CAPÍTULO 21: Tatiana

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Me despierto. Parpadeo lentamente, la mente aún atrapada en los últimos destellos del sueño. La habitación... es la misma. Pero algo no cuadra. Todo está en orden. El desorden de sábanas, la ropa en el suelo, los susurros y los cuerpos entrelazados... nada de eso está.

Miro a mi alrededor, y la realidad me golpea como una ola helada: estoy sola. No hay rastro de Eric. Ni de Axel. Ni del calor compartido que juraría haber sentido bajo mi piel.

Me envuelve un vacío punzante, como si algo dentro de mí se hubiese roto sin que me diera cuenta. ¿Fue un sueño? ¿Una alucinación? ¿Una trampa?

Me llevo la mano a la cabeza, no solo por el dolor físico, sino para detener el torbellino de emociones que amenaza con devorarme.

Alguien llama suavemente a la puerta.

- Cariño, ¿cómo te encuentras? - Pregunta mi madre al entrar.

- ¿Qué ha pasado? Me duele mucho la cabeza... - Respondo, fingiendo no recordar nada. Tal vez funcione. Me escudo en la resaca, en esa botella entera que bebí. Aunque el dolor... ese sí es real.

Miro de nuevo la habitación. Tan impecable. Tan vacía.

- Axel te encontró en el balcón, con una botella vacía de vino al lado. Estabas muy mal. - Explica mamá con suavidad. - Él y Eric te dejaron aquí, en esta habitación de invitados, para que descansaras.

Sé que no es toda la verdad. Eso es lo que le contaron. Lo que querían que creyera.

- ¿Y ellos dónde están? - Pregunto con una ansiedad que no consigo ocultar. Saber de ellos es lo más importante ahora.

- Se fueron a Terra. Recibieron una llamada urgente de su facción y salieron esta misma mañana, temprano.

Huyeron. Por aletas. Rio. Luego lloro. Todo en un mismo suspiro.

No puedo creer que simplemente se hayan ido. Sin una nota. Sin una palabra. Como si yo no significara nada.

Me siento usada. Como un objeto del que se deshicieron al amanecer. Y lo peor es que... no sé si fue real. Si lo que sentimos... si lo que hicimos... ¿Fue verdadero para ellos?

- Van a arrepentirse. – Susurro para mí misma, con una sonrisa torcida y amarga.

- ¿Cariño? ¿Estás bien? - Pregunta mi madre, preocupada al ver mi inestabilidad emocional.

- No, mamá... jugaron conmigo. - Confieso con voz rota. Ella no lo entiende del todo, y solo me abraza como cuando me abrazaba tras mis pesadillas de niña...

- Podrás verlos cuando estés en Terra. - Me dice para consolarme. Piensa que simplemente los echo de menos.

Pero no es solo eso. Me siento usada. Ridícula. Como un juguete roto.

- Sí... y cuando los vea, van aprender que conmigo no se juega. - Abrazo a mi madre, pero una sonrisa sádica se dibuja en mis labios.

Me hierve la sangre solo de pensarlo.

- ¿Conoces su fracción, mamá? - Pregunto con fingida inocencia. Necesito saber más. Dónde localizarlos. Cómo enfrentarlos.

- Solo sé que en su fracción hay diez... o más. - Responde.

- ¡¿Diez?! ¡Por las aguas frías de Glacitas! – Exclamo sorprendida.

Su compatible acabará reventada. La miro con los ojos como platos.

- Sí, es normal. - Añade mi madre encogiéndose de hombros. - Lo raro soy yo, que solo tengo cinco.

- ¿Y tú querrías más? - Pregunto con curiosidad.

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