CAPÍTULO 9: Tatiana

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Me acerco lentamente hacia mi hermano, Neón, quien se encuentra debajo de una nave haciendo a saber qué hasta que yo...

- ¡Aaaaah! – Grito de repente.

- ¡Joder! – Maldice Neón a su vez oigo un golpe seco y, de pronto, un líquido verde viscoso comienza a chorrear por debajo de la nave.

- Que asco. – Comento apartándome para no ensuciarme con ese líquido viscoso.

Mi hermano se desplaza y sale de debajo de la nave para levantarse. Esta empapado de ese líquido. ¿Acaso será eso aceite del motor? Me río a carcajadas cuando le veo.

- Pareces Grinch. – Le digo riéndome.

- Hermanita... Veo que no has perdido tu toque. – Empieza a decir Neón acercándose lentamente a mí de forma amenazadora y con una sonrisa sádica estampada en su cara.

- Ni se te ocurra. – Le chillo.

Sin embargo, de pronto corre más rápido hacia mí. Le consigo esquivar y correr en dirección contraria a él.

- No huyas fierecilla. Ven a darle un abrazo a este hermano. – Me dice Neón.

Corremos por todo el taller hasta que finalmente me atrapa y me da un fuerte abrazo. Yo también he acabado empapada del líquido verde.

- ¡Neón! ¡Suéltame! ¡Que asco! – Me quejo a gritos, mientras le intento empujar. Él ríe de mi reacción.

- ¿A quién se le ocurre gritarme? – Dice Neón de forma burlesca mientras me mira y se ríe.

- Pues a mí. – Le digo toda orgullosa y con una sonrisa en mi cara al ver como quedo de verde.

- Sabes cómo se pone mama cuando alguien me lastima mis sensibles orejas... No querrás otro castigo. – Me advierte.

- Ni se te ocurra decirle a mama. – Le grito.

- ¿Qué me lo impide? – Dice el altanero.

- Como se lo digas, le confieso la vez que le cogiste las joyas que había guardado con esmero para dárselas a tu ligue del momento. – Le amenazo.

- ¿No lo harías? – Me pregunta asustado.

Mama da mucho miedo cuando se enfada. Su cucharón de cocina es más temido que cualquier espada. Lo peor es que compartimos la afición por cocinar, aunque yo solo sirvo para hacer postres. Al menos los hago bien.

- Oblígame. – Le digo altanera.

- Oh, pequeña fiera, te vas a ganar una semana ayudándome en el taller. – Me amenaza.

- Claro que no, solo faltaría que mis últimos días aquí me la pasará contigo y tus cachivaches. – Le digo.

No es que no me guste estar en el taller, la verdad es muy interesante y me encanta construir cosas por mí misma y luego tener la satisfacción de probar que funcione, sobre todo cuando puedo utilizar lo que construyo para hacer alguna travesura, una vez hice una pistola que sacaba tinta, ¿adivinas que paso con Derek? Y sí, el hermano mayor, es el conejillo de mar tanto mío como de Neón. Es divertido sacarle la cara de póker que siempre lleva encima.

- No sería una mala idea. – Dice de repente la voz de mama desde la puerta del taller.

- ¿Desde cuando estás aquí? – Pregunto asustada por si ha oído todo lo que hemos dicho. Tiene un semblante enfadado.

- Desde que por el pasillo escuche un fuerte grito. – Menciona mirándome seria.

- Mier... - Comenzamos a decir Neón y yo. - ¡Esa boca! – Grita mama.

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