Habían comenzado de nuevo las clases. Hoy era el primer día. La gente volvía de nuevo a la universidad con rostros impregnados en cansancio y pereza. Y por desgracia, para mí era mucho más que eso.
Habían pasado tres semanas desde aquel fatídico episodio en el coche de Tom cuando accidentalmente —o no tan accidentalmente— le confesé mis sentimientos. Fue una mezcla de sentimientos enquistados en mi garganta que no me dejaban respirar. La lluvia. El viento. Su insistencia. Mi propio amor por él y el dolor que llevaba arrastrando medio mes.
Fue un impulso aleatorio producido por su insistencia, la lluvia y el cúmulo de sentimientos que tenía anudados en la garganta, impidiéndome vivir.
Siempre fui una persona impulsiva. Nunca antes me había importado serlo o sufrir las consecuencias por ello. Sin embargo, esta vez era distinta. Muy distinta.
—Buenos días, chicos—saludó Tom con una sonrisa cálida en lo que entraba y dejaba su maletín sobre el escritorio.
No podía faltar más a clase. Por mucho que me hubiera gustado, estaba cerca de perder una de las convocatorias y teniendo en cuenta que soy becada, no puedo permitirme ese lujo. Por eso estaba aquí, soportando la horrible sensación que me carcomía por dentro
—Está cada día más guapo—me susurró Greg en lo que mordía su labio inferior viendo al profesor—Ojalá todos los hombres fuesen como él.
Me forcé a reír por lo bajo. Aunque mi primer instinto fue más bien tragar duro y borrar esa imagen mental de mi mente, porque de lo contrario, me volvería loca.
¿Miles de Tom por metro cuadrado? Un sueño para muchas, una pesadilla para mí. Solo quería huir. Irme lejos y poder olvidarle. Principalmente porque me avergonzaba querer a alguien que no siente lo mismo.
Nunca había experimentado un rechazo, jamás. Dan fue mi primer y último novio. Los demás chicos con los que he llegado a estar fueron encuentros casuales, al igual que Dan hace meses, cuando empecé la universidad.
Era una sensación extraña e incómoda. Sobreviviría, por supuesto, pero subía desde mis pies hasta mi cabeza y volvía a bajar, recorriéndome entera y sin dejar un rincón de mi alma sin explorar.
—Espero que hayáis disfrutado de las vacaciones—comenzó a decir, calmando el murmullo constante que se había creado—Sé que estáis cansados y que no os apetece estar aquí, pero lo haremos ameno, ¿Bien?
Quería ser invisible. Mimetizarme con las mesas, las sillas y la pared. Que nadie se diese cuenta de mi presencia. Sin embargo y por motivos obvios, eso no sería posible. Me encogí en mi asiento, escurriéndome por este hasta quedar casi escondida tras la persona delante de mí.
Seguía oyendo ciertos comentarios sobre mi. Sabía que aquel mensaje no moriría pronto, pero eso ya había pasado a un segundo plano. Solo había una cosa en mi cabeza que me quitaba el sueño y le tenía delante de mí.
—Vamos a hacer una ronda de orales para desempolvar el alemán tras las vacaciones de navidad—exclamó. Todos suspiraron y abuchearon, pero Tom se lo tomó con suficiente humor y rio—Tranquilos. No cuenta para nota.
Fue pasando lista y cada alumno que pasaba, quedaba más cerca de mi nombre. Mi corazón latía desbocado y quería llorar. Deseaba con tanta fuerza volver de nuevo a mi habitación y pretender que estoy sola, que nadie me conoce.
—Ha sido horrible—se quejó Greg al volver a mi lado, suspirando—Pensaba que no me habría olvidado de mucho, pero apenas he podido saludar.
Si él tenía poca idea de alemán, yo tenía menos. El viaje a Berlín no me ayudó precisamente a incrementar mi habilidad con el idioma, sino a otras cosas. Ahora era un recuerdo que en vez de hacerme sentir alegría y paz, era como las espinas de una rosa en la piel.
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PROFESSOR KAULITZ
Fanfic-Eres tan solo mi alumna. Joder, Tara-maldijo Tom por lo bajo, abrazando mis caderas sobre su cuerpo. -¿Es eso lo que te repites por las noches para auto convencerte?-me burlé, acercándome peligrosamente a su cuello. Tara Johnson y Tom Kaulitz, pr...
