CAPÍTULO 32: Tatiana

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El transporte se desliza suave sobre los raíles que cruzan Civitas, como si flotáramos sobre una arteria brillante que recorre el corazón del reino. Desde la ventana, la ciudad se despliega como una joya, edificios que se curvan sobre jardines suspendidos, jardines bioluminiscentes que dibujan estelas en el aire y pasarelas de cristal que serpentean entre los edificios como venas vivas.

Me quedo pegada al vidrio, absorta. He vivido en Aqua toda mi vida, por ello, Civitas me parece un lugar ajeno. "Demasiado perfecto y controlado." Pienso, mirando también a los diferentes drones rondando en el aire por toda la gran ciudad.

- ¿Estás bien? - Me pregunta Ari, desde el asiento de enfrente.

Tiene el cabello recogido en una trenza doble y revisa por décima vez la lista de tiendas que se encuentran en Hydroterra, siendo Nami Cousture la más popular entre las hembras.

- Sí. - Respondo. - Solo... observando.

- Necesito ropa nueva y un vestido perfecto para la fiesta. - Dice Dani con emoción contenida. - Algo con escote y vuelo. Como para decir "mira qué diosa sale hoy", pero sin parecer desesperada.

- Yo un par de botas negras hasta la rodilla. - Añade Sam. - Quiero patear el prejuicio con estilo.

- Yo quiero buscar algo... etéreo. - Dice Ari, pensativa. - Como de hada del abismo. Oscuro, pero delicado.

- Yo necesito algo sexy pero cómodo y elegante. - Afirma Maddie, cruzando los brazos. - Que diga "sé pelear, pero también puedo romperte el corazón con una sola sonrisa".

- ¿Y tú, Erika? - Pregunto, curiosa.

- Un conjunto blanco o amarillo. – Responde casi en un susurro.

- Pero si la tímida, habla. – Bromea Sam guiñándole un ojo a Erika, quién responde rodando los ojos.

Nos reímos todas. Me alegro que poco a poco Erika se vaya sintiendo más cómoda con nosotras y se abra más. Me apoyo contra el cristal de la cápsula, dejando de observar el exterior.

- Yo... quiero algo que me haga sentir yo misma. - Susurro. - Algo que me recuerde que no soy solo una princesa. Ni una herramienta política. Ni un peón en las compatibilidades.

- Entonces encontraremos el vestido perfecto para eso. - Dice Maddie, tomándome la mano. - Te lo prometo, tienes a tu próxima diseñadora personal de tu lado.

El transporte se detiene con un leve zumbido. Las puertas se abren hacia una plataforma pulida, donde un holograma brillante nos da la bienvenida: "Bienvenidas al centro comercial Hydroterra. Conectamos deseos con posibilidades."

- Qué cursi. - Suelta Maddie, estirando los brazos como una felina desperezándose. - Pero estoy lista para gastar.

Tan pronto bajamos del transporte proporcionado por el Doumon, lo que más me llama la atención no es el diseño de la Hydroterra, sino las miradas.

Miles de machos que transitan por todas partes, ya sean solos, en grupos o los que se encuentran trabajando nos observan. Actúan de forma contenida, pero visiblemente emocionada. Se detienen al vernos, nos observan con fascinación, admiración y... ¿esperanza? Algunos bajan la mirada, otros sonríen con timidez, y unos pocos se quedan petrificados, como si en ese instante pudieran haber sentido algo... o estuvieran deseando que alguna de nosotras fuera su compatible.

Los más jóvenes se reúnen discretamente cerca de las vitrinas que nos reflejan, mientras murmuran entre ellos. Los vigilantes y centinelas intentan mantener el orden, pero incluso ellos se tensan al vernos.

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