8. Ainhoa

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Esta canción no necesita presentacion, pero... toca Lo malo, de Aitana y Ana Guerra

—Antes de comenzar con mi parte de hoy —dice a la vez que sienta, y aun espera unos segundos hasta que Luz ha desaparecido en el interior del camerino—, quiero aclarar que sé cuándo me enamoré de mi novia, y fue en la primera gira que hicimos nosotras solas, sin ser teloneras, ¡Spoiler! —Alza los brazos con una carcajada—. Siento decepcionar, esa canción...

—¿No la compusiste para ella, entonces?

—A ver —pone una mueca—, hay que reconocer que fue muy raro para mí ver a Luz con novia, y disparó algo dentro de mí que no sabía que estaba ahí, que por eso lo compuse, pero en ese momento, internamente, yo no estaba celosa, solo rara.

—Aún no sabías lo que te pasaba, ¿no?

—Algo así. —Se encoge de hombros.

—Qué mentirosa, qué mentirosa —gruñe Luz, pero es arrastrada por Menchu lejos de la zona de grabación.

Ainhoa entrecierra los ojos, pero vuelve a la realidad con la siguiente intervención de la directora:

—¿Te parece si seguimos? Compusiste «Di que sí», que está considerada una de las mejores canciones del primer disco. ¿Y después?

—Después —ríe, con el nerviosismo aflorando en su pecho—. Después la presenté y empezamos a grabar el disco de forma oficial.

En el pasado, Luz y Menchu escuchan en silencio a la compositora. Solo habían oído el trocito que les mostró por audio, pero ahora, en directo y con tres minutos y diecinueve segundos para apreciar la letra, sienten la piel erizarse con fuerza.

«Porque nadie me ha mirado como miras tú

Porque nadie me ha escuchado con la piel

Y si encuentro a quién lo intente

No lo hará tan bien

Di que sí, que es verdad, dímelo».

La malagueña exhala un suspiro, mostrando con ese gesto todo lo que está sintiendo Luz, pero minimizado. Porque nada se parecerá a lo que siente en ese instante.

—Wow —pronuncia, en un susurro, intentando no romper la magia de ese instante.

—Tiene que ser la canción que nos falta. —Asiente Menchu, enérgica como ella sola.

Ainhoa sonríe y agacha la cabeza, meneándola.

—¿Creéis que pega con el sentido del disco?

—Creo que pega con todas las baladas que tenemos hasta ahora —responde la castaña, inclinándose hacia ella. Al notar la inseguridad que gritan sus ojos, suspira—. Esta canción es más personal, ¿no?

—¿Cómo? —Se pone recta, erizada, como una gata lista para atacar.

—No sé, que tienes canciones como «Seis», dolorosas, y no te cuesta tanto mostrarlas o meterlas en el disco. Así que supongo que esta será algo más para ti. —Se encoge de hombros, torciendo el gesto.

—Ya, no, no sé. —Se rasca la cabeza—. Sí que me gustaría que estuviera, solo me hace sentir... como que he sacado mucho de dentro.

—No te preocupes, no estarás sola en un escenario para defenderla. —Menchu aprieta su mano.

Asiente, cogiendo mucho aire. Se aparta del piano como si quemara y avanza hacia la pecera, decidida a cambiar el chip.

—Arturo dijo que teníamos que empezar a grabar las cosas, ¿no?

El latido de una melodía - LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora