La relatividad de cómo pasaba el tiempo dependiendo de sus estados de ánimo sorprendían a Margo sobremanera. La semana que había pasado sumida en la tristeza había sido tan lenta y agobiante que el solo recordarla la agotaba; en cambio, los días que le siguieron, transformados luego en semanas, fueron tan rápidos que creía haberlos visto pasar en tan solo un parpadeo.
El verano finalmente había llegado a aquella parte del hemisferio.
Era sorprendente, también, como en ese lapso de tiempo tantas cosas habían sucedido. Con Henry parecían haberse vuelto inseparables, mientras que ambos habían empezado a conversar acerca de cómo hablar de su relación con sus padres. Beth estaba agotada con sus prácticas, pero las cosas con Michael iban viento en popa y a pesar de las ojeras y las quejas, la sonrisa que pintaba sus labios vislumbraba a todos. Incluso con Karen todo se había vuelto más cercano e íntimo; ella le contaba cosas de su infancia, su vida y sus padres, mientras que Margo le relataba con melancolía cómo había sido su propia infancia. No tardó mucho en generar un cariño propio de la hermandad hacia aquella mujer.
A pesar del progreso con ella, aún no había tenido la suficiente valentía para contarles de su existencia a sus padres. No sabía a ciencia cierta cómo podrían tomárselos ellos, si se verían afectados o no por la noticia. Y con eso sumaban dos cosas que, durante las llamadas telefónicas que compartían, ocultaba mordiéndose la cara interna de sus mejillas del otro lado del teléfono.
—Cuando te sientas seguro de conversarlo, yo estaré contigo —le había dicho Henry para tranquilizarla uno de los días que más afectada se había visto por ello—, ya sea haciendo el papel de hermano o el de pareja. De ningún modo te dejaré sola.
Eran esas palabras, ese apoyo incondicional quienes le decían que estaba en el lugar correcto, después de todo la persona correcta era aquella que estaba en los buenos y malos momentos sin importar qué.
Pero lo más llamativo a la hora de relatar hechos había sido el congreso que, en un momento se veía tan lejano, ahora estaba frente a sus ojos, atrayendo al ciento por ciento la atención de todos sus sentidos.
Aún podía recordar con extrema exactitud su primera impresión al abrir las puertas del lujoso hotel donde se llevaba a cabo el afamado congreso. Montones de personas ataviadas elegantemente iban y venían de un lado al otro por los interminables pasillos y salones del lugar, todos portando el pase que indicaba que eran parte del evento y que Margo había obtenido también en recepción. El ambiente olía a cítricos y madera e incluso no exageraba al destacar al aroma de los libros. Ella se había mantenido pegada a Clarise como su sombra, temiendo perderse en cualquier vuelta de pasillo, mientras que su mentora y jefa caminaba entre la gente como si ella misma fuera la dueña del lugar.
No podía negar que se robaba las miradas de todos, unos tantos por la belleza exuberante que cargaba, muchos otros por el afamado conocimiento mundial que tenía la editora en jefe del grupo editorial más grande en Londres y el país entero. Clarise saludaba a sus conocidos y se los presentaba a Margo cuando estos le daban la espalda, siendo de ese modo una fuente de gran conocimiento acerca de figuras importantes en su ahora ámbito laboral.
La excitación de la primera impresión pronto pasó a cansancio y agobio. En tan solo el primer día asistieron a tres conferencias interminables. Las primeras dos le resultaron interesantes a Margo, donde hablaban de las ventajas tecnológicas en los servicios editoriales, y herramientas para no perder la importancia del libro en papel... pero ya en la tercera su mente estaba dispersa y su cuello adolorido. Ni siquiera recordaba de qué había sido la conferencia, pero Clarise no le reprochó su falta de interés.
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En cuerpo y alma
RomanceMargo Parryl se siente regocijada con la vida que lleva. A pesar de haber sido abandonada de bebé, encontró el amor en la maravillosa familia que la adoptó: sus padres y su hermano Henry son lo más preciado que tiene. En una época de cambios, donde...