CAPÍTULO 17: Tatiana

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-Mama, ya tengo el cuerpo reventado y aún ni hemos empezado la fiesta. – Me quejo a mi madre, sentada mientras los sirvientes trabajan en mi peinado, mientras estamos a la espera de que llegue el vestido. Siento un tirón que arranca un quejido de mis labios.

-¿Seguro que Maddie tendrá el vestido listo a tiempo? – Me pregunta mi madre por octava vez. Su nerviosismo supera el mío, a pesar de que soy yo la que tiene que hablar ante centenares de personas.

-Sí, mama. Sabes que Maddie nunca falta a su palabra. – Le tranquilizo.

Ella asiente, pero sigue mordiéndose las uñas. Es una costumbre que nunca ha podido abandonar.

-¿Y por qué no llega ya el vestido? – Pregunta ansiosa.

Como si Thalori respondiera a su inquietud, golpean la puerta.

-Madam, he traído el vestido de la señorita. – Dice un sirviente, uno de los muchos hombres entrenados rigurosamente para servirnos.

-¡Por fin! – Exclama mama con energía. – Venga, manos a la obra.

Y así, en una coreografía bien ensayada, los sirvientes comienzan a prepararme. Dos horas después, estoy lista.

-¡Estás bellísima! – Me dice mama con los ojos brillando por las lágrimas.

-Mama, estas exagerando. – Respondo, rodando los ojos, pero mi voz tiembla.

-No, mira, gírate. – Me dice, ayudándome a gírame suavemente hacia el espejo.

Me quedo sin palabras. No puedo creer lo que veo. ¿Esa soy yo? Mi reflejo parece sacado de un sueño.

Mi cabello rubio, está recogido por un medio recogido, en medio de este llevo una estrella de mar con una flor y el resto cae en cascadas onduladas. El amuleto de piedra lunar que siempre llevo conmigo junto a unos pendientes de perla finos que hace juego, combinados mi cara luce más brillante. Mi rostro, maquillado con delicadeza, resalta mis ojos y el toque de rubor en los mofletes me hace ver inocente. Sin embargo, el pintalabios mate hace que mis labios pequeños y gruesos se vean apetitosos como una cereza. Maddie se ha lucido con este vestido, realza cada curva sin perder la elegancia. Solo los tacones amenazan con arruinarlo todo.

-Eres toda una princesa. – Me dice con los ojos aguados y mirándome orgullosa de mí. – Solo té falta una cosa para verte como una reina.

Se gira hacia un sirviente que abre un estuche y de ahí saca una diadema. Se pone detrás de mí y me la coloca con las manos temblorosas.

-Ahora sí. Estás perfecta. – Dice.

Golpean a la puerta.

-Ha llegado tu príncipe. - Dice mi madre con un guiño travieso. Al instante, me sonrojo por su comentario.

Eric luce imponente. Su traje negro con detalles fucsias resalta sus ojos y su porte. Al cruzar nuestras miradas, siento una chispa recorrerme. "Pienso en lo delicioso que estaría besarlo." Él entrecierra los ojos, y por un instante me pregunto si ha podido oír mi pensamiento. ¿Será su poder otorgado por Thalori? Tendré que preguntárselo.

-Estás preciosa. – Me dice besando mi mano con delicadeza. Mi rubor se intensifica.

-Tu igual. – Le contesto, algo coqueta.

-Iros ya, os espero en el salón. – Dice mi madre despidiéndose de mí con un beso en la frente.

-¿Vamos? – Me pregunto ofreciendo su brazo. Yo lo tomo, agradecida por su presencia que me ancla al suelo.

-Claro. – Le contesto y así caminamos hasta detrás de las puertas que dan al salón de banquetes.

Todo el mundo ya está en el banquete. El anunciante, nos anuncian y nosotros pasamos al salón de los banquetes. Las miradas se clavan en nosotros como cuchillas y ya estoy sintiendo los nervios. Eric aprieta mi mano.

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