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-¿Qué dices?- exclamó sorprendido- eso no es posible.

-Posibilidad es un término inadecuado, no estoy hablando de ningún potencial o intención- habló con tranquilidad- Lum es mi esposa, eso es una realidad material.

El rey Invader no supo identificar aquello que sintió en la boca del estómago, tan poco acostumbrado a vivir emociones lejanas al éxito de su poderío, no logró procesar aquello que su cuerpo le narraba. No obstante, sí pudo detener aquel impulso por oprimir el botón de emergencia al lado de su mano, algo le decía que perdería mucho más al hacer eso.

No adivinó a simple vista de qué raza se trataba, claramente antropomorfo, un hombre joven con gesto indefinible le sostenía la mirada, aún a través de la pantalla, de una forma en la que pocos se atrevían; buscó con rapidez alguna pista que le revelara su identidad o su intención, pero irónicamente, su transparencia le impedía reconocer algún  elemento anudado a los conceptos.

-¿Dónde está mi hija?- preguntó alterado

-Ella está afuera, estuvo evitando todo el tiempo que yo hiciera este contacto

El rey no conseguía leer a ese hombre que se dibujaba lleno de contradicciones, con una expresión oscilante entre la tranquilidad y lo siniestro, nunca quedándose demasiado en ninguno de los polos; pensó inicialmente que podía tratarse de un secuestrador, pero no lucía  como  un idiota que tomaría ese tipo de decisiones y mucho menos solo.

-Claramente- añadió Ataru- este miedo está relacionado a ustedes

-¿Ustedes?

-Tú y ese imbécil al que la vendiste

El rey se levantó de su silla en furia, decidido a ejecutar a este ser que se atrevía a cuestionarlo, a juzgarlo sin ninguna evidencia como un mal padre.

-Erin- continuó Ataru ignorando la cólera del que algún día llamó suegro- ¿en realidad conoces a la persona a la que vendiste a tu hija?

-Es el mejor de nuestros hombres- dio un puñetazo en su escritorio- no hay mejor prospecto que él para una princesa

-Entonces aceptas que la vendiste- sonrió de manera retorcida

El rey hizo una mueca de disconfort mientras volvía a sentarse, en el consciente, creía que no había hecho eso, no obstante, los constantes reclamos de su esposa le recordaban que en efecto hubo un intercambio, mismo que prefería conceptualizar como un nuevo beneficio de familia.

Al morir el padre de Erin, este dejó a su hijo todo el aprendizaje que era necesario para comandar al ejército del imperio, en una manera desesperada por cumplir su meta secundaria, hacer a su hijo subir aquel peldaño que lo posicionaba si bien no como un rey, ya que ese era su plan inicial al juntarlo con Lum, al menos como la mano derecha del rey en cuanto a la milicia.

El padre de Erin se encontró iracundo cuando su hijo entre lágrimas le confesó tanto el nuevo compromiso de la princesa con Rei como la paliza que este le había otorgado, culpándolo por haber sido tan inútil que Lum había preferido a un discapacitado mental que a su amigo de toda la vida; después de algunas semanas de crueles castigos, comenzó a maquinar su plan B, el cual consistía en lograr que su hijo superara al menos en habilidades militares a Rei y a cualquier otro que le pudiera estorbar.

Erin, que genéticamente no era tan dotado físicamente como su padre, heredando una corta estatura de su madre, tuvo que pasar por arduos entrenamientos y exigencias hasta conseguirlo, apoyándose de su fortaleza mental y psicopatía heredada de su progenitor, ambos podridos del alma desde el primer día de su nacimiento, secuestrados por el deseo compartido de ganar.

23 años | URUSEI YATSURA|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora