Desde la hora de comer, estoy en mi habitación estirada mirando el techo. Las maletas ya están preparadas, los preparativos ya están listos, la nave que nos transportará a la superficie ya está comprobada y lista y los guardaespaldas que nos acompañarán ya están asignados. Ya no hay vuelta atrás.
No sé qué vendrá mañana en Terra. Pero sé una cosa: ya no soy la misma que anoche. Algo murió. Algo nació. Y cuando los vuelva a ver... ellos lo sabrán. Medito en mi habitación, cuando tocan a la puerta.
- ¿Sí? – Pregunto sin moverme de mi posición.
- Señorita Posean, el rey desea verla. – Responde el sirviente desde detrás de la puerta.
- ¿Es urgente? – Pregunto alarmada porque es raro que mi papa Andreu quiera hablar conmigo.
- Sí, mi señorita, quiere verla antes de partir. – Informa el sirviente.
- Ya salgo. – Le informo.
Me levanto de un salto y corro al espejo. Reviso mi atuendo, mi peinado y mi rostro; todo debe estar en orden, presentable. Es extraño que mi padre Andreu quiera hablar conmigo.
Acompañada del sirviente quién guía el camino nos trasladamos a otra zona de palacio, concretamente al salón de los corales blancos uno de los espacios más antiguos y sagrados del Palacio Thala. Tan solo una vez había entrado allí, siendo apenas una niña y ahora... ¿Por qué mi padre me habrá citado aquí? El sirviente abre la puerta por mi y yo me adentro dentro.
Las paredes son tersas, hechas de coral blanco translucido que brilla con la luz de las esferas marinas, una luz suave y danzarina teñida de tonos azulados y verdes. En el centro se alza una mesa de conchas madreperla donde se reúnen generaciones de reyes para discutir los destinos del reino y en el encabezado una gran estatua perlada de la representación de Thalori, la consciencia del océano.
A lo lejos, veo a mi padre, de pie junto a una ventana que da a la eternidad líquida del océano. Por un momento, observo a mi padre con su largo cabello azul ondeando libre y sus ojos turquesas, iguales a los míos, perdidos en el mar infinito, inmenso e impenetrable. Parece tan vulnerable.
El sirviente cierra la puerta con suavidad detrás de mí y un silencio nos cubre por completo.
- Gracias por venir, Tatiana. – Dice mi padre con una voz insólitamente dulce.
Se mantiene de pie, observando las corrientes danzar entre algas y peces de luz.
- Me dijeron que era urgente. – Menciono.
- Lo es, pero no por un peligro inmediato. Más bien.... Es por ti. – Confiesa mi padre ahora mirándome directamente. – Ven, siéntate. – Me dice él aproximándose también a uno de los bancos acolchados con algas doradas, suaves al tacto.
Entrecierro los ojos, intrigada. Le sigo con cierta rigidez hasta sentarme intentando mantenerme erguida, con la determinación que debería tener una princesa, aunque sé que estoy sentada frente a un rey... y padre, pero pocas veces ha sido ambas cosas a la vez. Mi padre, con un suspiro, se sienta frente a mí. Pasado unos segundos, me observa con atención, sin disfrazar la emoción en su mirada como normalmente hace.
- Has crecido, Tatiana. No solo en cuerpo... sino en presencia. Ya no eres solo una princesa. – Dice desviando la mirada hacia la estatua de Thalori.
- E-esto, papa. ¿Por qué querías verme? – Le pregunto algo cohibida e intrigada.
- Hasta ahora, he sido un rey antes que un padre. – Confiesa papa. Observo como en su mirada hay un matiz de tristeza y melancolía. – Sin embargo, eso ya no basta. La verdad que necesitas no puede dártela solo un monarca, sino un padre, un familiar con la sangre de los Posean.
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POSEAN
FantasyPlaneta Viridis, antiguamente conocido como Tierra, cambio el nombre después de la transformación radical que sufrió el planeta. La Era de Hades provocó grandes consecuencias afectando a todas las especies habitadas en el planeta. Se sufrió una alar...
