La cálida y mullida cama la abrazaba de forma protectora mientras su mente y su cuerpo se desperezaban e intentaban volver a la realidad tras varias horas envuelta en nubes de sueños. Sintió primero los rayos de sol jugando con su rostro, dejando una suave caricia tibia en su rastro; la almohada parecía absorberla con su suavidad, mientras que todos sus músculos aún agotados por la actividad nocturna buscaban el alivio entre las sábanas.
Y de pronto abrió los ojos súbitamente, cayendo en cuenta de dónde estaba y qué había sucedido.
Con la mayor delicadeza que pudo y que su acalambrado cuerpo le permitió, volteó para encontrarse con el costado vacío de la cama, haciéndola suspirar de alivio de saberse sola. El pensamiento de no haber querido despertar la azotó, y como niña pequeña se tapó hasta la coronilla con las sábanas esperando a que todo fuese un mal sueño.
Un mal y erótico sueño.
El recuerdo de sus besos y caricias empezó a quemarle la piel como si una brasa ardiendo hubiese sido reemplazada por la ropa de cama y estuviera ahora tocando cada rincón de su cuerpo. Su respiración se agitó inconscientemente y su centro palpitó no solo por el recuerdo, sino por la expectativa de que sus memorias se repitiesen prontamente. Claramente su parte racional sabía que eso no sucedería de forma próxima, no al menos si seguía escondida en la habitación y no empezaba a encargarse del asunto que tenía entre manos desde hacía más de un mes.
Le tomó varias respiraciones profundas para que pudiera reunir coraje y empezar a buscar las prendas regadas de su pijama en la habitación. No había rastro alguno de Henry, pero conociendo sus hábitos a la perfección no dudaba de que se hubiese levantado al percibir el menor rastro de claridad a través de la ventana para empezar con la rutina de cada mañana. Era sábado, así que no seguramente lo hallaría en cualquier sector de la casa ni bien saliera de las cuatro paredes que ahora le servían de refugio.
Se cruzó hasta su habitación para acicalarse antes de bajar. Tener una inminente y seria conversación con las pintas que se traía no era una buena forma de iniciar aquel día.
Fue en la barra de la cocina donde Henry se encontraba con una taza en su mano y la vista fija en la computadora frente a él.
El aroma del café le abrió el apetito y se le antojó enseguida pero lo evitó en primera instancia y en menos de un minuto ya estaba tomando asiento al lado del hombre que tanto placer le había proporcionado la noche anterior.
Henry estaba fresco como fruta recién sacada de la heladera; a diferencia de ella no tenía rastros de ojeras y su cuerpo se notaba relajado. La fragancia de su perfume no tardó en envolverla y como una droga dejó todos sus sentidos obnubilados.
—Buenos días —saludó para llamar su atención a pesar de que sabía que Henry la había notado no más bajar las escaleras.
Él volteó ligeramente y le regaló un atisbo de sonrisa que la hizo derretir por dentro. Con una delicadeza que solo podía ser propia de él tomó un mechón de su cabello y se lo acomodó tras la oreja dejando un halo de caricia por su recorrido.
—Buenos días —respondió suavemente.
¡Dios! ¡Cómo había extrañado a ese hombre y sus gestos dulces! Estando tan cerca de Henry nuevamente no llegaba a comprender cómo es que había aguantado más de un mes sin saber de él.
El ambiente se sentía bien, como si realmente nunca hubiese habido discusión alguna entre ellos, y Margo se encontró preguntando si no era posible que todo siguiera su curso y no tuvieran que hablar y traer a colación heridas que no terminaban de sanar. Pero sabía que era algo inmaduro de pedir y que como persona adulta y responsable que creía que era y que quería demostrar ser, debía zanjar el asunto conversándolo civilizadamente, algo que semanas atrás no habido tenido lugar.

ESTÁS LEYENDO
En cuerpo y alma
RomanceMargo Parryl se siente regocijada con la vida que lleva. A pesar de haber sido abandonada de bebé, encontró el amor en la maravillosa familia que la adoptó: sus padres y su hermano Henry son lo más preciado que tiene. En una época de cambios, donde...