26. "Avery, el regalo perfecto"

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Capítulo 26

"Avery, el regalo perfecto"


Muchas personas tenían la mentalidad enfocada en que la familia no se podía elegir, que los hijos no podían elegir a sus padres y los padres tampoco podían elegir a sus hijos. Sin embargo, yo sentía que de cierta manera mis padres sí me habían elegido a mí, es decir, pudieron haber adoptado a cualquier otro bebé en el mundo pero decidieron adoptarme a mí.

Tal vez esa era la razón del lazo tan fuerte que había formado con ellos, porque gracias a ese par de personas yo fui tan afortunada de poder tener las  tuve. De poder cambiar una vida incierta por un hogar, posibles momentos tristes por risas, y la soledad por una familia.

Así que cuando despertaba en casa de mis padres me sentía más plena que nunca, y aunque odiaba los domingos ese en particular no quería que terminara. Despertarme con la comida de mamá, toparme con papá leyendo artículos científicos para luego empezar a explicármelos como si yo entendiera algo de lo que dijera, y Summer la gata que habíamos adoptado un par de años antes maullando y jugando con las cortinas de la sala, solo me hacían sentir más cómoda y feliz.

— ¿En qué piensa mi lindo capullo? —preguntó papá ajustándose sus gafas.

—En lo mucho que te extrañaba —contesté después de tragar un trozo de tocino.

Lewis Cooper era tal vez el hombre más tierno que había conocido en mi vida entera, alto, algo rechoncho y con una cabellera rojiza bien conservada a pesar de estar cerca de cumplir cincuenta. Muchas veces deseaba poder haber sido su hija biológica para haber heredado sus ojos verdes, pero como no era así me conformaba con los míos. Pero más allá de su físico, mi padre era pacífico, tranquilo y analítico. Se podía decir que la del carácter en la relación era mi madre Rachel, debido a que lo que ella dijera prácticamente era una ley dentro de aquel hogar.

—Y yo te extrañaba mucho a ti pequeña. —Sonrió cálidamente antes de volver a fijar su mirada en una revista científica—. Siempre es bueno tenerte en casa de vuelta. ¿Ha pasado algo relevante en este tiempo que quieras contarme? Porque a diferencia de Rachel no me siento tan cómodo hablando por ese aparato llamado teléfono.

—Papá hablas como si tuvieras ochenta y no supieras como manejar un teléfono —reproché.

Y hablando de teléfonos, el mío comenzó a vibrar en el mesón de la cocina.

Era un mensaje de texto, nuevamente desde un número desconocido. Podía intuir hacia donde se estaba yendo aquella situación y no me sentía nada conforme con ello.

"Linda y tierna Avery, imagino que ya habrás tenido tiempo para reflexionar y aceptar que Sam no es para ti. Nunca serás suficiente, no tienes la experiencia necesaria y si te resistes a dejarlo yo te enseñaré las cosas que a diferencia de ti, sí sé hacer"


Bien, eso me había producido escalofríos.

Sin pensarlo dos veces decidí bloquear ese número telefónico, no había dudas de que era Penelope. El resentimiento y envidia se evidenciaba en cada una de las palabras que había escrito, pero yo no era tan débil como para flaquear o darle vueltas a la situación.

Estaba segura de que sus amenazas no llegarían muy lejos, no creía que tuviera mucho poder para hundir mi relación.

— ¿Entonces nada nuevo ha ocurrido en tu vida? —Volví a oír la voz de papá—. Soy todo oídos capullito.

Reflexioné un poco mi respuesta, aunque no mucho para no lucir sospechosa ante el hombre que más amaba en el mundo.

—Mi vida sigue igual que siempre papá.

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