Capítulo 3

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—Aquí tienes, Parryl —el sonido de pesados manuscritos siendo depositados sin cuidado sobre la mesa ya no la sobresaltó como en días anteriores. Jamie, el joven de lentes y actitud asocial que formaba parte del departamento de mensajería ni siquiera se preocupaba en saludarla adecuadamente—. Ya sabes que hacer.

Lo observó de reojo mientras se marchaba, murmuró inentendibles palabras por lo bajo a modo de desquite y volteó a organizar mentalmente todo lo que tenía dispuesto en el enorme escritorio que a pesar de ser bastante grande terminaba por quedar pequeño con todo el material que allí se hallaba.

Suspiró resignada pero sin ápice de desánimo. Se encontraba ahí para trabajar y no lamentarse; ya la señora Collins les había advertido que empezarían desde lo más bajo y si quería ser merecedora del puesto disponible en Nueva Editorial debía hacer su trabajo con esmero, aunque este fuese el de clasificar, acomodar y organizar los montones de manuscritos que recibía la editorial semanalmente.

Era un viernes muy frío, algo normal en el mes invernal de febrero, y aunque por los enormes ventanales podía observar cómo la gente caminaba en apuros intentando resguardarse del cruel clima, ataviados con abrigada ropa y protegiéndose de la repentina nevada, Margo era privilegiada de estar a una temperatura ambiente agradable, lo suficiente como para permitirle estar sin los montones de sacos con los que se había ataviado esa mañana especialmente helada.

Era el último día laboral de su primera semana como pasante y los sentimientos que se entremezclaban dentro suyo parecían no relacionarse muy bien unos con otros. Por un lado se sentía satisfecha, dispuesta a lidiar con todo para avanzar en aquella empresa; por el otro estaba desanimada, haciéndose creer a sí misma, en un pensamiento demasiado masoquista, que aquel lugar no era para ella ni ella para él.

El primer día había sido terrorífico, debía aceptar con vergüenza y en muchas ocasiones se encontró preguntándose en su cabeza qué era lo que la había llevado a inscribirse en esa pasantía.

Finalmente, y con bastante tensión palpable de por medio, había conocido a sus compañeros de departamento con quienes competiría por su lugar en aquel sitio. Eran dos hombres, Benjamin y Oliver y otra mujer, Charlie; los primeros dos, aunque no tan simpáticos como era ella misma, se presentaron educadamente y compartieron alguna que otra inquietud y comentario en un intento de formar un lazo aunque fuese laboral. Charlie, en cambio, se mostró renuente a hablar con ellos tres... Margo odiaba prejuzgar a las personas, pero en ella claramente veía una persona altanera y narcisista, y no hizo falta que pasase un día entero en convivencia para saber que su juicio no había sido en lo absoluto errado.

A cada uno les fue asignado su tutor, la persona que le daría sus tareas y quienes les ayudarían a comprender y crecer en su nuevo trabajo. El primer día anduvieron todos juntos, donde les explicaron específicamente todo lo que se hacía en aquel departamento; colaboraron en tareas simples, opinaron en grupo acerca de un manuscrito que estaba en estudio y ayudaron, en líneas generales, a corregir errores comunes que suelen tener las historias primerizas.

Fue mientras opinaba abiertamente acerca de esas cuestiones que se sintió verdaderamente tonta: al lado de Charlie se veía sumamente pequeña e inmadura intelectualmente hablando, porque comparado a todo lo que decía, lo que su nueva compañera emitía parecía más maduro, más específico y conciso. En pocas palabras hablaba como toda una profesional y no como una estudiante.

Aquel día volvió desanimada, su humor había decaído hasta ser arrastrado por el suelo y en lo único que pensaba era en cobijarse entre las gruesas frazadas y no salir más al mundo exterior.

—No debes rendirte tan fácilmente —mencionó Henry cuando la encontró metida en la cama más temprano de lo normal—. Tu compañera no es mejor que tú, ni tú eres mejor que ella, simplemente ambas tienen modos diferentes de ver las cosas. Eso no hace que ella sea más merecedora del puesto de lo que tú puedes serlo. Mañana irás con la frente en alto, sortearas los obstáculos y les demostrarás de la madera de la que estas hecha.

En cuerpo y almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora