Me mantengo en la penumbra, lejos del centro del salón, donde las máscaras ríen, brindan, se rozan como si eso bastara para formar alianzas. El cristal de mi copa refleja luces doradas, pero no bebo. Solo observo. Desde este rincón puedo verlos a todos sin ser molestado, como un depredador que estudia a su presa. El espectáculo es el mismo de siempre: hembras perfumadas, machos inflados de orgullo, gestos estudiados y sonrisas falsas.
Todo es un teatro. Y yo odio el teatro.
Entonces, la huelo. Antes la he saludo. Al mirarla a los ojos, algo se activó automáticamente en mi instinto. Una conexión, pero eso es imposible. Sin embargo, su olor, sin poder evitarlo, ha quedado grabado en mi inconsciencia. Lo odio, porque no necesito verla aún para saber que ha entrado en mi espacio. El aroma llega antes que sus pasos. Es tenue, distinto. No es como el de las otras. Tiene algo más... como el filo dulce de la luna antes del zarpazo de la noche.
Ella.
Se aproxima sin saberlo, buscando refugio en el rincón donde yo ya estoy. Cuando finalmente aparece ante mí, lo sé. Lo sabe mi instinto. Lo grita. Pero lo ignoro. Porque no. No puede ser. No otra vez.
- ¿Vienes a esconderte? - Gruño, sin apartarme de la columna ni cruzar los brazos, como si el mármol pudiera contener mi pulso.
- No... necesito un respiro. - Su voz es suave, pero hay algo firme en su tono. No es sumisa. No baja la mirada.
La observo. Un instante que se alarga. Tiene esa luz, ese brillo maldito que sé reconocer. Una mirada limpia, esperanzada. Ingenua. No sabe lo que este lugar es. No entiende el juego, ni el veneno que recorre las venas de este salón.
Se gira a mirar al resto. Su atención se posa en Kalem. ¿Sabrá qué es parte de la fracción líder? ¿Por qué le mira a él de entre todos los presentes? ¿Se habrá cercado a mi con ese propósito? Como hizo Arys... Al final todas son iguales.
Siempre se fijan en ellos. Los que sonríen fácil. Los que juegan el papel de caballeros mientras las hienas les muerden los talones. Y ellas... las que se creen especiales. Las que piensan que sus ojos, sus palabras, su pureza bastarán para ser la excepción.
- Siempre es lo mismo. - Mi voz resuena en mi pecho más que en el aire. Pero ella la oye. Se gira.
- ¿Perdón?
Me despego de la columna y doy un paso hacia ella. No sonrío. No disimulo.
- Todas son iguales. - Lo digo con la calma del filo antes del corte. -Usurpadoras.
La palabra le duele. La veo. No la esperaba. Mejor. Que lo entienda ya. Que huya antes de que sea tarde.
- No... no sé de qué habla. - Balbucea, como si de verdad creyera estar fuera de todo esto.
- Tienes esa mirada ingenua. - Murmuro. - Crees que esto es un juego. Que vas a encontrar un cuento de hadas entre toda esta podredumbre.
- No he dicho nada. - Replica, a la defensiva.
Exacto. Como todas. Se creen distintas. Se ofenden. Pero terminan igual.
Me acerco otro paso. Lo suficiente para que sienta lo que soy. Para que note que no es bienvenida. Que esto no es un cuento.
- No hace falta. Todas terminan demostrando lo mismo. - Mi voz es fría y afilada. La verdad duele. Pero prefiero el dolor a la ilusión. – Garrapatas. - Suelto. - Que vienen buscando su príncipe azul... y cuando lo tienen, se van con el primer macho idiota que pasa por delante.
Me mira como si le hubiese roto algo por dentro. Bien. Mejor ahora que más tarde. Sin embargo, su mirada me rompe a mí también, aunque no lo dejo ver. En sus ojos hay algo que detesto ver: mi reflejo.
- No me conoce. - Me lo escupe con más fuerza esta vez. - No puede juzgarme así.
Ah, pero sí puedo y debo hacerlo.
- No necesito conocerte. - Digo con esa media sonrisa amarga que me queda cuando quiero ocultar todo lo que no debo decir. - Siempre es lo mismo.
