me gusta como soy

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— Chuuya que bueno que viniste, has estado desaparecido por un tiempo.— como siempre la voz de su jefe tan tranquila y pasiva, escondía muchas cosas tras el velo.

— Como usted me pidió he estado buscando a la señorita Aiko por otras ciudades circundantes a Yokohama, señor.— debía estar sereno, el jefe no podía notar que mentía, había sido muy mala suerte que lo haya atrapado en el momento.

— pero no ha rendido muchos frutos no es así.— no era un pregunta.— así que estuve pensando en darte una pequeña manito.

— no es necesario señor...

— por supuesto que lo es Chuuya, han pasado meses desde que sales por días, debes estarte desgastando. Mira lo pálido que estás. —su jefe sabía algo.—asi que, que tal si te llevas a Atsushi contigo.

     Sabía que eso no era una sugerencia y no tendría de otra más que obedecer.— Muchas gracias por su consideración hacia mi salud.— hizo una reverencia hacia su jefe.

— Eres parte de la familia Chuuya, es lo mínimo que puedo hacer por ti.— No vio la sonrisa que muy probablemente surcaba en su rostro, debía tener más cuidado con sus salidas.— otra cosa. Le entregue a Kyoyo tus pastillas de este mes, espero que estés siguiendo el tratamiento como se debe.

— Sí señor, al pie de la letra.— hizo una reverencia y dio media vuelta para partir nuevamente a sus habitaciones en busca de la chica tigre, sabía que no tenía alguna misión para hoy así que lo más probable es que estuviera con Kyoka su más fiel sombra.

     Las encontró a ambas en la terraza del té de su Anne-San, hablando en susurros; no quería interrumpir pero no tenía otra opción.

— señoritas.— carraspeo un poco para llamar su atención desde las puertas de vidrio.— Atsushi, el jefe a pedido que me acompañes a una misión.

     La de ojos bicolor se dirigió a mí con extrañeza, y después de unas miradas nada sutiles entre ella y la niña pelinegra, se levantó hasta llegar a mi.

—A su servicio Chuuya-San.— dijo seguido de una pequeña reverencia.

     Tal vez era el momento que necesitaba para encontrar una respuesta.

        Atsushi estaba extrañada ¿Que hacían en un pueblito lejos de Yokohama? Se quitó el casco una vez su superior detuvo la motocicleta frente a una casa de tres pisos en medio de un campo. El lugar era bastante silencioso y tranquilo le gustaba la calma que transmitía con los colores de mediados de primavera en su máximo esplendor.

— Antes de entrar necesito que prometas algo.— dijo su jefe, mirándola seriamente, admite que le dio un escalofrío, nunca Chuuya le había dirigido ese tipo de mirada.

— Lo prometo Chuuya-San.— tartamudeo tal vez con demasiada fuerza debido a los nervios.

— Lo que sea que veas y escuches a partir de subir esas escaleras.— señaló el pórtico detrás de él.— no sucedió, si el jefe Mori te pregunta estuvimos en las afueras de Yokohama buscando a una chica y que no sabes más detalles. ¿Entendiste?.— era una amenaza dura y solo pudo asentir apresuradamente.— Vamos.— Chuuya dio media vuelta y subió al pórtico. Atsushi vio como su jefe sacaba un frasco de pastillas y se metía una a la boca en seco, guardo el frasco para después tocar la puerta.

     Atsushi nunca había visto al ejecutivo mintiendo a su superior, y eso le causo mucha más curiosidad por lo que sea que escondiera en esa casa.

      No paso mucho tiempo para que se escucharan pasos dentro de la residencia y el ver cómo se abría la puerta para dejar ver a un chico de cabello castaño con una camisa de vestir y chaleco de tonos café, aunque lo que más llamó su atención es la larga falda tableada que llevaba de color crema. Conocía esa cara de algún lugar

Mi Niña Amada Donde viven las historias. Descúbrelo ahora