CAPÍTULO 16: Tatiana

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¡Al fin es viernes!

Después de dos días de súplicas, estrategias y promesas exageradas, Maddie y Ari consiguieron lo imposible. Convencer a papá Manuel para dejarnos salir a comprar todo lo necesario para los vestidos de la graduación de mañana. Aún no sé cómo lo lograron. Tal vez fue la estrategia de Maddie de mostrar bocetos inacabados con explicaciones muy técnicas o tal vez la carita de cachorro mojado que Ari perfeccionó desde que éramos niñas. El caso es que funcionó.

La fiesta será mañana por la tarde, pero se alargará hasta bien entrada la noche. La graduación es un evento formal, con presencia de representantes de las seis regiones de Aqua, y como hija del rey y futura heredera... no puedo presentarme con cualquier cosa. Afortunadamente, tengo a Maddie. Ella ya prometió que nos hará lucir a las tres como si hubiésemos salido directamente de una portada de revista del reino de Mareltum.

Y, por cierto, mañana también es mi cumpleaños.

Veintidós años. La mayoría de edad en Aqua y Terra. Oficialmente una princesa adulta, con todos los deberes y muy pocas libertades.

-Mañana comeré pastel. Mañana comeré mi tarta de queso.

Voy cantando por el pasillo del castillo, feliz, dejando que el eco de mis pasos acompasara el ritmo de mi voz.

-¿Tanto te gusta la tarta de queso? – Me pregunta de repente una voz que ya reconozco a la perfección.

Eric.

Me giro, y ahí está, recargado con tranquilidad contra una de las columnas de mármol, con su media sonrisa habitual. Ese gesto suyo que parece inofensivo, pero que esconde intenciones que no sé cómo descifrar.

-Eric. ¿Qué haces aquí? - Le pregunto, notando cómo los síntomas vuelven: el cosquilleo en la nuca, el calor inexplicable en las mejillas, y la absurda sensación de que mis pulmones se olvidan de respirar cuando lo tengo cerca.

-Voy camino a una reunión con sus majestades.– Me explica, haciendo un leve gesto con la cabeza en dirección al ala del palacio dónde se encuentra el despacho. - ¿Y tú, princesa?

-Voy a encontrarme con las chicas. Hoy salimos de compras, necesitamos todo para los vestidos de la graduación.

No sé por qué, pero con él me siento diferente. Como si mis palabras no necesitaran filtros ni máscaras. Como si pudiera ser simplemente yo.

-¿Sabes de qué color vas a llevarlo? - Pregunta de pronto.

-Eso es obvio. Mi color favorito: fucsia. – Le respondo con una sonrisa.

-¿Qué color combina con ese?

Parpadeo, confundida.

-¿Por qué quieres saber? - Pregunto con una ceja alzada.

-¿No es obvio? - Me dice, mientras comenzamos a caminar hacia la entrada principal del castillo.

Yo niego con la cabeza, confundida aún por su interés repentino en cuestiones de moda. Entonces, se detiene un segundo, me mira con una mezcla de calma y determinación, y suelta:

-Quiero ser tu acompañante.

Mis pasos se detienen y el mundo parece contener la respiración conmigo.

-Ah... bueno... el negro pega con todo... - Murmuro como una idiota.

Él sonríe, y yo, más idiota aún, le devuelvo la sonrisa como si mis labios se hubieran vuelto independientes.

-Bueno saberlo. Iré por ti mañana. – Dice antes de inclinarse y besarme la mejilla.

Y luego, como si no hubiera dejado mi mundo temblando, se aleja hacia el despacho de mis padres.

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