CAPÍTULO 31: Tatiana

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La caminata hacia la cafetería me resulta extrañamente larga, a pesar de que el edificio no ha cambiado. Emma camina a mi lado en silencio, con los hombros todavía algo tensos. Jess y Natalia nos siguen unos pasos detrás. La tensión aún se palpa, pero poco a poco se disuelve como neblina con cada paso que damos. Yo respiro hondo, intentando que el aire tibio de los pasillos borre lo que queda del veneno Morrigan en mis pensamientos. "Babosa con corona..." Qué forma más estúpida de intentar hacer daño. Aunque, lo admito, dolió.

El murmullo de la cafetería nos alcanza antes que el olor del desayuno. Y, por primera vez en toda la mañana, algo dentro de mí se afloja. Una especie de reconfortante normalidad me inunda. La vida sigue. La gente sigue comiendo, riendo, haciendo como si no hubiéramos vivido una pequeña guerra diplomática en el pasillo. El ruido de bandejas, risas, cuchicheos, cubiertos, pan recién hecho y la mezcla de frutas frescas. Y ahí están. Dani agita la mano como una loca apenas nos ve cruzar la puerta, llamándonos desde una mesa larga lateral ocupada por Sam, Ari, Erika y Maddie.

- ¡Tati, Emma, aquí! - Grita Maddie mientras hace espacio entre ella y Ari.

Nos acercamos entre saludos y abrazos, y por un instante todo el caos anterior se convierte en humo. Me siento entre Maddie y Ari, justo frente a Dani, quien me lanza una mirada cómplice. Emma se sienta al lado de Dani, Jess al lado de Erika y Natalia en frente de ella. Maddie me pasa un croissant como si fuera una ofrenda, y yo lo recibo con una sonrisa agradecida.

- ¿Qué ha pasado? – Pregunta Sam en cuanto dejo la bandeja en la mesa.

- Sí, sí, ¿qué pasó? - Dispara Dani sin rodeos—. ¡Nos quedamos a medias y necesitamos toda la historia!

- Nosotras también queremos saberlo. – Interviene Ari con un tono mezcla de frustración y curiosidad.

- ¿Cómo acabó la telenovela de las Morrigan? ¿Hubo gritos? ¿Lágrimas? ¿Te lanzaron un conjuro de belleza venenosa? – Pregunta Maddie con una sonrisa divertida por el drama.

- ¿Por qué asumirías que existe algo así? – Le pregunta Sam a Maddie con una sonrisa torcida.

- ¿Por qué no? – Le contesta Maddie encogiéndose de hombros. – Ya la Morrigan que vimos da esa vibra. Pura estética con intención de hacer daño.

Reímos ante sus comentarios. Emma resopla suavemente. Yo miro a las chicas, todas pendientes y expectantes. Supongo que no tiene sentido dar vueltas. Miro a Natalia para indicarle que puede comenzar ella narrando desde el principio.

- Un desastre. – Comienza Natalia, removiendo el vaso de jugo con la cuchara. - Las Morrigan empezaron a provocar desde primera hora. Nos insultaron, insinuaron cosas raras sobre las aquamarinas, e incluso nos culparon del ataque en Civitas.

- ¿Qué? - Salta Dani con los ojos bien abiertos. - ¡¿De qué van esas tías?! ¿Acaso están locas?

- No están locas. Solo son... - Busco la palabra, pero Ari me ayuda.

- ¿Arrogantes? - Dice, cortando una tostada en diagonal, con la misma precisión con la que podría cortar una garganta.

- Exacto. Y cuando Blanca se pasó con sus comentarios hacia Tati, Emma... bueno, se le fue un poco la mano. – Confiesa Natalia, mirando a Emma que baja la cabeza con una sonrisa tímida.

- ¿Quién de todas era Blanca? – Pregunto porque no pude distinguir entre las trillizas.

- Blanca es quien estaba petrificada, Brigitte es la que fue a buscar al director y Belén la que lloraba en la habitación reclamando por su hermana. – Detalla Jess.

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