CAPÍTULO 37: Tatiana

236 28 3
                                        

Las Ambrosia. Vestidas con vestidos que desafían el protocolo de Terra, caminando en perfecta sincronía con sus tacones resonando con un eco que parece diseñado para provocar y marcar territorio, se posicionan justo frente a Emma, Jess y Natalia. Sin pedir permiso, como si el espacio nos perteneciera por cortesía y a ellas por derecho divino.

- ¿No que el director las ha sancionado? – Pregunta Emma, frunciendo el ceño.

- No deberían estar aquí. – Añade Jess.

- ¿Por qué tienen permitido el acceso? – Pregunta otra chica.

Los comentarios se multiplican en susurros nerviosos. Yo solo puedo observar como las trillizas se acomodan con altivez de quienes no aceptan un no como respuesta.

- Esto es una burla. – Espeta una mujer nigriventer, lo suficientemente alto como para que ellas escucharan.

- No sabíamos que las invitadas de relleno podían opinar. – Dice la que esta posicionada en el medio sonriendo con desprecio.

- Llegan tarde y aun así pretenden ocupar el centro. Que conveniente. – Salta una hembra bestia tigre.

- ¿Y tú eres...? Ah, sí. La que está aquí solo para llenar la cuota del convenio. – Contesta la hermana de la derecha inclinando la cabeza hacia ella con fingida curiosidad.

- ¿Qué dijiste? – Salta la hembra roja como un carbón encendido.

- Lo que todas pensamos. – Interviene la hermana de la izquierda, cruzándose de brazos. - ¿En serio creen que pueden competir? Aquí se trata de linaje, de herencia, de genética... no de mendigas que vienen a buscar a su fracción para subir de categoría.

Sus palabras caen como cuchillas. Varias chicas murmuran indignadas. El murmullo se convierte en un zumbido escandalizado. La tensión explota y algunas comienzan a gritar, otras intentando calmarlas, pero la discusión no para. Yo permanezco en silencio, evaluando.

- Ustedes no son las únicas que tienen derecho a estar aquí. – Dice una hembra bestia pavo real con el cabello de colores más largo que he visto en mi vida.

- Por supuesto que no. – Contesta la del medio con una sonrisa venenosa mirando a las mujeres bestia. – Pero algunas no deben olvidar que fueron elegidas por lastima.

Las cámaras de Orbe no dejan de girar sobre nosotras captando la tensión como si fuera parte del espectáculo. Puedo sentir el sudor de mis manos, el impulso de responder y el miedo de quedar en evidencia ante todos. No puedo dejar de pensar: "¿Por qué las dejaron entrar?"

- ¿Por qué no se largan? – Escupe esta vez una mujer bestia zorro. – Nadie las quiere aquí.

- ¿Nadie? – La del medio arquea una ceja y gira la mirada hacia los machos que suben hacia la plataforma y conversan entre ellos. – Que curioso... los machos presentes y mis padres opinan distinto.

Sus palabras son como si hubieran sido ensayadas para clavar el ultimo clavo en el ataúd. Nadie las vuelve a enfrentar. "¿Quiénes son sus padres?" "¿Por qué algunas de las presentes actúan cohibidas ante la mención de sus padres?" "¿Tanto poder tienen en Civitas?"

Kalem aparece de inmediato manteniendo su porte firme y su expresión seria digno del director del Doumon.

- Basta. Este no es el momento ni el lugar para sus disputas personales.

Las Ambrosia giran sus caras como si ignoraran a Kalem aun así obedeciendo su orden de no soltar ningún otro comentario malévolo hacia las hembras. No obstante, aparece un hombre que parece ser el padre biológico de las Ambrosia por sus hermosas alas blancas de ángel en su espalda.

POSEANHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora