su mente una y mil veces.
-Haz lo que te digo— la observo sutilmente con severidad. La exótica bailarina, algo cohibida, hizo caso de mala gana, saliendo del lugar a pasos pesados. En cuanto ambos hombres se quedaron solos, el delgado arácnido, relajo la cara, en lo que el contrario regreso su atención sería en el.
-Procede—dio un sorbo a su taza. Le alegraba que Mimzy lo conociera tan bien, podía notar una pizca de whisky en su bebida y eso era lo que justo necesitaba. El mas alto respiro profundo, bajo de nuevo la cabeza y entrecerró los ojos con amargura.
-¿Qué es lo que realmente deseas saber de mi?—
-La verdad, háblame de Valentino ¿Cómo es que logro hacerse tan fuerte en tan poco tiempo?—De inmediato Angel levanto la vista muy confundido. No entendía exactamente de que estaba hablando.
-¿Qué? ¿A qué te refieres?—
-No tengo tiempo que perder, querido. Dime la verdad—su voz tétrica resonó en la estancia.
-Lo siento, pero no se de que hablas— se puso nervioso. Alastor parecía un poco desesperado por conseguir aquella información y se sintió mal por no poder entregársela. Había estado encerrado y no sabía nada del mundo exterior. Valentino lo había aislado y eso lo hizo sentir usado.
-Debes saber algo, estuviste todo este tiempo con el ¿O me equivoco?—lo miraba duro, se estaba desesperando por la negativa del albino.
-No se, la verdad es que no lo se—sus ojos se llenaron de lágrimas. Toda esta conversación solo le sirvió para darse cuenta de la horrible situación en la que estaba viviendo ¿Qué poder se refería? ¿En qué estaba metido Valentino?
-Mira dulzura— comento más severo, mientras se levantaba para acercarse—No tengo tiempo para juegos. Lo mejor para ti sería que hablaras ¿Qué secreto esconde esa escoria?—estaban a escasos centímetros y el arácnido vio los ojos oscuros y la maldad que se escondía detrás de aquella faceta simpática. Tembló en su lugar. El pelirrojo comenzaba a desesperarse, tenso la sonrisa con fastidio, pero la araña, solo hizo un movimiento de cabeza negando saber algo. en lo que inclinaba la ceja, por supuesto, el moreno. Lo observó un par de minutos, dándose cuenta que de verdad la araña no sabía nada. Suspiro agotado por la situación. Su plan perfecto se estaba desmoronando en frente de sus narices. – Tú ¿Enserio no lo sabes?—Angel lo miro y negó con la cabeza. No podía serle de ayuda. Dejo salir un gruñido de fastidio, llevando su mano por su pelo de manera frustrada, antes de empezar con sus quejas.
-Que perdida de tiempo—
-Lo lamento, él solo me mantenía encerrado—
-Eso no me sirve de nada—agrego irritado. Ahora debía volver a ese nido de ratas y debía hablar con esa bazofia. De solo pensarlo su radio interna se descontrolaba— ¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta de lo que Valentino hacía o no en su trabajo? Viviste mucho tiempo con el ¿No? —el albino asintió con pesar. Aquellas palabras le dolieron en el alma—Me has atrasado en mi labor—se levantó y se arregló el costoso traje color vino.
-Lo siento—dijo en un susurro. Al verlo así Alastor suspiro. Aunque no quería, su sola presencia calmaba aquel enojo y lo hacía sentir más comprensivo al respecto.
-Olvídalo querido, tampoco te puedo culpar ¿Por qué te mantenía encerrado? —volvió a sentarse, tomando un gran trago de su exquisito brebaje. Lo iba a necesitar para seguir con aquella conversación.
-Supongo que fue para que nadie más pudiera obtenerme. Tu sabes que es lo que soy—bajo la cabeza—y Valentino es una persona ambiciosa y controladora..—lo tiró al aire, para que el pelirrojo uniera los cabos sueltos y eso es precisamente lo que pasó. Alastor asintió con rabia. Conocía lo ruin y despiadado que era aquel demonio (Y no es que el fuera mejor) pero siempre el proxeneta se interponía en su camino. Era un dolor en el trasero— Incluso se llevaba mi sangre cuando se iba. Eso fue la gota que rebalso el vaso. Era muy extraño y violento—un escalofrío le recorrió la espina dorsal al recordar las últimas semanas que pasó en la mansión de Valentino. En ese mismo instante Alastor abrió los ojos como si hubiera recibido un golpe de agua en medio de la cara, logrando captar ese dicho.
-Espera, repite eso—
-Una vez lo descubrí, sacándome sangre mientras dormía. No quiero ni imaginar para que cosas malvadas lo utilizaba—
-¿Lo confrontaste?—
-Quise confrontarlo, pero—hubo una pausa. Sabía que aquel tema era una espina en el corazón del albino—el solo me hizo daño, no quiso decirme nada y entonces... entonces...— Comenzó a temblar en lo que sentía que sus ojos se empezaban a humedecer.
-Calma, vamos respira—no sabía consolar a la gente, por lo que no se atrevió a tocarlo. Pero Angel se le abalanzo, abrazándolo sin pudor alguno, mientras sus lágrimas empapaban el traje de Alastor. El demonio radio estuvo quieto un par de segundos, antes de perder la razón y devolverle el abrazo con fuerza, aspirando el delicado aroma que desprendían los cabellos del albino. Sonrió satisfecho, dándose cuenta que había descubierto el secreto de Valentino. Era el, aquella criatura que sostenía entre sus brazos. Era poderosa, sin dudas, el mismo le costaba un mundo mantener la compostura. Se imaginaba que es lo que hacía en los demonios de baja categoría o los sucios zánganos que frecuentaban los clubes del proxeneta.
-Con que eso era—susurro divertido—Vamos criaturita, deja de moquear mi traje. Tengo que enviar un mensaje importante a la princesa ahora mismo---se levantó alejándose del arácnido que quedó desconcertado ante aquel cambio de actitud.
-¿Me vas a entregar? Me llevaran de nuevo al cielo— Se agarró el cabeza angustiado. Su viaje, su esfuerzo no habían servido de nada.
-Lo lamento, ese no es mi problema. De todos modos, la princesa vendrá en unos días para ver si he logrado mi misión. Será gracioso decirle que ya lo termine y todo en menos de un día—carcajeo divertido.
-¡Por favor!— se desespero sujetándolo al contrario con fuerza—¡Hare lo que sea! No me envíes de nuevo al cielo. No quiero volver a estar encerrado—lloraba desconsolado.
-Oye…—Se altero por la cercanía. El aura comenzaba difundirse y el ciervo caía rendido.
-Cualquier cosa, lo que sea. Lo haré, por favor no me entregues—Levanto la cabeza mirándolo directamente a los ojos.
-Este no es tu lugar, debe regresar a donde perteneces—grato de aplicar la lógica antes de perderla.
-No digas eso, no sabes lo que se siente estar encerrado. Déjame quedarme aquí contigo, de verdad te seré de utilidad. Pero no me mandes ni con Valentino ni al cielo—
-Escucha, ya te lo he dicho—Volteó la cabeza para no verlo, sin poder evitar que de sus comisuras la saliva comenzara a descender, reprimiendo el deseo de saborear mas que solo sus labios. Tomando todo a su paso—mis sirvientes te llevaran a una habitación, puedes descansar ahí—sombras aparecieron por el salón al momento de pronunciar aquellas palabras.
-Llévame tu...— susurro atreviéndose a besar delicadamente su cuello. Alastor se sobresalto por tal gesto, pero no lo aparto, apretó los dientes en cuanto los besos se dispersaron desde su mentón hasta su mejilla. Cerró los ojos sintiendo como Angel se subía en su regazo con una pierna en cada lado. Por mas que su orgullo le exigía pedirle que parara, su cuerpo no reaccionaba. Sus músculos quedaron rígidos y aun así hizo lo posible por intentar quitarlo de encima. Pero en cuanto movió sus manos hacía su cintura, ya no pudo quitarlas de ahí mas que para tocar después esos muslos suaves y blancos.
-Mi compañera me esta esperando, debo volver a mi estancia- hablo con voz ronca, como un ultimo intento.
-No vayas, quédate conmigo— hablo satisfecho, desabotonando su camisa para enseñarle su escote antes de tomar su rostro con ambas manos, besándolo eufóricamente.
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Me encantaría saber la opinión de todos ¿Que les está pareciendo la historia? ¿Les gusta hacia donde va? Su opinión vale oro 🎆
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"Divina Obsesión"
Fanfiction"Él era especial. Su sangre un elixir de los dioses, su rostro, angelical como ninguno y sin embargo, se encontraba en el infierno" este fanfic es una colaboración con @QueenFirebell entre las dos lo escribimos y editamos. espero que les guste. Rad...