Se gira. Herida. Orgullosa. Buen intento. Da un paso para alejarse, pero tropieza. Y entonces ocurre.
La atrapo antes de que caiga.
Contacto. Piel. Respiración. Electricidad.
El temblor es inmediato, para ambos. Su cuerpo vibra y el mío se tensa. Su cercanía despierta algo que debería estar dormido, algo que sellé hace tiempo, y eso me enfurece más que cualquier traición. No puede estar en mí. No puede despertar lo que enterré con sus huesos. Por eso, la odio.
- Mantente lejos de mí. - Susurro, apenas audible. Mis labios rozan su oído sin querer. Pero no lo retiro. No puedo. Solo pronuncio el veneno.
- No repitas los errores de otras.
Me alejo sin mirar atrás.
Cada paso duele. Cada músculo se tensa. Cada sentido grita que regrese, que me quede, que la huela, que la reclame. Pero no. No esta vez. No otra vez.
Ella no lo sabe, pero ya me ha herido. Solo con estar. Solo con existir.
Ella no lo sabe, pero la he sentido. De verdad. Y eso es lo que más me enfurece.
Camino firme, como si no me persiguiera el pasado.
Como si no sintiera el eco de su temblor en mis manos.
Como si no acabara de sellar, otra vez, una maldición que llevo conmigo desde antes que me llamaran líder. Desde antes de que él muriera por culpa de ella.
No veo el orbe flotando sobre nosotros, grabando cada segundo, cada gesto y cada palabra como si fuéramos dos amantes secretos en una novela escrita por el destino. No lo veo. Y tampoco me importa.
Solo sé que ahora mismo necesito distancia. De ella. De mí mismo.
Antes de que vuelva a perder el control.
Antes de que vuelva a elegir mal.
Antes de que sea demasiado tarde.
La noche no se detiene por un encuentro infortunio. Afuera, la farsa continúa y la fiesta transcurre sin contratiempos.
Como siempre, Azael buscando nuevos nobles que le apoyen y quedando bien frente a la cámara, con ello frente a la población terrana. Impostor y falso, aún así un gran estratega y manipulador. No me extrañaría que pronto nos exijan que su fracción se una al Consejo de Civitas. Pero a pesar de ello, no puedo hacer nada de momento, no hay suficientes pruebas para delatar sus fechorías. Por ahora solo me queda reforzar mis alianzas y conseguir apoyo, por eso estoy con un grupo de nobles, los cuales me están explicando sus quejas o sus peticiones, aunque debería estar tomando atención, no puedo evitar buscarla entre los presentes, controlarla para que no se me acerque. Pronto mi mirada da con ella, quién se encuentra hablando con todo un grupo de hembras rodeada de distintos machos, pero lo que me llama la atención es que dentro de ese grupo este Kalim, Kalem y Jona.
No puedo evitar tensarme. Kalem es un serio diplomático con más de mil años de experiencia, apenas tiene una sonrisa verdadera. ¿Qué hace ahí, con ella, sonriendo de verdad como si nada? ¿Qué hace compartiendo espacio con su hermano? ¿No se había alejado de él? ¿Acaso ha olvidado el pacto? ¿Por qué no ha informado a la fracción?
Debería advertirle a Kalem que se aleje de ella. Recordarle el pacto. Ella no debe acercarse a nadie de la fracción. Mira ya lo que está provocando.
Hola, mis reinas.
Un nuevo capítulo desde otra perspectiva. Esta vez desde el punto de vista de Deik. ¿Queréis saber que pasó? ¿Por qué el origen del pacto? ¿Quién murió?
¿Podrías llegar a poneros en la piel de Deik? ¿Entender por qué actúa así con Tati?
Os leo en comentarios ^-^
Espero hayáis disfrutado de la lectura del capítulo, recordar de dejar vuestro voto, muchas gracias, mis reinas <3
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POSEAN
FantasyPlaneta Viridis, antiguamente conocido como Tierra, cambio el nombre después de la transformación radical que sufrió el planeta. La Era de Hades provocó grandes consecuencias afectando a todas las especies habitadas en el planeta. Se sufrió una alar...
