4. Luz

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—¡Hola de nuevo, Luz! ¿Vamos con tu siguiente parte?

—Me muero de ganas de hablar de esto, así que vamos.

Se sienta sin ser invitada frente a la cámara y a la directora, que lleva unos papeles apoyados en una carpeta.

—Antes de empezar con lo que es el guion, me gustaría que nos hablaras de cómo viste el comienzo de la girlband, cuáles fueron tus sensaciones una vez estuvisteis ahí... Ya he escuchado a Ainhoa empezar, y a Menchu continuar, pero me gustaría que nos contaras algo, una reflexión para remezclar en el documental.

—Pues fue todo una jodida locura, para qué mentir. —Se ajusta la camisa, sin dejar de mirar a la mujer—. Empezar todo ya con una baja, que Ainhoa la sustituyera y que captara aún mejor nuestra esencia... Fue un caos, pero uno muy bonito. No sé cómo habría seguido todo si ella no estuviera en el grupo, pero sin duda muy diferente. Los comienzos con ella se hacen muy fáciles.

—¿Por qué dirías eso? ¿Por tu crush desde el comienzo por ella?

—No, o sea... —Aparta la mirada, sintiendo su cara calentarse por la vergüenza—. Una de las cosas que más he admirado siempre de ella es cómo parece tenerlo todo bajo control. Quizá porque Ainhoa ya estaba metida en la industria, como compositora, pero siempre me dio la sensación de estar segura a su lado, como que sabía lo que estaba haciendo. Menchu y yo somos un poco desastres, hemos madurado poco a poco, pero ella... siempre ha tenido la cabeza en su sitio.

—Eso es muy bonito.

—Sí, y que no se me malinterprete, tuve un crush con ella desde los inicios, me parecía la tía más preciosa que había visto en mi vida, pero además me flipaba (y me sigue flipando) lo lista que es, cómo sabe siempre por dónde tirar. Claro, todos hemos cometido errores, pero hasta los suyos estaban medidos al milímetro. También es que es una puta genia musicalmente hablando. Entonces no tuve más remedio que encoñarme de ella.

—¿Quieres dejar de simpear por ella, por favor? —grita Menchu, de fondo.

—¡Cállate, anda! —Enrojece hasta las orejas. Escucha de fondo la risa de Ainhoa, pero no logra ver qué opina de su ataque de amor.

—Bueno, gracias por esto, nos vendrá bien para otros momentos. ¿Te parece que vayamos con lo del guion? —Lo señala, pero la mira a los ojos, buscando un consentimiento por una parte complicada de su historia como persona libre.

—Sí, claro, ya te digo, me muero por hablar del tema. —Se siente más erguida.

—Desde que no estáis en la discográfica, has hablado con mucha más libertad, tanto tú como tu pareja, del silencio en el que habíais tenido que vivir por presiones internas. ¿Podrías profundizar?

—Sí, aunque no sabría por dónde empezar.

—Aunque sea un poco cliché, por el principio estará bien. —Le dedica una sonrisa pacífica.

Luz asiente y coge mucho aire. Siempre es difícil volver a recordar esa época.

—Yo siempre he sabido que soy lesbiana, y creo que a nadie le sorprende a estas alturas de la vida. —Pone una mueca—. Claro, yo llegué al grupo con dieciocho años, a punto de los diecinueve, era como un gatito asustado. No había tenido muchas relaciones, para qué mentir, y ninguna seria, así que era una chica inexperta entrando en el mundo de la fama sin nada con lo que protegerme.

—¿Y qué pasó? —Se inclina hacia ella.

Por un momento, la morena se encoge en sí misma. Le cuesta reconocerse en aquella época, pero lo mejor es afrontarla para superarla bien y ayudar a otras personas.

El latido de una melodía - LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora