Capítulo 64. Mareos

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Saura
Un mes después…

Llamada
- Entiendo Jean pero entiende que no podemos hacer eso – digo mientras camino de un lado a otro en mi oficina –
- Es una gran oportunidad de entrevistar al cantante TYLR – dice y resoplo, tocan la puerta y me detengo para ver hacía la puerta –
- Jean déjame pensarlo – digo y Karla entra a la oficina – hablamos luego – me despido y cuelgo –
Finalizada Llamada

- Jefa el señor David está afuera – dice Karla cautelosa –
- Hazlo pasar – digo mientras dejo el celular en el escritorio –
- Vale – susurra y sale de la oficina –
- ¡Señora! – escucho a David y me giro para acercarme y abrazarlo –
- ¿Qué hubo? – pregunto y me alejo –
- ¡Todo de maravilla! Lucas es tan tranquilo hasta que tiene hambre – responde y me rio – pero vine para algo importante – dice y me cruzo de brazo – te conseguí una casa, puede que les guste – aclara y me quedo asombrada –
  - Vamos ya – digo y me doy la vuelta para acercarme al perchero, agarro mi chamarra y la cartera, me acerco al escritorio y tomo mi celular –

Volteo a ver a David y asiente, le hago un gesto y caminamos hasta la salida, salimos de la oficina y le pido a Karla que me llamé para cualquier cosa y que ya vengo, la castaña asiente y sigo a David hasta el ascensor, al llegar toca el botón y comenzamos a hablar de cualquier tema.

Unos minutos después se abren las puertas y salimos del ascensor, caminamos hasta la salida de la revista y nos acercamos al coche de David, baja el seguro y nos subimos, David me cuenta sobre la casa mientras nos ponemos los cinturones de seguridad y sonrío embelesada, necesito verla ya, pienso mientras me emociono por ir.

David enciende el coche y yo la radio, conecto mi celular y colocó Spotify, empieza a sonar Un beso de Al2 el aldeano, mi amigo y yo comenzamos a cantar a todo pulmón. 

-“Solo una noche en el tejado con el gato, bastó pa’ que te quedarás quieta como los retratos (ah-uh). Tú te confundiste cuando elegiste mi plato (ah-uh), chocaste con la magia buscando pasar el rato, me dijiste que una noche era más que suficiente y que al amanecer, cada cual a su vida normalmente.

De pronto estás pensando en mí y no sabes qué sientes, que qué fue lo que te hice, que no salgo de tu mente”

Llegamos un rato después y David apaga el coche, nos quitamos los cinturones de seguridad y me bajo del coche anonadada, sonrío encantada de lo hermosa que es la casa y volteo a ver a David, me mira y asiente sonriendo. 

Es una casa preciosa con una vista mágica hacía una buena parte de Bogotá, David toma mi mano y caminamos hasta la entrada de la casa. Entramos a la casa y una señora nos recibe, nos presentamos y luego comienza a enseñarnos la casa, estoy totalmente enamorada de este lugar. Una hora después estamos hablando en la sala y estoy muy convencida que es la casa perfecta.

- Hablaré con mi abogado para concretar, yo le estaré avisando – digo emocionada –
- Claro que sí señora Silva – responde amablemente la señora –
- Muchas gracias, estaremos en contacto – digo sonriendo mientras extiendo mi mano y la estrechamos – Hasta luego – me despido y nos alejamos –
- Hasta luego señora Silva – se despide y asiento –

David se despide y nos damos la vuelta para caminar hasta la salida, al llegar a la puerta abro y salimos, cierro nuevamente y sigo anonadada de lo hermosa que es la casa. El moreno y yo caminamos hasta el coche y nos subimos, ambos nos ponemos los cinturones de seguridad y David enciende el coche para salir del vecindario e ir hasta la revista.

Enciendo la radio y va sonando La promesa de Melendi, la dejo y comienzo a hablar con mi amigo mientras vamos a la revista de regreso. Un rato después llegamos a la revista y me quito el cinturón de seguridad, agarro la cartera y me giro a verlo, nos despedimos y me bajo del coche, camino hasta la acera y lo veo salir de la revista.

Causa y Efecto part II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora