CAPÍTULO 13: Tatiana

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-Solo venía a ver cómo estabas. – Me dice mi madre, conteniendo la risa.

-Mejor. – Respondo, desviando la mirada para no verlos. No quiero que me vean así, desarmada.

-¿Ari... se ha apareado? – Pregunta Derek en un tono inexpresivo. ¿Qué le pasa ahora? Le asiento, confirmando su pregunta. – Viendo que estás bien... yo... me voy. – Dice mi hermano sin más y se va. ¿En serio? A esto le llaman una visita exprés. Qué considerado.

-Cariño, te presento a Eric Chiro. Estaba preocupado por ti. Se ve que ya se conocían, ¿es cierto? – Pregunta mi madre con esa mirada pícara que solo ella domina. Genial. ya sabe que es él, a quién me refería en nuestra última conversación.

-Sí... – Le contesto con un nudo en la garganta.

-Bueno, entonces os dejo solos. Voy a por tu té y vuelvo. – Avisa mi madre con un tono cantarín.

No, mamá, no me dejes sola con él, aún no sé cómo comportarme cuando está tan cerca. Trago saliva. Recojo algo de coraje donde no tengo y me obligo a mirarlo. El solo hecho de hacerlo provoca que los síntomas vuelvan, más suaves, pero igual de intensos: olas de calor en el vientre, mariposas que se convierten en tormenta. Respiro hondo. ¿Por qué me afecta tanto?

Él me mira como si me analizara. Su respiración se vuelve más profunda, como si estuviera absorbiendo mi esencia. ¿Mi olor? ¿No le molesta? Su expresión cambia, y sus ojos dorados ahora brillan con un fondo negro inquietante. Su seriedad me atraviesa... pero no como la de papá o Derek, que intimida. Esto es distinto. Me pone nerviosa, en alerta... pero me gusta.

-Ayer, parecía que tenías fiebre. Me dejaste preocupado. – Dice con su voz ronca que acaricia mis oídos.

-Si... - Musito.

Tengo miedo de hablar más y decir una tontería. Tengo miedo de que descubra que me tiene completamente embobada.

-No creo que tengas una fosa negra... más bien un volcán. – Menciona de repente con una sonrisa contenida.

Su comentario me confirma que sí, ha escuchado lo que hemos hablado con las chicas. Conchas del mar. Thalori llévame a tus profundidades.

-Así que eres el duque... - Menciono para desviar la atención, aunque su presencia nubla mis pensamientos.

-Y tú, mi princesa. – Responde con un tono ligeramente posesivo, y ese "mi" resuena demasiado fuerte en mi interior. ¿Por qué suena tan bien?

Nos quedamos en silencio examinándonos mutuamente con la mirada. El ambiente se vuelve espeso, cargado. Por suerte, el sonido de la puerta nos distrae y ambos dirigimos la mirada hacia allí.

-Cariño, te he traído el té. – Dice mi madre entrando a la habitación.

Bendita seas, mamá. Me estaba poniendo más nerviosa que en un examen de protocolo.

-Gracias mamá. – Le digo mientras sujeto el té con ambas manos, buscando refugio en su calor.

-¿Ya os habéis presentado debidamente? – Pregunta mama con una sonrisa divertida.

-Si, majestad. La princesa es una aquamarina muy escurridiza. – Comenta Eric con una sonrisa sin apartar la vista de mí. ¿Por qué me mira así? Como si fuera una criatura preciosa que acaba de descubrir.

-Sí, mi pequeña, cuando menos te das cuenta ya ha desaparecido de nuevo. Vete tú a saber dónde. – Se queja mi madre.

-Mama. – Le reprendo con la mirada. No es momento de contar anécdotas vergonzosas.

-¿Ya has resuelto los asuntos con el rey? – Le pregunta mama a Eric.

-Aún no, mañana también me reuniré con él. – Le responde con esa voz grave que me da escalofríos de los buenos.

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