Epílogo

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Epílogo

Todo había terminado. Cuando salimos del domo todavía tuvimos que esquivar a un par de zombies, como si se negaran a aceptar que la guerra había acabado. Dejamos Bridgen atrás con el amanecer abriéndose ante nosotros.

Apenas pusimos un pie en nuestro propio domo, las personas nos recibieron con aplausos, gritos y lágrimas de alivio. Jerry no pudo ocultar la emoción al ver a Jack entero y de pie; aquel abrazo entre los dos fue tan fuerte que parecía un pacto: «ya pasó, lo logramos».

Era momento de celebrar, sí, pero la verdad es que todo lo que queríamos era una cama. Dormimos con calma, el mundo no nos necesitaba. Fue hasta una semana después que empecé a sentir que las cosas realmente habían vuelto a la normalidad.

El sol brillaba con fuerza hoy, calentando la tierra húmeda, dorando las hojas de los árboles. El aire era distinto, más ligero, parecía que la naturaleza se hubiera quitado un peso de encima. Las risas de la gente se escuchan de fondo y por primera vez en mucho tiempo no sonaban tensas ni forzadas, sino llenas de vida.

Desayunamos como de costumbre con los chicos y después nos quedamos un rato balo la sombra de los árboles. No había entrenamientos que cumplir ni misiones urgentes que planear. Solo nosotros, un grupo que había sobrevivido juntos al final del mundo, compartiendo bebidas y un raro momento de paz.

—Creo que podría pasar más tiempo aquí —dijo Jack con la mirada perdida entre las ramas. Su voz sonaba más tranquila de lo que nunca había escuchado.

Y pensé que sí, que si alguien merecía esa calma era él.

—Tendremos muchos días para disfrutar de un clima como este no te preocupes —le respondí con una sonrisa—. Prometido.

Megan se inclinó hacia él y le tomó la mano.

—Sí, amor piensa que por fin estamos lejos de los problemas.

—Pues más vale que sí, porque eso de enfrentarme a otro apocalipsis zombie no será muy lindo.

De pronto Enzo se incorporó un para mirar el sendero y algo en su rostro se iluminó.

—Miren quién llegó —lo señaló.

Alex se acercaba a nosotros con paso firme y una expresión que, para sorpresa de todos, no era de cansancio sino de esperanza. Nos levantamos para saludarlo.

—¿Encontraste algo? —pregunto con curiosidad.

—Un grupo de chicos. No están infectados —asegura de inmediato.

—Me alegra.

—¿Qué haya encontrado más chicos a los que alimentar?

—Que esta vez no hayas desaparecido por varias semanas.

Sonríe con ironía.

—Te dije que no volvería a irme.

Ethan carraspea acercándose a mí y abrazándome por detrás.

—Disculpa a don celos, ya sabes que no le gusta que esté con nadie más.

—Corrección —dice Ethan con seriedad fingida—, solo protejo lo que es mío.

—Como sea, quería decirte que tengo todo listo —le guiña un ojo a mi novio—. Podemos empezar la próxima semana.

Sin decir más se va dejándome confundida.

—¿De qué hablaba?

Noto que el resto de personas se muestran nerviosas, ni siquiera había visto que Jerry ya se había escapado de nosotros.

PROGRAMA F3 Libro I y IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora