Capítulo 9

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Cumbres Borrascosas era posiblemente la obra más afamada de las hermanas Brontë, una novela innovadora en su época, con una historia en cierto modo perturbadora pero con una narrativa atrapante y dispuesta a no dejarte ir sino hasta el final de la última página. Sus personajes principales son un claro ejemplo de que se puede odiar y amar al mismo tiempo, mientras que su historia de amor, aunque apasionada y trascendental, lo es también tormentosa y fatal. A Margo le gustaba el libro y lo leía completamente compenetrada entre sus hojas, sin embargo estaba lejos de querer tener un amor como el relatado.

Catherine y Heathcliff son personajes con una relación complicada y prohibida por las diferencias de clases sociales que en la época victoriana eran demasiado estrictas; a pesar de todo y de los impedimentos en su camino, su amor logra trascender los años, y aunque no mantienen una relación formal ambos siguen enamorados. Es eso también lo que terminará acabándolos; el final feliz para ellos nunca da a lugar.

Era un amor increíble, apasionado y salvaje, pero tan trágico que a Margo le provocaba cierto amargor en la boca cada vez que releía sus letras, siempre convenciéndose de que no era la clase de aventura que esperaba tener en su vida.

Sin embargo el gusto a lo prohibido parecía habérsele pegado de las escritoras Brontë y sus personajes.

Henry lograba distraerla con más frecuencia de la normal y Margo suspiraba cansinamente cuando se encontraba a sí misma ojeándolo de reojo cuando creía que él no notaba su detallada inspección. Mentalmente intentaba reprimirse y montones de veces se regañaba en sus líneas de pensamiento, pero al fin y al cabo se había vuelto algo demasiado inevitable aún y cuando había intentado plantear ciertos límites entre ellos.

El problema era tal vez que Henry de algún modo parecía estar ayudándola con ello, y es que los últimos días se había mostrado tan distante y parco con ella que Margo se preguntaba siempre qué había hecho para causar esa reacción en él. Las dudas la carcomían por dentro pero las respuestas no parecían llegar o las que lo hacían no la tranquilizaban demasiado.

Destacaba párrafos y frases en la edición del libro de Emily Brontë que tenía en su mano para agregar en la tesis, leía y releía las palabras escritas en el papel pero hiciera lo que hiciera su atención no estaba allí fastidiándola con rapidez por lo que debía solucionar aquello de inmediato.

—¿Ocurre algo?

El tono de su pregunta fue más bien de reproche, a la espera de al menos causar una mínima reacción en Henry quien desde hace bastante rato no sacaba su vista de la pantalla de su celular. En todo ese tiempo no le había dedicado ni una mirada y mucho menos alguna frase para molestarla tal como y hacía rutinariamente.

Ante su pregunta arqueó una ceja y volteó a verla, pero su gesto permaneció impasible; lo que le preocupó a Margo fue que no se veía realmente sereno, sino molesto y hasta incluso hastiado. Estaba despeinado y portaba los lentes de lectura que solía ponerse cuando pasaba demasiadas horas frente a la computadora. En cualquier otro momento le habrían parecido sexy, pero en esa ocasión sentía como si su mirada se tornada más fría y distante.

—No.

Su respuesta seca fue más elocuente que la palabra en sí.

—¿Entonces llevas esa cara de amargado de adorno no más?

Estaba segura que con esa pregunta que le resultaría irritante lograría entrever algún atisbo de otra emoción, pero nuevamente lo único que obtuvo fue más de lo mismo: nada.

En cuerpo y almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora