AXEL
La vi primero. Mientras las luces danzaban sobre las copas de cristal, la distinguí entre la multitud en la fiesta de los Rubens. Vestida de plateado, con el cabello suelto como una corriente indómita. No encajaba con el resto. Ella no bailaba por ser vista. Bailaba como si el mundo entero no importara.
No me acerqué entonces.
No por timidez, sino por instinto. Hay personas que se tocan de lejos, que se observan desde la sombra para saborear su efecto antes de decidir el próximo movimiento.
Supe que necesitaba calcular cada paso si quería acercarme a esa hermosa aquamarina. Nunca antes había visto una igual. Me dejó otra vez flechado... hasta que la vi hablando con Eric.
Siempre Eric.
Vi cómo la mira. Cómo sus pupilas se dilatan y su piel se agita, delatándolo. Mi hermano de fracción tiene muchas virtudes, pero sabe ocultar mal lo que desea. Y la desea a ella.
Extrañamente, a lo que siempre pasa cuando coincidimos en nuestra conquista, no fue rabia lo que sentí. Fue... curiosidad. ¿Cómo es que él la conocía? ¿De qué estarán hablando? ¿Por qué ella le sonríe de esa manera? Y, sobre todo... ¿Quién era esa muñeca, que me hace olvidar nuestras reglas impuestas de fracción?
Así que tomé una decisión. Una de tantas que hemos jugado antes.
Me acercaría a ella. Por él. Para ganarle, una vez más en está conquista.
Sin embargo... No esperaba... esto.
Cuando la vi en Glacitas, envuelta en esa capa azul noche, pensé que sería un encuentro trivial. Un juego de seducción sutil, una danza elegante para irritar a Eric y arrancarle otra mueca de fastidio.
Pero al mirarla, ya de cerca, supe que no sería así.
No sé qué fue lo que me quebró primero. Tal vez su olor, ese leve aroma a coral y escarcha viva. O la forma en que sus ojos se clavaron en los míos, como si me mirara hasta mis secretos más oscuros. Y entonces me saludó con un simple hola tímido. Sentí algo que no había sentido nunca. Estaba extasiado, entusiasmado por el simple hecho de tener su atención en mí y temeroso. Era tan linda y adorable. Actué cómo siempre con mi aire de misterio. Cuando me preguntó si nos conocíamos, contesté sin pensar, puesto que desde que sus pasos la trajeron hacia mí, supe que no la dejaría marchar tan fácilmente.
Bailar con ella fue como sumergirme en una corriente cálida en medio del hielo. Sus movimientos eran torpes al principio, tímidos. Pero luego... nos sincronizamos. No con el cuerpo, sino con algo más profundo. Una vibración que hechiza mi gélido corazón.
Mi intención era marcarla. Dejarle una señal. Provocarle una grieta que permanezca en su mente, pensando en mí. Que supiera que estoy aquí. Viéndola, deseándola y tentándola.
Cuando acerqué mis labios a su cuello y sentí cómo se estremecía... No fue solo deseo lo que sentí, sino permanencia.
Quise quedarme allí. Conocer su voz dormida, su historia, su alma. Quise... más.
Y eso fue peligroso.
Me fui antes de que pudiera decir o pasar algo más. Antes de que su nombre se grabara en mi alma como un hechizo irreversible. Me alejé con el pulso alterado y la garganta seca. ¿Qué me está provocando? Desde luego ella, Tatiana, no es como otras.
Eric me mira distinto ahora. Sabe que fui yo quien la tocó. Que fui yo quien bailó con ella bajo las luces danzantes del festival. Pero no sabe lo que ocurrió realmente. Ni lo que provocó en mí. Y no pienso decírselo. Porque esta vez no quiero jugar sucio. Esta vez no quiero seducir para ganar. Esta vez no es un juego entre nosotros. Porque si hay algo que me aterra más que perder ante Eric... es que ella no me mire nunca de la forma en que lo mira a él.
Esta vez, quiero que me elija ella. Y si no lo hace...
Entonces, por primera vez en mi vida, seré yo quien pierda. Sin embargo, eso no significa que no lucharé por su atención.
ERIC
El agua me habla. Siempre lo ha hecho.
En su corriente silenciosa, me revela cosas que los demás no ven. Ecos de pensamientos, deseos ocultos, rastros de lo que fue y lo que está por venir. El mar no miente. Solo susurra. Y últimamente, no deja de pronunciar su nombre.
Tatiana.
Desde la primera vez que la vi, con la piel perlada en el hospital como un relicario vivo, supe que algo no iba bien. Que había peligro. Pero no de ella.
En mí.
Su presencia despierta algo dormido, algo que no debería estar listo aún. Cada vez que está cerca, mis instintos se agitan y mi sangre se calienta. Mis sentidos se tensan como si estuvieran al borde de una tormenta.
Y Axel... en la fiesta de los Rubens, él también lo notó.
Nos criamos juntos, Axel y yo. Dos prodigios de la fracción aquamarina. Dos herederos sin linaje real, pero con demasiado poder para ignorarse. Crecimos compitiendo: en duelos, en inteligencia, en lealtades. Pero sobre todo en lo que mejor se nos da: Romper corazones.
Siempre hemos compartido las presas más deslumbrantes. No por amor, no por diversión siquiera, sino por ese pulso venenoso que existe entre nosotros. Él seduce con silencio y misterio. Yo con fuego y peligro.
Y, por alguna razón que aún no alcanzo a entender, Tatiana atrae a los dos.
No me lo dijo. Axel nunca lo hace. Pero lo vi en sus ojos cuando regresó esta madrugada. Esa forma de caminar más lenta, el destello de sal en su piel, el olor a coral y escarcha viva aún en su cuello. La reconocí.
Él la tocó.
-¿Qué te parece ella? - Me preguntó ayer, sin preámbulos, como quien señala una joya en una vitrina.
-Demasiado importante para tus juegos. – Le respondí.
-¿Y para los tuyos? – Preguntó con su sonrisa, tan fina como una hoja de coral, me cortó sin tocarme.
Ese es Axel. Si puede arrancarte algo, lo hará. Y si puede hacerlo mientras sonríe, mejor.
Lo que no sabe es que yo no pienso ceder esta vez.
No sé aún qué es Tatiana. Pero sé que no es una noble superficial, ni una princesa mimada y quisquillosa. Hay poder en su interior. Lo noté y cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez, algo crujió bajo la superficie del agua, como si las mareas la reconocieran.
Hay una conexión. Innegable. Peligrosa.
Pero no soy idiota. No me enamoro. No creo en almas gemelas, ni en designios de dioses olvidados. Sin embargo... Desde que ella apareció, quiero verla mirarme de nuevo como lo hizo en esa fiesta. Solo sueño con saber si me elegirá a mí.
Seguro Axel, como siempre, juagará a seducirla, por el simple hecho de que a mí me llamó la atención. La tentará como una sombra elegante. No obstante, él no la entiende. Él la quiere como trofeo.
Pero... Tatiana Posean no es un juego.
Y si Axel cree que esta vez será como las otras... se equivocó.
Esta vez no quiero seducir para ganar. Esta vez, lucharé por ella.
Quiero verla encenderse. Verla elegir fuego por encima del hielo. Y si para ganarla tengo que enfrentar a mi propio hermano de fracción... Que así sea.
¿Axel o Eric? ¿Hielo o Fuego? ¿De qué Team sois, mis reinas?
¿Primeras impresiones de estos dos? !OS LEO!
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POSEAN
FantasyPlaneta Viridis, antiguamente conocido como Tierra, cambio el nombre después de la transformación radical que sufrió el planeta. La Era de Hades provocó grandes consecuencias afectando a todas las especies habitadas en el planeta. Se sufrió una alar...
