trabajando relaciones o ¿destruyendolas?

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Si tenía una pésima suerte.

No sabía si era algún karma o algo por el estilo pero no podía creer que siempre terminará encontrándose con la mujer tigre.

Y allí estaba sin poder creer que estaba trabajando junto a la Port Mafia para detener a una organización estado unidense que ni siquiera sabía que hacían en Japón.

Habían peleado con dos de ellos que fueron un problema, un sacerdote que podía atacar con letras hechas de sangre y una mujer que por lo que entendía controlaba el viento.

Los problemas ocurrieron por qué jinko estaba dispuesta a matar.

La idea de la agencia era poder interrogarlos y llegar a un acuerdo con la misma, pero no, al parecer casa vez que mandaban a Jinko era con el propósito de matar.

- Qué planeas decir para no estrangularte ahora, estúpida Jinko.- Ryonosuke estaba molestó y con justa razón, mientras enviaba un mensaje a kunikida para que enviara una ambulancia y a la policía.

- siempre te interpones en mis planes Akutagawa no es mi culpa.- dijo la nombrada, mientras le hacía mueca a su falda que había quedado bastante rota, no era digno de una dama.- no puede ser como volveré a la sede así.- sentía que iba a llorar.

Akutagawa se dio cuenta de esto y se sintió algo culpable, la había atacado luego de su pelea con el sacerdote y Rashomon no había sido de lo más gentil.

- Toma.- le tendió su abrigo sin mirarla

- ¿para que?.- ¿Es que acaso se hacia la tonta? Pensó el pelinegro.

- para que más estúpida.- le dijo mientras agarraba sus brazos y los pasaba por la mangas del abrigo.- no puedes caminar por las calles con esas ropas así, pronto va a oscurecer sabes cuánto peligro puede haber.- siguió hablando mientras le acomodaba el abrigo, sin darse cuenta de lo cerca que estaban, y del sonrojo que empezó a asomar en la menor.

- ¿te preocupas por mí?.- susurro el peligris, que gracias a la cercanía el mayor pudo escuchar dándose cuenta de lo cerca que estaban mientras el humo le subía a las orejas.

- no digas tonterías Jinko, tengo una hermana pequeña, se que tipo de peligro pueden tener las mujeres durante las noches.- se separó del chico, no se había dado cuenta que Rashomon había empezado a actuar por su cuenta y había empezado a subir por la muñeca de la chica.

- si, las mujeres.- volvió a susurrar el menor, aunque esta vez para si, sin dejar que el otro lo escuchará.

- ¿Que dijiste?.

- dije, que no debes de preocuparte, por si no lo recuerdas el peligro por las noches de Yokohama soy yo.- respondió serio el más pequeño.- como sea debo irme, no pude completar el trabajo por tu culpa y ahora me espera mucho papeleo. Hasta la próxima Akutagawa.- se despidió y marchó sin más, dejándole una sensación extraña al joven adulto.

Que rara era esa chica.

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Bien si no tenía opciones para arrepentirse.

No admitiría en voz alta que la cafetería de Dazai era muy linda, no admitiría que tenía buenos gustos literarios, y mucho menos admitiría que era bueno en la cocina. No le daría el gusto al imbécil.

Había muchas cosas que no le agradaban, como que el castaño lo obligará a cambiarse de ropa para "mayor comodidad a la hora de trabajar" y estuvo usando una sudadera verde musgo, que podía notar que era del castaño, puesto que le quedaba grande, unos simples jeans negro que debía admitir hace años no utilizaba, y unos zapatos deportivos que estaba seguro no eran de Dazai, puesto que este tenía el pie más grande que él.

Mi Niña Amada Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora