13. Luz

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Espera con paciencia a que su novia termine su almuerzo. Se siente reventada de tanto ir de acá para allá, y eso que no están haciendo un gran esfuerzo. Simplemente es contar su historia.

—Te noto pensativa —comenta Ainhoa, dándole un gran mordisco a su bocadillo—. ¿Qué pasa por esa cabecita?

Luz coge aire y se encoge de hombros. No es nada especial, en realidad.

—Pensaba en toda la historia que tenemos. Si nos ponen más trabas, nos convertimos en Romeo y Julieta —ironiza.

—Eh, pero seguimos vivas. —La señala, con una sonrisilla. Luz se contagia enseguida de esos labios alegres y sus ojos brillantes—. Sobrevivimos a lo peor, ahora este disco va a ser la hostia. Más sabiendo que salimos después de este documental. La expectación va a ser brutal.

No puede más que darle la razón, con un asentimiento más convencido que los anteriores.

—A ver, nenas. —Se gira, descubriendo a Menchu caminar a toda velocidad en su dirección—. Id acabando que te toca, Luz.

La morena coge mucho aire.

—¿Qué me toca contar ahora?

—Creo que tu cumpleaños, cuando empezaron los festivales.

—Eso será divertido —murmura Ainhoa, escondiendo la sonrisa tras su comida—. Ve yendo, luego os alcanzo.

∞∞∞

Junio de 2015. Tras una gira que ha durado toda la primavera, Pastora Soler termina con un último concierto en Sevilla, su tierra. Ya han cantado toda la parte de teloneras, y esperan con otro vestuario a que les toque cantar con Pastora.

Malena ha querido venir, al igual que el resto de su familia. Aunque no sabe si querer es la mejor palabra. A pesar de haber solucionado pronto el pequeño error de la historia que subió a Instagram, la nota siempre con una mosca detrás de la oreja, y no le hace ninguna gracia que la vigile tanto. Está claro que no confía en ella, sobre todo en lo referente a Ainhoa.

En ese momento, la pelirroja se acerca a Menchu, momento que aprovecha para deslizarse al camerino. En un sofá, su novia se retuerce los mechones más morados mientras observa a la cantante en el escenario.

—Ey —la llama, apretando los labios al notar que apenas se ha inmutado—, me apetecía verte un ratito.

—¿No tendrías que estar esperando a que te llamen para cantar? —Alza una ceja.

—Sí, pero sé después de qué canción nos llama, me conozco el concierto de pe a pa. —Pone los ojos en blanco y se acerca—. Quería que habláramos sobre estas últimas semanas. Sobre todo, después del día de las pelis.

—¿Y de qué hablamos, cariño? ¿De cómo la metes en tu casa, duerme en ella, la gente ve cosas que evidentemente yo veo y te comportas como si nada? ¿Hablamos de eso?

—Ainhoa no tiene la culpa de esto, y tampoco los fans —aclara, entre dientes—. No ha pasado nada nunca con ella, sabes que me atraía, pero hasta ahí. Si ellos quieren ver otra cosa, no voy...

—Claro que no vas a echarles el freno. —Ríe, irónica—. Si está claro que te encanta que noten cómo sois cuando estáis juntas, ¡que no estoy loca si lo ve tanta gente!

Tiene que coger mucho aire antes de decir alguna estupidez que las ponga a malas. Le encantaría, al menos, que entendiera su amistad.

—No voy a discutir esto así —susurra—. Está claro que estás resentida.

—Si quieres no lo estoy: después de años luchando por salir del armario, mi novia me tiene obligada a volver a entrar en él, no sea que alguien se entere que es lesbiana. Por si fuera poco, a pesar de los intentos por parecer hetero, tu fandom te shippea con tu compañera de grupo. Estoy resentida si me da la gana, Luz.

El latido de una melodía - LuznhoaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora