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10:03 am —Berlín, Alemania.

—Estoy hambrienta—bufé lanzándome a la cama del hotel. Gala había abierto su maleta y comenzaba a colocar las cosas; ropa en el armario, cepillo de dientes en el baño y demás.

—Supongo que iremos a comer algo—exclamó desde el baño—Tenemos que bajar en quince minutos.

Habíamos llegado a Berlín hace una hora escasa. El vuelo había sido aburrido y se me había hecho mucho más largo de lo que yo imaginaba. Por desgracia, no me tocó sentarme con Gala ni con Greg, sino con un pasajero cualquiera del avión. Sin embargo, me tocó junto a la ventana y pude distraerme —aunque fuese mínimamente— con las vistas.

Hacía frío, mucho. Corría el viento y agradecía mentalmente haberle hecho caso a mi hermana, quien me aconsejó que vistiese con ropa abrigada o de lo contrario, me congelaría.

"Hija, ¿has llegado?"

Era mi madre. Tras bajar el avión, entramos a la terminal en busca de las maletas y justo después nos montamos en un autobús que nos trajo al hotel, así que no tuve mucho tiempo de responderle, ni siquiera a mi hermana.

"Sí, estamos en el hotel"

Respondí rápido y dejé el teléfono sobre la cama, estaba agotada. Habían sido cerca de 15 horas y además, subimos al avión a la una de la mañana y aquí son las diez.., no había tenido ocasión de dormir apenas.

—Ojalá nos dejaran dormir—repliqué cerrando los ojos, dejándome llevar por lo cómoda que estaba.

—Gala rio, saliendo del baño—Nos despertaríamos a las ocho de la tarde y no habríamos aprovechado nada.

—¿Y qué es lo que vamos a hacer?—me incorporé, quedando sentada y con la mirada cansada.

—No tengo ni idea, ya nos lo dirá el profesor—comentó. Suspiré pesadamente y tras colgarme la mochila al hombro, salimos y bajamos a la recepción del hotel, donde ya nos esperaban junto a Tom.

Lo primero era comer algo, ya que muchos —incluyéndome— apenas habíamos probado bocado en todas las horas que había durado el vuelo.

Llegamos a una gran cafetería que Tom había recomendado y por suerte, no quedaba muy lejos del hotel. Todos pudimos disfrutar de un buen café, pan con mermelada o muesli, popular en el país.

Disfrutaba de mi desayuno —junto a Gala y Greg— en una de las mesas y al alzar la mirada, me encontré con los ojos de Tom en mi. Mi primer instinto fue disimular una sonrisa pero sin romper con el contacto visual, sumergida en el marrón de sus ojos.

—He oído que vamos a la puerta de Brandenburgo—comentó Gala, devolviéndome a la conversación—Dios, qué ganas.

—Yo solo quiero fumarme un cigarro—me quejé por lo bajo, bufando. Apoyé mis codos en la mesa y estos se resbalaron sobre la superficie hasta quedar recostada de brazos cruzados, escondiendo mi cabeza en el hueco—Llevo días sin poder.

—No es tan grave, tía—exclamó Greg—Céntrate en otras cosas, como los tíos.

Pero yo ya estaba centrada en uno.

—O en un tío—comentó Gala en un tono divertido. Elevé la cabeza y la miré confusa, hasta que noté como ambos miraban a mis espaldas con una sonrisa comprometida. Me giré por acto reflejo y ahí le vi, sonriendo y nervioso.

James.

¿Os acordáis de el que se declaró ante mí el mismo día que fuimos al centro comercial y días después me regaló una rosa en mitad de la universidad?

PROFESSOR KAULITZ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora