CAPÍTULO 6: Axel

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Hay algo en el aire de Aqua que no me gusta. Demasiado limpio, demasiado ordenado. La última vez que estuve así, encontramos treinta cuerpos de machos enterrados bajo un orfanato. Aqua siempre había tenido una belleza traicionera. Sus calles de coral y sus jardines sumergidos parecían escenarios de cuentos antiguos, pero si sabías dónde mirar, si afilabas el instinto lo suficiente, podías detectar las fisuras. Los Fures eran expertos en moverse por esas grietas. Por eso, yo prefiero la crudeza de Terra: el ruido, el peligro constante y la tensión que te mantiene vivo.

He seguido los rastros durante semanas. Documentos falsos, testimonios dispersos, rumores en voz baja. Los Fures no dejan huellas claras, pero su sombra se extiende. En Terra, ya hemos sentido su veneno: mujeres desaparecidas, niñas vendidas como si fueran botín de guerra a otros planetas y algunas comunidades devastadas por su codicia. Que ahora se hablaran de movimientos similares en Aqua enciende en mí una alarma interna. Así que aquí estoy.

Las coordenadas son difusas, pero el rastro no miente. La sal del aire en Glacitas no es suficiente para ocultar el hedor sutil que delata a los Fures. He aprendido a detectarlo en Terra: un aroma metálico mezclado con un leve toque de lavanda marchita, la marca de la desesperación que dejan tras de sí. El último informe desde Coralys confirma que dos aquamarinas han desaparecido sin dejar rastro. Ya no es una coincidencia.

He seguido su rastro hasta los bordes de Glacitas, a una de esas cavernas donde la oscuridad se abraza al silencio. Aquí encuentro indicios recientes: escamas desgarradas, un pendiente de perla y rastros de sangre en la roca helada. Todo apunta a que otra joven aquamarina está desaparecida. Sé que los Fures no se atrevían a actuar sin un escondite cercano. Me estoy acercado a algo. Puedo olerlo en la sal.

Y tras haber recogido pruebas de su presencia aquí. Lo veo. Eric. De pie junto a una pared de cristal azul, con el ceño fruncido y un artefacto en la mano que emitía una señal parpadeante. "¿Qué hace él por aquí?". Me pregunto.

- ¿Eric? - Pregunto, emergiendo de entre los escombros húmedos y con una ceja alzada.

Eric se gira con rapidez con el cabello azabache despeinado por las corrientes. El brillo de sus ojos no oculta la sorpresa.

- ¿Axel? ¿Qué haces tú en Aqua? – Me pregunta directamente, dejando de lado las formalidades y los protocolos.

Nos estrechamos el antebrazo con fuerza, como hacemos siempre.

- Podría preguntarte lo mismo. - Respondo con tono seco, pero no hostil. - Se suponía que viniste por tu hermana.

- Lo hice. Pero las cosas se han complicado. – Confiesa.

Tras haber confirmado que por hoy no llegaría a ningún lado, nos sentamos bajo las luces tenues del amanecer, ocultos entre barcazas abandonadas y almacenes donde nadie presta atención a dos hombres con trajes oscuros y semblantes tensos.

- Yo pensé que seguías en Terra. No esperaba encontrarte por aquí, Axel. – Comenta Eric.

- Estoy tras los Fures. - Le cuento. - Ha habido informes de que están extendiendo sus secuestros hacia Aqua. Me ofrecí como voluntario para rastrearlos aquí.

- ¿Te ofreciste o te obligo Deik? – Bromea Eric riéndose. Ruedo los ojos con una media sonrisa.

- Con la de hoy ya son tres aquamarinas confirmadas desaparecidas. – Le informo volviendo adoptar una expresión seria. - La última apenas tenía catorce ciclos. Es la sobrina del Conde Dray.

Eric asiente, bajando la mirada a su artefacto.

- Yo estoy rastreando a esas criaturas hipersensibles al Laxius. – Menciona.

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