29. Ainhoa

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La canción del capítulo es Lunes, de Sweet California

Aprovechando que tienen cerca la gira y la grabación del siguiente disco, lo que le impedirá viajar a casa, se toma la libertad de pasar su veintidós cumpleaños en Barcelona, con su familia. Ya tuvo que ir semanas atrás por un compromiso familiar diferente y, con lo contento que tiene a Arturo por la música que está componiendo, tiene pinta de estar a punto de pedirle que se quede allí hasta la gira, si así le compone otro disco entero.

Ella no se va a quejar: tener a su familia cerca es algo que le encanta, y a lo que renunció al irse a trabajar a Madrid como compositora en una discográfica. También ha visto a su familia política, incluida a Coco, que la quiere casi tanto como a su verdadera dueña.

Luz habría querido estar, pues en realidad no hacen nada en el estudio sin la única que sabe manejar una mesa de mezclas, pero Arturo le está controlando la asistencia a las clases de baile, así que no se permite faltar demasiado. Además, se suponía que Ainhoa volvería antes de San Valentín, pero está claro que no está destinada a que le salgan las cosas bien.

—¡Será una broma! —grita Luz, haciendo que su compañera de piso se gire hacia ella con susto. Al otro lado de la línea, Ainhoa se aparta el móvil de la oreja, con un gesto de disgusto—. Dime que estás bien, que voy para allá.

—Es una gripe nodmal y codiente, cadiño... Pero estoy mala y no voy a volver para contagiar a José Antonio o a vosotdas. Solo... cuidaos, ¿vale?

—Tendría que estar ahí contigo —se queja, dándose cuenta demasiado tarde de que ha sonado como una niña pequeña—. ¿Quién te va a cuidar?

—Tengo made.

—Lo sé, pero...

—Esa mujer aún no ha supedado que me fueda de casa antes de tiempo, según ella. Está encantada de que esté atrapada en su casa hasta que me recupede, con veintidós.

La del flequillo gruñe de forma infantil. No se la toma muy en serio, aunque le encantaría tenerla allí para comerse sus mofletes a mordiscos. Es adorable.

—Llámame si te pones peor. O mejor, que me llame tu madre, que si estás mal tampoco hace falta que pienses demasiado.

—Estadé bien... —Alarga todas las vocales, mientras se estira para alcanzar la caja de pañuelos—. Voy a sanar y a inspirarme.

—¿De verdad piensas componer mientras estás llena de mocos y hablando con la letra d?

—A mí todo me inspira, Luz, y aquí me abudo demasiado. Si no uso tu regalo de Navidad, me sentiría muy estafada.

—No me digas que acabaste la otra... —Suena como si estuviera a punto de ponerse de luto.

—Mmm, sí, más o menos. Tuve que hacerle cambios a «El trece», así que la reescribí entera. No me di cuenta de que eda la última página hasta que quise darle la vuelta.

—Como la tires...

—Sabes que no —suena tan calmada que no parece enferma.

—Vale, pero cuídate.

—Las mujedes de mi vida se encargan de que lo haga. No te pdeocupes por mí.

—Entonces... ¿me compondrás algo bonito?

—No sé, no sé... —Se hace la remolona, alcanzando un pañuelo—. Es lo que me salga. Pero tú siempre me inspidas, así que...

Casi puede escuchar su sonrisa, tanto como el «vale» que la acompaña. Se despiden poco después, dejándola a merced del aburrimiento. Su madre está trabajando, su hermana también, así que se ha quedado sola con sus pensamientos.

El latido de una melodía - LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora