Capítulo 13.

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Jade

Me quedo admirando su auto. Es hermoso, de cuero rojo.

No le hablo en todo el camino y él a mí tampoco, parecemos un matrimonio después de una discusión, pero es que quería llevar mi auto.

Voy a bajarme cuando llegamos al instituto, pero su mano detiene mi acción. Se humedece los labios y mis ojos van a esa dirección, tiene unos labios gorditos y solo quiero llenarlo de besos. Mi loba ronronea por el pensamiento.

—¿No te vas a despedir? No sé, al menos un adiós — me reclama.

—No, ya he llegado y tengo que entrar, así que suéltame — le digo alzando el mentón.

Se ríe bajito y cuando creo que va a soltarme, tira de mi brazo pegándome a su pecho. Siento que se me va a salir el corazón por la boca al verlo sonreír de lado.

—Sé que no me lo vas a poner fácil porque fui un cabrón, pero no creas que te voy a dejar salir con la tuya, cariño — habla dejando un beso en la comisura de mis labios y pasando su mano por mi cuello.

Sé lo que está haciendo, está dejando su olor en mí para que otros lo huelan. ¡Es un maldito! Sin embargo, suspiro encantada, su aroma me relaja.

—Tengo que irme — le digo con indiferencia, pero el nota y escucha los latidos acelerados de mi corazón.

—Paso a buscarte cuando salgas.

Suelta mi brazo con una sonrisa ladeada y niego con la cabeza.

—Me voy con Alex — abro la puerta para bajar y él se cierne sobre mí para cerrarla, quizás con demasiada fuerza.

Está enfadado, lo sé porque su nariz se ensancha y su vena en la frente se está empezando a marcar.

—No juegues conmigo, mi Luna. No te van a gustar los míos — dice en voz baja, casi como una amenaza.

—Tú empezaste, mi Alfa, jugaste con mis sentimientos y me heriste — susurro muy cerca de su boca, rozando mi nariz con la suya —, y ahora quieres disponer de mí como si fuese tu juguete.

Paso mis manos por su cuello hasta llegar a su cabello y enredar mis dedos. Él quiere que tenga su aroma y yo quiero que tenga el mío. Sonríe sabiendo muy bien que estoy haciendo lo mismo que él

—No comiences un juego que vas a perder, Jade — mete su cara en mi cuello y jadeo cuando deja un pequeño beso ahí.

Lo aparto y bajo corriendo. Necesito aire puro y no se va hasta que entro en el instituto. Unos miran con los ojos abiertos, otros con sonrisas genuinas como algunos profesores. Yo levanto mi cabeza, pero sé que estoy roja como un tomate. Menos mal que con el cabello suelto puedo disimular un poco.

En el aula veo a Aleska que tiene la mirada gacha y las manos juntas. Me acerco a ella y está tan metida en sus pensamientos que se asusta cuando pongo una mano sobre su hombro.

La miro con el ceño fruncido. Si mi hermano le hizo algo, más vale que empiece a correr.

—¿Estás bien, Fiona? — le pregunto y suelta un sollozo. Oh, Diosa Luna, voy a cometer un crimen.

—¿No estás enfadada conmigo? Ayer no salimos a correr, tampoco hoy hemos llegado juntas y tampoco dormí contigo — dice con los ojos llenos de lágrimas.

—Aleska, no estoy enfadada contigo, estoy muy feliz porque estás con mi hermano. Por lo de correr podemos hacerlo hoy o mañana si quieres, sabes que no me importa. Y ayer estrenamos mi auto juntas, que eso es lo que quería, hacerlo junto a ti. Tampoco dormimos juntas porque quise que lo hicieras con mi hermano. Seguiremos siendo amigas, pero también cuñadas. No quiero que creas que me voy a enfadar por cambiar planes con mi hermano. Yo los haré con el tuyo.

Mi LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora