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—¡Joder!—grité en un susurro al tropezar con lo que parecía una gran maceta a un lado del pasillo. Continué caminando hasta encontrar la escalera, agarrándome a la barandilla para no caer por lo oscuro que estaba todo.

Gracias a la poca luz —aunque suficiente— que entraba por los ventanales del salón, pude divisar la cocina y el salón, donde estaba Tom durmiendo.

Llegados a este punto, mi cuerpo se movía solo y lo hacía por inercia. Me estaba dejando llevar por lo que necesitaba y más quería.., su protección.

Le vi dormir pacíficamente, abrazado a sí mismo bajo una manta fina en el sofá. Hice una mueca, llena de ternura al verle de aquella manera. Consiguió hacerme dudar de si debía despertarle o no, pero no había realmente otra alternativa en mi cabeza y así hice. Acaricié su mejilla con cuidado para despertarle, notando mi vello erizarse por mi atrevimiento. Relamí mis labios y así continué hasta que abrió los ojos lentamente.

—¿Hmm?—parpadeó varias veces, confuso. Finalmente los abrió del todo, viéndome frente a él—¿Tara? ¿Qué haces aún despierta?

—Yo.., no puedo dormir—admití con pena.

—¿Ha pasado algo?—de nuevo ese tono de preocupación, el que tan acogida me hacía sentir, como si le importase—Dime.

—Es solo que.., no quiero dormir sola—me avergonzaba decirlo en voz alta y no en mis pensamientos. Pude ver como su expresión cambió y alzó ambas cejas, sorprendido de oírme.

Me iba a decir que no, que por supuesto que no, estaba claro.

—Tara, yo no puedo dormir contigo—ahí estaba, lo que yo esperaba. Fruncí mis labios, mirando hacia abajo con desilusión—Soy tu profesor, ¿lo sabes?

Claro que lo sabía joder. ¡Está claro!

Pero yo.., yo no quería tanta cama para mi, para mis pesadillas. Necesitaba que estuviese ahí, que ahuyentase mis miedos a manotazos.

—Lo siento, volveré a la cama—respondí en un susurro. ¡Vaya corte! Me incorporé y justo cuando estaba a los pies de la escalera, oí unos pasos descalzos acercarse a mi y una mano agarrar mi brazo.

Me giré de inmediato, clavando mis ojos en los de él entre la oscuridad.

—Está bien.

Algo en mi se removió violentamente, como si fuese una puta lavadora dando vueltas, una y otra. Respiré profundamente y esbocé una leve sonrisa que dudo que pudiese ver.

Subimos hasta la habitación y ahí fue cuando encendió la luz, dejándome ver su torso desnudo con tan solo los pantalones de la equipación del Bayern FC que llevaba antes. Mis ojos estaban en su cuerpo y los suyos en el mío, acompañados de una ceja alzada.

—Veo que has encontrado una camiseta—miré hacia abajo, a mi propio cuerpo. Me sonrojé y asentí sin decir nada, inocente.

Y yo veo que él no.., ¡qué alivio!

Cuando se giró para caminar hacia la cama pude ver su tatuaje y no pude evitar sentir miles de cosas. ¿Me gustaban los hombres tatuados? Demasiado. Os podréis hacer una idea de Dan entonces.., tatuado hasta la médula.

Ambos nos metimos en la cama sin decir nada, yo algo nerviosa y él también, o eso imaginé. Nos tapó y no tardamos en sentir el propio calor de las sábanas sobre nuestro cuerpo, dándonos una sensación de comodidad. Se alzó y apagó la luz, haciendo que no pudiese verle más.

—Buenas noches, Tara—dijo en lo que se acomodaba bajo las sábanas.

—Buenas noches, Tom—su jodido nombre sonaba tan bien. Me acomodé y le di la espalda, tratando de conciliar el sueño de nuevo.

PROFESSOR KAULITZ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora