CAPÍTULO 3: Eric

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Regresar a Aqua nunca ha sido tan agridulce. A mis treinta y seis años, llevo más de dieciséis en Terra cumpliendo con mis funciones diplomáticas y militares, siempre con un pie en los estudios de campo y otro en las responsabilidades familiares. No obstante, este año todo es distinto: mi hermana menor, Erika, cumple los veintidós este año, y es su turno de partir hacia Terra para las pruebas de compatibilidad. Regreso para acompañarla, no lo demostraré, pero dejarla partir me carcome por dentro.

- Solo asegúrate de que no se meta en líos. - Le dije a mi tío Siredor en mi última visita, cuando la volví a dejar a su cuidado durante mi ausencia.

- Puedes confiar en mí, Eric. Como siempre. - Respondió él con una sonrisa que me dio la paz que necesitaba.

Mis padres y mi madre han muerto hace ya diez años, y mi tío, es quien ha asumido muchas veces el rol de protector tanto para Erika como para mí.

A mi llegada, lo primero que hago es asegurarme de que todo esté bajo control, por ello, voy hacia mi tío a preguntarle sobre el estado del territorio y los últimos informes de vigilancia de la Fosa.

- Durante la inspección de este año, hemos detectado casos aislados de criaturas que parecen haber desarrollado una leve hipersensibilidad al Laxius. - Me comenta con tono neutro, aunque su mirada carga con una tensión apenas perceptible. - Aún no lo hemos confirmado del todo. Pero por si acaso, mantente alerta.

Esa frase basta para activar todas mis alarmas. Me reúno con mi compatriota, el hijo de la duquesa Solea, su madre y con la duquesa Rodón para preguntar sobre está situación. No dudan en apoyarme y juntos armamos un equipo de investigación para encontrar alguna de estas criaturas y poder investigarla. Viajamos a Mareltum y durante días exploramos zonas inestables, cruzando túneles de roca cristalinas e incluso campos de Laxius parcialmente explotados.

Y entonces, ocurre un ataque.

Nos acercamos al territorio de la Fosa cuando las criaturas emergen agresivamente del fondo abisal como sombras vivas. No son bestias conocidas. Tienen algo... distinto. Sus ojos brillan con un fulgor dolorido, como si incluso su propia existencia les doliera. Resistimos lo que podemos, pero uno a uno caemos heridos. Mientras mis compañeros luchan, yo intento usar mi don, ese regalo de Thalori que me permite leer mentes.

En medio del caos, una criatura marina con escamas negras y una mirada agónica, se me queda mirando clavando sus ojos en los míos. Hay algo en ella que reconozco. No por haberla visto antes, sino porque me recuerda a las criaturas de la Fosa, pero al mismo tiempo... no lo es.

Extiendo mi don hacía ella para ver si puedo llegar a comunicarme. No recibo palabras, ni pensamientos articulados. Solo un grito desesperante.

- ¡Ayuda!

No es una amenaza. Es una súplica. Aun en su forma salvaje y deformada, aquella criatura solo quiere ser salvada.

Y entonces, un espolón de hueso me atraviesa el costado.

Gimo, me defiendo con lo último que me queda de fuerza. Mis compañeros terminan de abatir a los atacantes. La criatura que me habló muere a pocos metros de mí, gimiendo, dejando una estela de energía Laxius alterada en el agua.

Mi tío tenía razón, pero se quedó corto, hay más... Las criaturas no solo están desarrollando hipersensibilidad al Laxius. Están despertando algo más: conciencia y... ¿Sentimientos? Esa criatura murió sufriendo y con miedo.

Tan pronto se recogen las pruebas, quiero ir directo a informar a los reyes, pero el sangrado en el costado me hace tambalearme, y los ojos de mis compañeros dejan claro que no tolerarían una negativa de mi parte. El equipo me obliga a pasar primero por el hospital de Coralys antes de ir a palacio.

Ahí es donde la veo.

La princesa Tatiana Posean Salvatore. La reconozco de un solo vistazo.

Claro que sé quién es. Todos lo sabemos. Pero verla en persona... es otra cosa. Su voz. Su manera de curar. Su energía. Me dejan sin aliento.

Y, sin embargo, no me derrumbo. Nunca lo hago.

La sala huele a sal y esperanza. Las paredes de perla gigante brillan al ritmo del mar. Y entre esos reflejos azulados y verdes, está ella. Cabello rubio platino, mirada concentrada, guantes translúcidos... y una presencia que me corta el pensamiento.

La observo mientras sana a los demás. Manipula nuestras células acuáticas con una precisión quirúrgica, como una artista. Hasta que llega a mí.

- ¿Doctora? - Pregunto al verla acercarse.

- Casi, pero seré quién te cure —Responde.

Y en ese instante, lo sé. Estoy perdido. No por amor. No por deseo. Por algo más visceral. Algo que me arde en los huesos.

Intento bromear, como si eso pudiera distraerme del ardor de la herida... o del temblor nuevo que me provoca tenerla tan cerca.

- Entonces, eres mi diafragma, porque sin ti no creo poder respirar.

Se molesta, claro, pero no aparta su mirada. Ella responde con firmeza, sin dejarse intimidar. Me gusta más aún por eso.

Su poder, cuando toca mi piel, es un alivio y... una condena. Su toque me quema.

Sin embargo, detrás de su profesionalismo, leo algo más. Curiosidad y... algo más profundo. Algo que yo mismo siento: esa extraña y poderosa sensación de haber encontrado a alguien que, sin conocerte, ya es parte de tu historia.

Cuando me pregunta por mi apellido, me niego a dárselo. No por arrogancia, sino por diversión. Porque quiero volver a verla. Porque espero que quiera descubrirlo por sí misma. Que tenga interés en mí. Que me busque. Que me recuerde.

Menciono la hipersensibilidad al Laxius y su rostro cambia por completo. Y, sin querer, leo su mente. Lo que sabe, lo que teme. El conocimiento que posee es restringido. Tiene razón: no debería haber hablado tan libremente. No obstante, si ella también lo sabe... tal vez el palacio no esté tan ciego como creo. O quizás hay algo más. Algo que nadie está diciendo.

Me reprende, por supuesto. Por revelar algo que debía ser confidencial.

- Entonces tal vez no deberías interrogarme así, princesa. — Respondo, revelando que sé perfectamente quién es y no lo he revelado al azar, sino porque sé quién es ella.

Observo su reacción. Me encanta ver cómo su rostro se tensa apenas al oírme confirmar lo que ya sospechaba. Intenta mantener la compostura, pero sus manos tiemblan apenas al guardar los instrumentos.

Antes de irme, me acerco a ella y le susurro con media sonrisa:

- Es usted quién no debería estar aquí sin autorización.

Sus mejillas se tiñen como los arrecifes al amanecer.

Tan inesperadamente encantadora, mi princesa.

Por un instante, nos desafiamos con la mirada. No sé quién gana. Solo sé que, mientras me alejo del hospital, el ardor de la herida es insignificante comparado con el que me arde en el pecho.

Ya espero nuestro próximo encuentro, porque obviamente va haber uno.

Así regreso a mis obligaciones. Además, Erika me espera. Sin embargo, durante el trayecto, no pienso en mi hermana, ni en mi herida, ni en la posible amenaza que se cierne. Solo en ella. En la princesa que me quema sin tocar fuego.

!MIS REINAS! La novedad de la edición del libro. !Puntos de vista de los protagonistas!

¿Qué os parece la idea? ¿Os ha gustado saber sobre Eric? Creo que de está manera se aclara mejor el por qué de algunas incógnitas anteriores vuestras.

En la imagen al inicio se presenta una representación creada por IA de Eric... Os leo en comentarios ;)

Espero hayáis disfrutado de la lectura >.<

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