Elegimos amar, pero no podemos elegir cuando dejar de hacerlo...
Hogwarts lucha por volver a su gloria después de la guerra, el destino entrelaza de nuevo a unos viejos conocidos. Dándoles la oportunidad de redimir sus errores y una segunda oportuni...
-Eso creo, pero no sé si hayan liberado las chimeneas...-
-El auror dijo que sí, la mansión ya debería estar desocupada.- Acomode mi cabello tratando de sonreír a Draco. El evitaba mi mirada.
-Pues adelante.-
Ver a Draco ahora más alto que yo, su cabello corto y platinado, era como mi padre había soñado ver a Lucius algún día, era tan parecido a mi hermano pero todo esto me hacía sentir a mundos de distancia, había algo que seguía siendo irreal para mí, todos mis problemas humanos pasaron a segundo plano cuando aparecimos en la chimenea de la mansión, observe todo, el gran comedor, el candelabro que antes se alzaba orgulloso en el techo ahora estaba hecho añicos en el suelo, las cortinas rasgadas, paredes quemadas por hechizos todo se había vuelto más lúgubre de lo que recordaba, el antiguo orgullo de la mansión había desaparecido, abrí mi boca ante la conmoción.
-Sí, todo quedo destruido.- Draco se frotaba las manos ansioso.- Bueno, al menos el salón.
-Bien... supongo que tendremos algo que hacer antes de ir a Azkaban.- Patee los pedazos de vidrio silbando un poco.
-Al menos tú iras, aun no me dejan entrar al lugar.-
Era difícil congeniar con él, no pensé que fuera prudente tratar de abrazarlo como niño pequeño porque en sí, ya no lo era y si algo había aprendido de la escuela es que los chicos no querían abrazos. Con un movimiento de la varita Draco incendio algunos candelabros.
-¿Tía? Amm... ¿Cárites?-
-Oh, puedes llamarme como tú quieras.- Sonreí mostrando los dientes y acomodando mi suéter.
-Cárites. ¿Eres una squib?- Draco se arremangaba las mangas de su camisa.- Padre no hablaba mucho de ti, tampoco mi madre.
La pregunta me desconcertó, aun que me hizo algo de gracia.
-Bueno yo tampoco hablo mucho de ellos, pero no, Draco, no soy una squib.- El solo asintió.
Ambos nos quedamos viendo al retrato en la pared sobre la chimenea, no esperaba que todo siguiera igual, el retrato de nuestra familia debía reposar en la galería, ahora en su lugar era la imagen de mi hermano, Narcisa, Draco y Bellatrix.
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-Veo que se volvieron cercanos... me refiero a tu tía Bellatrix-
-Pues... yo no diría cercanos, era algo, más bien, inquietante.- Resoplo.- Daba miedo.
-Es Bellatrix, siempre es así...- Trate de sacar una risa no forzada, mientras sacudía la tierra del marco con mi dedo.
-No tenemos ningún elfo así que nadie podrá limpiar.-
-¡No te preocupes yo recojo! Tu solo ve y descansa, si necesitas algo solo avísame, ¿sí?- Le toque dudosa el brazo, dando algunas palmadas.- Te llamare cuando preparare algo de comer.