28. REINA ROJA

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Tamar

El cuerpo me pesa, la pierna me duele y el pecho lo siento como si tuviera encima un camión, abro los ojos y como si no fuera suficiente haber recibido dos tiros en diferentes partes del cuerpo en un mismo día, tengo al jefe de la mafia roja casi encima de mi, su pierna grande y musculosa reposa sobre la mía y su brazo está sobre mi cintura impidiendo que pueda moverme.

- alek - trato de despertarlo, pero mi voz sale casi en un susurro.

Tengo la garganta seca y mi cuerpo duele como si hubiera pasado un carro por encima una y otra vez.

- estás jodida amiga - es la voz de laika - mi hermano no se va a despegar de tu lado por ahora.

- espero que estés bromeando - trato de mover su brazo de mi cintura - no creo poder estar así mucho tiempo.

Ella se acerca a su hermano para ayudarme a salir de su cuerpo que me tiene inmovilizada.

- ¿Mila y Lilith? - necesito tener tranquilidad con respecto a ellas.

- ellas están bien, solo un poco mallugadas.

La información me brinda paz y dejó de lado la idea de alejar a la pared que tengo a mi lado.

- laika

- acá estoy cuñada

- ¿Arón? - deseo escuchar una buena noticia.

- escapó - el mal nacido uso los túneles subterráneos.

Miro al techo pudiendo a quien sea que maneje los hilos de mi vida que me permita encontrar a ese enfermo y matarlo.

- no te preocupes, lo seguiremos buscando y vas a estar bien, la principal amenaza ya fue eliminada.

Asiento y cierro mis ojos que de un momento a otro empiezo a sentir pesados.

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- aún debe tener cuidados, tomar sus medicamentos y descansar - escucho la voz de alguien a quien no reconozco - usted también debe tomar sus antibióticos para que la herida no se infecte.

Abro lentamente mis ojos y siento las manos de alguien apretar las mías.

- hola - susurra la voz más varonil y sexi que pueda existir en el mundo.

- hola jefe - saludo enarcando mis labios sonriendo como solo puedo hacerlo con el.

- tienes que cuidarte mucho mi guerrera - acaricia mi rostro y no logro decifrar la forma en que me mira.

- ¿Pasa algo? - indago curiosa porque jamás he visto esa mirada en el.

No poder descifrar que es lo que pasa por su cabeza me hace querer exigir que me diga lo que obviamente no se.

- somos tres - responde y yo no tengo idea de lo que habla.

Frunzo mi ceño y sigo mirándolo como si tuviera tres ojos en su rostro.

El lleva sus manos a mi abdomen y no sé si es que soy muy estúpida pero sigo sin entender algo el que él cree que es obvio.

- puedes dejar de actuar como si yo tuviera super poderes y pudiera leer tu mente - me molestó y retiro su mano de mi abdomen.

«¿Es posible que haya quedado retrasado por perder tanta sangre?», no lo creo yo perdí más sangre que el y no estoy como idiota.

- eres pésima leyendo tu propio cuerpo - me toma de las mejillas y me besa.

Un beso que empieza tierno y cargado de ternura pero que en pocos segundos se torna pasional y húmedo.

Las ganas de quitarle la ropa y cabalgarlo me llena de frustración al darme cuenta que no puedo, me duele el cuerpo en cada movimiento y es inútil tratar de hacerlo.

SIN PUDOR Donde viven las historias. Descúbrelo ahora