Capítulo 7

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Luego de una semana agitada con los nuevos cambios que habían surgido con la pasantía, había decidido pasar su tarde de sábado tranquila, leyendo, disfrutando de su casa y quizás tomando notas para su tesis que, según le había mencionado su tutor el día anterior, iba muy adelantada y demasiado bien. Según sus palabras, podría presentarla y defenderla apenas acabaran los exámenes lo cual estaba también en sus planes.

Se sentía bastante animada por ello y su humor había sido excelente a pesar del cansancio que suponía seguir los pasos de su nueva jefa.

Clarise Collins había resultado ser una mujer sumamente eficiente en la editorial, y se encontraba increíblemente sorprendida que en una semana pudiera hacer recorridos generales por todos los departamentos, incluida el área de manufactura y logística que tuvo el placer de conocer el día jueves. No se lo había dicho porque le avergonzaba admitirlo en voz alta, pero cada día admiraba más y más a aquella mujer: no solo revisaba manuscritos, sino que atendía contratos y hablaba en persona que escritores que ya publicaban todas sus obras en la editorial. Pensar en todo lo que hacía la cansaba mentalmente, pareciéndole algo irreal que a su jefa no se le notara una sola gota de cansancio.

Era perfeccionista y amaba su trabajo, estaba en todos los detalles, grandes y pequeños y se preocupaba por la opinión de todos: empleados, público y escritores.

—La responsabilidad es la capacidad de tomar decisiones, nunca lo olvides, Margo.

La trataba con cordialidad pero tuteándola, haciéndole sentir que estaba a su misma altura y no muy por encima de ella, a pesar de que era así. Cuando le hacía preguntas, esperaba sus respuestas con atención y curiosidad; no había malas ni buenas respuestas, pero siempre tenía algo que acotar para enriquecer su conocimiento. Margo se había transformado en una esponja de información, colapsando su cerebro con todo lo que podía asimilar de su jefa.

Joanne tenía razón: estar al lado de la señora Collins le haría aprender muchísimas cosas que estaban muy lejos de su imaginación.

Con Joanne mantuvo su relación como si nada hubiese sucedido, aún y sabiendo que ya no estaba a cargo de su estadía en la empresa. Se saludaban por las mañanas, si tenía tiempo compartían un café a media jornada y habían pactado almorzar juntas al menos un día a la semana: a Joanne le gustaba enterarse de buena fuente los movimientos de Clarise, además de que gustaba de aprender, por qué no, algún que otro truco a la hora de editar manuscritos. La editora en jefe era la mejor en ello.

En cuanto a sus compañeros de pasantía del departamento, con ellos la relación mantuvo el mismo distanciamiento del principio, aunque quizás se sintió un poco más desplazada. Mientras que los demás compañeros de trabajo con los que se relacionaba la trataban como a una más, los otros tres pasantes la veían como competencia, y una competencia demasiado abrumadora por lo que le confesó Joanne.

—Si Mccarthy era insoportable antes, no quieres imaginarte como se encuentra ahora —le comentó el miércoles cuando compartieron el primero de tantos almuerzos. Estaban en la cafetería de la planta baja, donde Bill con su galantería y encanto les sirvió el plato del día no sin dejar de coquetear con su compañera—. Farfulla por lo bajo cada vez que se pasea por los pasillos y su ceño está tan fruncido que sospecho que quedará así para siempre.

—¿Crees que es por mi culpa? —preguntó Margo inquieta y ciertamente incómoda por la información. Sabía que allí iba por un puesto de trabajo y no para entablar relaciones de amistad, pero no podía evitar pensar que lo que menos quería era que aquella experiencia acabara en una batalla campal. Mucho menos cuando ella era la principal razón de molestia de Charlie, por lo menos.

—Claro que no, tú solo haces tu trabajo y por hacerlo bien has sido recompensada. Ella simplemente no puede aceptar que su tía haya escogido a alguien más por encima suyo —bebió de gaseosa antes de proseguir—. Creía que tenía el puesto ganado y ahora apareces y te conviertes en su competencia.

En cuerpo y almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora