CAPÍTULO 30: Kalem

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El sonido de las voces elevadas llega a través de las paredes como un murmullo molesto. En Doumon, los alborotos no son infrecuentes en los primeros días de convivencia. Las jóvenes de diferentes lugares de Terra y Aqua se reúnen, cargadas de orgullo, prejuicios o miedo, por lo que es normal chocar. Sin embargo, una de esas voces... algo en esa vibración me empuja a intervenir personalmente.

Minervo camina a mi lado, en silencio, como siempre. Su percepción es aguda, pero incluso él nota que algo me crispa. No digo nada, pero ladea ligeramente la cabeza, como preguntándome sin palabras si debe preocuparse. No respondo. Solo giro en dirección al ala oeste. Las voces aumentan, y entre ellas, distingo una particularmente desagradable, una Morrigan. Las trillizas llegaron en el primer grupo de hembras al Doumon y quienes los medios las han proclamado como nuestras posibles compatibles, algo molesto. Y como desde que llegaron, dónde alguna de las hermanas se encontraba, se convierte en un centro de drama.

Cuando doblo el pasillo y me hago presente, todos inmediatamente se giran. El guardia se endereza. Algunas de las presentes retroceden como si mi sola presencia bastara para congelar la escena. Es un efecto que no busco, pero que raramente puedo evitar. Es la herencia de mi linaje, de mi energía elfica.

- ¿Qué pasa aquí? - Pregunto con voz serena, sin elevar el tono. No necesito hacerlo.

Morrigan intenta enderezarse como si pudiera sacudirse la vergüenza de sus plumas. El guardia me explica. Otra vez un problema de convivencia con las Morrigan. Esta vez, una de ellas ha quedado petrificada por una acusación lanzada sin evidencia. Me resulta tan agotador como predecible.

Mientras el guardia habla, analizo cada rostro. Un grupo de chicas aquamarinas, firmes pero tensas. Entre ellas, una destaca por la luz que la envuelve. Se presenta como Tatiana Posean, la princesa de Aqua, hija de Silvia Salvatore, la vampira rebelde del clan noble Salvatore. Su energía es distinta. No tanto por ser hija de la realeza, sino por algo que aún no logro definir. Cuando nuestros ojos se encuentran, hay un instante de electricidad. Un breve cruce, como si ella sintiera algo también. Pero mantiene la mirada firme, sin alterarse por mi presencia. La respeto por eso. Mi energía suele alterar a los de mi alrededor.

- Vamos al despacho. - Ordeno. No hay espacio para discusiones en los pasillos. No mientras hay miradas hambrientas de cotilleo tras cada esquina.

Las acompaño en silencio. El grupo es ruidoso incluso cuando no hablan. Morrigan resopla, las aquamarinas intercambian unas cuantas palabras antes de empezar a seguirnos y el guardia apenas puede mantenerse al ritmo. Solo Minervo y yo flotamos como dos sombras por el pasillo, acostumbrados al peso de decisiones más grandes que una riña estudiantil. Noto que Minervo, aunque no dice nada, frunce ligeramente el ceño al escuchar el tono chillón de la Morrigan. Me basta con ese gesto para saber que está tan harto como yo.

El ala este es mi refugio. Maderas nobles, aromas a hojas secas, bordados élficos. Un eco del hogar que dejé atrás. Minervo abre la puerta. Ingresamos. Morrigan se sienta sin ser invitada, por supuesto. Tatiana permanece de pie. Observadora.

Tomo aire. No dejo las emociones que me rodean se mezclen con la escena. Observo y evalúo.

- Este despacho no es lugar de gritos ni acusaciones. Solo hechos y responsabilidades. - Inicio. Lo digo siempre, casi como un ritual. Pero nunca pierdo la intención de mis palabras.

Morrigan dramatiza, como es habitual. Intento no frustrarme. Su teatro ya me cansa.

Solicito la presencia de la implicada, Emma. Mientras el guardia va por ella, la hembra, como es costumbre desde que llegó, intenta coquetear conmigo.

- Kalem, cariño... - Comienza.

Lo ignoro. Minervo gira los ojos discretamente, como si la escena le provocara una punzada de vergüenza ajena.

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