-29-

1.3K 64 9
                                        









Nuestra ropa había volado a distintos puntos de la habitación. Él sobre mi. Yo sobre su cama. Nos besábamos lento para después comernos con ganas. Devorándonos como si el mundo se acabase mañana.

Tan solo quedaban sus bóxers y mi tanga —extremadamente incómodo debido a la obvia humedad entre mis piernas—. Y estaba dispuesta a quitárselo de una vez para que ambos podamos darnos lo que necesitábamos.

Placer. Mucho placer.

En lo que continuábamos con el beso, llevé mis manos al elástico y los bajé sin pudor. Esa etapa la dejamos atrás hace no sé cuántos polvos. Noté su dureza chocar contra mi mano al ser liberada, arrebatándome una sonrisa victoriosa.

No tardé en agarrarla con una mano y comenzar a masturbarle. Arriba y abajo, abajo y arriba. Su expresión de placer no tardó en aparecer, tensando los músculos de sus brazos apoyados a cada lado de mi cabeza para no aplastarme.

Estaba tan duro que tan solo con tocarle podría correrme.

Acaricié la punta, suave e incluso húmeda con líquido pre—seminal. Joder, le necesitaba dentro.

Sin embargo, tenía otros planes y era saborear el momento por estos dos meses que me tocó recordarle.

Nos hice rodar hasta quedar yo encima y él tumbado contra los cojines tan perfectamente colocados. Me coloqué entre sus piernas y una vez que nos miramos a los ojos, ambos supimos lo que quería hacer. Agarré la base con determinación y sin más preámbulos, me metí todo lo que pude en la boca. Su gemido fue duro, grave y no lo voy a negar, me puso más cachonda si era posible. Con la otra mano, masturbaba la base al mismo ritmo que subía y bajaba por su miembro.

Su mano acabó en mi cabeza, agarrando mi pelo en un puño y obligándome a hundirle más profundo aún en mi garganta. Pequeñas lágrimas se formaron en mis ojos pero, prefiero llorar por estar chupándole la polla que por haberle perdido para siempre.

—Tara—gimió, echando la cabeza hacia atrás y tensando la mandíbula—No pares. Sé buena chica.

Su buena chica. ¿No?

Seguí chupando hasta que sentí cómo estaba cerca de correrse. No me importaría que se corriese en mi boca, pero empezaba a impacientarme. Lo deseaba.

Alargó su mano a la mesita junto a su cama y agarró un condón que segundos más tarde abrió y él mismo puso sobre su miembro. Trepé sobre su regazo, apoyé mis manos en su pecho y tras darle un pequeño beso en los labios, le guié hasta mi entrada y no dudé un segundo más; Me dejé caer. Empalándome.

Fue inevitable lanzar un grito. Era grande. Más de lo que recordaba y llevaba todo este tiempo sin sexo. Por supuesto que iba a notarlo ahora.

—Tan estrecha—gimió, agarrando mi culo entre sus grandes manos—Podría correrme tan solo con estar dentro de ti. Joder.

Mi centro le mantenía estrecho en mi interior, intentando hacerse paso. Mordí mi labio inferior y tras encoger el rostro a causa del placer, comencé a moverme. Fuerte. Intenso. Rápido.

Subía y bajaba. La sacaba hasta dejar tan solo la punta dentro y volvía a bajar, nunca sacándola.

—Eso es. Eso es—gruñó, azotando mi nalga derecha y arrebatándome un nuevo grito entre los sollozos de placer que lograba expulsar—Qué bien me tomas.

Sonreí orgullosa y continué, sintiendo mis piernas arder a causa del esfuerzo. Me dio igual. No pensaba parar hasta que ambos nos hubiéramos corrido.

Era un desastre. Sollozaba —de puro placer— mientras le sentía reventarme por dentro. Mientras que él lanzaba gruñidos y gemidos a cada segundo.

PROFESSOR KAULITZ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora