El silencio en el pasillo me pesa sobre los hombros. Me siento como un pez fuera del agua, perdida en un nivel al que no debería haber llegado, y en el que cada sombra parece observarme con un ojo invisible. Retrocedo un paso, esperando que el elevador vuelva por arte de magia, pero el aire a mi alrededor se siente demasiado quieto, como si el tiempo contuviera el aliento.
Las voces se acercan. No sé por qué no corro. Tal vez porque una parte de mí quiere saber. O tal vez porque mis piernas ya no responden.
- Si son experimentos con el Laxius... ¿Quién podría estar haciéndolo? ¿Dónde? Y sobre todo... ¿Para qué? ¿Cuál es su objetivo?
- No lo sé, seguro luego nos informarán de lo que hayan descubierto.
Trago saliva. Esto... No debería estar escuchando. Mi espalda se pega a la pared fría. Doy un paso hacia atrás, apenas un roce, y entonces lo siento. Una vibración leve, como un eco debajo del suelo. No es un sonido. Es una frecuencia. Algo dentro de mí la percibe.
De golpe, no estoy sola. Siento unos brazos que me envuelven y me aprisionan contra su cuerpo. Sin esperarlo, me invade un sentimiento confuso sensorialmente.
- ¡Conchas de mar! ¡Suéltame! – Le grito incomoda.
- ¡Hey! - Una voz irrumpe.
Giro la cabeza, sobresaltada, fijando la vista a la entrada de la puerta donde aparece un ¿aquamarino? No lo reconozco, pero algo en él me resulta... inquietantemente familiar. Tiene el cabello castaño oscuro, peinado con un tupe de lado y ligeramente húmedo. Su piel es de un tono pálido azulado y sus ojos, dioses, sus ojos parecen caramelo derretido. Es hermoso de una forma carismática. Parecido a los príncipes de los cuentos.
- ¿Quién eres? – Le pregunto intentando chafarme del macho que me tiene envuelta en sus... - ¡¿Cuatro brazos?! – Grito sorprendida.
- ¿Estás perdida? – Me pregunta el aquamarino ignorando mi espanto por estar envuelta por cuatro brazos fuertes con una piel traslucida, pero con colores brillantes. Su voz es baja, modulada, con un deje de sarcasmo, pero no agresivo. Más como si estuviera probándome.
- Yo... sí. - Respondo, algo tensa.
Quiero retroceder y huir, pero detengo mi esfuerzo cuando de repente siento una vibración intensa, como una onda cruzándome el estómago. Me sobresalto.
El aquamarino parece notarlo y centra su mirada en la cabeza que debe estar detrás de mí, mucho más alto que yo.
- Brandom. – Ordena. – Suéltala, la conozco, no es peligrosa.
- ¿Me conoces? – Le pregunto intrigada.
- Para ser una princesa eres bastante ignorante de tus súbditos de Aqua, pareces más una pececilla, pequeña y escurridiza. – Se burla el aquamarino.
Vale, definitivamente, sabe quién soy, pero eso no le da derecho a burlarse de mí y mucho menos de los aquamarinos. ¡Por los mares de Abysne, él es uno!
- Lo primero, no son mis súbditos, son aquamarinos y lo segundo, si nunca te he visto, cómo voy a saber quién eres. – Le contesto mosqueada avanzando hacia él con mis mofletes rojos. Él se ríe.
- Lo ves, toda una pececilla. – Se vuelve a burlar.
Desde las sombras, emerge una figura ni muy delgada ni muy musculada, silenciosa y translúcida en la luz tenue de la oficina. Es difícil describirlo. Su piel parece una película de agua con destellos iridiscentes, y sus ojos no tienen apenas pupilas visibles, solo dos ligeras rallas verticales que vibran sutilmente con la luz. Camina y aunque no dice nada, siento... algo.
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POSEAN
FantasyPlaneta Viridis, antiguamente conocido como Tierra, cambio el nombre después de la transformación radical que sufrió el planeta. La Era de Hades provocó grandes consecuencias afectando a todas las especies habitadas en el planeta. Se sufrió una alar...
